lunes, 26 de agosto de 2013

Crusaders of the Amber Coast (Sesión 20)



Spidala odiaba a Tekla con intensidad, con todas sus fuerzas. Por la humillación a la que la sometió cuando desbarató su magia años atrás, en Ascheradan. Por la ayuda que había prestado a los cristianos que gobernaban su antiguo hogar, quienes, de no haber contado con la ayuda de la ragan, habrían visto como el castillo de piedra que estaban construyendo acababa convertido en ruinas humeantes. 

Sobre todo, odiaba a Tekla por ser la hija de Vytautas. Pues eso la ponía por encima de ella misma en la manada de los vilkacis. Y su padre había decretado que Tekla estaba bajo su protección, lo que la volvía intocable.

Por lo menos, se consoló pensando Spidala, ella misma seguía con vida. Que ya era más de lo que tenía derecho a esperar cuando entró en Riga acompañando a Vytautas como parte de la embajada del Duque Vykintas para parlamentar con el Obispo Nicholas y el Ostmeister Dietrich von Gruningen. Habían sido dos días muy tensos, los que habían pasado en la ciudad germana, llenos de acontecimientos. Se alegraba de abandonar la ciudad. Quería volver al feudo de Vytautas, el lugar que se había convertido en su hogar. Quería volver a ver a Agris. Su hijo.

Sonrió, rememorando los momentos más destacados. ¡Cómo había disfrutado mientras contemplaba la frustración de Adam, a medida que el monje caballero iba comprendiendo que no podría evitar que Vytautas lograse su objetivo diplomático!

Vytautas, en nombre del Duque Vykintas, ofrecía una alianza con los caballeros teutones como forma de protección frente a su tío Mindaugas, el Gran Duque de Lituania, que había dado muerte ya a varios de sus parientes para anexionarse sus dominios. La ambición de Mindaugas, eso no se le escapaba a nadie, era convertirse en el primer rey de Lituania. Eso le convertiría en un enemigo formidable para la Orden Teutónica.

Además, los germanos estaban de lo más interesados en una tregua con sus enemigos lituanos, pues ahora su atención se centraba en el este, en el Principado de Novgorod y en sus señores tártaros. Habían llegado ya noticias de la destrucción de la poderosa hueste cristiana reunida en Hungría para luchar con estos invasores. No era de poco peso que los codiciosos teutones desearan desde hacía tiempo tomar la propia Novgorod, ciudad increíblemente rica gracias a los mercaderes que la gobernaban.

El primer día de la reunión había sido un éxito. Muchos de los Hermanos de la Espada sentían un odio visceral hacia los lituanos, pero su nuevo Ostmeister de la Orden Teutónica no compartía sus años de sangre vertida en la frontera entre Livonia y Lituania. Y al obispo los ojos le brillaban con sólo mencionar las riquezas de Novgorod. Era evidente que Vytautas los había convencido.

Y la noche pasada en el castillo del obispo como huéspedes trajo consigo éxitos aún mayores. Para Vytautas no había sido ningún desafío abandonar sus aposentos sin ser descubierto, ni descubrir el paradero de su hija recién encontrada, pues no faltaban agentes suyos en Riga. Pese a que Tekla se había ocultado con Zemvaldis y Adam en una posada del puerto, fueron localizados muy pronto.

Vytautas le había contado a Spidala lo ocurrido, a grandes rasgos. Hizo llegar un mensaje a su hija mientras ésta montaba guardia en la habitación, con sus compañeros durmiendo. El mensaje, entregado por el posadero a la muchacha, era una vaina vacía de daga, junto con la invitación a bajar a la sala en la que aguardaba el Señor de los vilkacis. El significado, que no se le escapó a Tekla, de la vaina, era claro: Despiértales y morirán

Tekla bajó sin despertar a sus compañeros, y se reunió con su padre. Y hablaron.

Vytautas era un maestro de la manipulación y un hábil en el uso de las palabras. No trató de alimentar el deseo de poder de Tekla, que era humilde, y no parecía desear gobernar a otros. En su lugar, le ofreció un puesto a su lado para darle la oportunidad de redimir a los vilkacis. Tekla había oído ya las historias de que los lobos que caminan habían sido en el pasado lejano protectores de la tierra, su estado actual resultado de la corrupción a la que se sometieron. Vytautas alentó el deseo de la ragana de hacer algo bueno por su tierra recuperando a los vilkacis, la desafió a que lo intentara. Siempre que fuese con él a Lituania.

Y Tekla, la pobre niña, había aceptado.

A la mañana siguiente, un enfurecido Adam había acusado a Vytautas, frente a todo el consejo de los komtur, el Ostmeister y el obispo, de secuestrar a Tekla. Spidala casi no cabía en sí de gozo en aquellos momentos. Era como ver a una mosca debatirse en la tela de una araña. A los monjes caballeros no les importaba mucho lo que ocurriese con una joven livonia, y quienes la conocían casi se alegraban de perder de vista a una mujer que, claramente, era una bruja. Además, Adam no tenía ninguna prueba que demostrara que Vytautas había abandonado el castillo durante la noche, burlando la vigilancia de los soldados del obispo.

En cambio, Vytautas sí tenía una razón para explicar el continuo rechazo que el komtur de Ascheradan había mostrado al acercamiento diplomático entre germanos y lituanos, así como para las acusaciones vertidas sobre el embajador de Vykintas.

Años atrás, durante una incursión, Vytautas había dado muerte al hermano mayor de Adam. Éste lo había averiguado, y no podía reprimir sus ansias de venganza.

Esas palabras parecieron convencer a Dietrich, que en ese momento ordenó a Adam abandonar la sala de audiencias. Sin la presencia del caballero, el resto de la negociación fue un puro trámite. Los germanos incluso habían aceptado el envío de tropas desde Lituania para ayudarles en su conquista de Novgorod. Serían guerreros bien equipados, la mesnada del propio Vytautas.

Unas horas más tarde, mientras Spidala se preparaba para partir en los aposentos que le habían asignado, apareció Zemvaldis. Había medrado, convirtiéndose en mayordomo de Ascheradan, con los auxiliares livonios bajo su mando. 

Lo cierto es que Tekla le echaba de menos, así que nada más entrar en su habitación, se había abalanzado sobre él…

Un rato más tarde, mientras yacían en la cama, Zemvaldis comenzó a intentar sonsacar información. Spidala no sabía por qué, pero lo cierto es que había hablado más de la cuenta. Habló sobre el hijo que ambos habían tenido, del que Zemvaldis no supo su existencia hasta el día anterior, y que contaba ya con cinco años de edad. Admitió que Tekla estaba en poder de Vytautas, y que lo hacía por propia voluntad. Admitió el odio y envidia que le inspiraba la joven, pero se negó en redondo a cualquier proposición de ayudar a alejar a Tekla de su padre. 

-¿Sabes por qué Vytautas me trajo consigo a Riga? –había dicho entonces a Zemvaldis- Para ganarse la confianza de los monjes caballeros si algo salía mal. Mi cometido sería usar mi magia y mis poderes para atacar al obispo. Entonces, Vytautas se interpondría, salvando a ese necio de Nicholas. Matándome. No siento ningún deseo de morir, pero estaba dispuesta a aceptar mi papel, pues, al contrario que tú, Zemvaldis, sé de qué es capaz Vytautas cuando se le contraría. Y no me negaría ni siquiera a una orden como esa ¿Y tú me pides que le traicione?

Ahora, escoltados por los caballeros del obispo que les acompañarían hasta las fronteras de Lituania, Vytautas y su séquito cabalgaban alejándose de Riga, dejando atrás a unos frustrados, atribulados y enfurecidos Adam y Zemvaldis. Dejaban detrás a la orden que se preparaba para atacar Novgorod. Más adelante, cuando estuviesen ya en tierras lituanas, los agentes que Vytautas había dejado con Tekla se les unirían llevando consigo a la muchacha. Entonces se vería si la joven tenía un espíritu tan puro como parecía, o si terminaba por convertirse en la heredera de su padre.


***


Esta ha sido una de las más importantes sesiones de toda la campaña, me atrevería a decir. Muy satisfactoria de dirigir, además. Como se puede comprobar, no hubo ningún combate, todo el conflicto se basó en las discusiones mantenidas entre PJ y PNJ. Tekla y Vytatutas, Adam y Vytautas, Zemvaldis y Spidala.

La parte de Tekla era la más importante, sin duda. No tenía forma de saber qué diría el jugador de este PJ, cuál sería su respuesta ante la oferta de Vytautas. Como no quería encaminar la situación de modo que lo tuviese fácil para dar una negativa, prefería evitar las ofertas facilonas y manidas (“Únete a mí y gobernaremos el Báltico como padre e hija”). En cambio, me pareció más interesante apelar al buen corazón del PJ, ofreciéndole una oportunidad de lograr un gran acto de bondad. Vytautas la desafío a que conquistase su alma, redimiéndole. Por supuesto, a nadie se le escapa que, en el proceso, él tratará de hacer lo propio con Tekla, haciendo lo posible para que su hija acepte convertirse en un vilkacis, aceptando su herencia.

De modo que podía aceptar o rechazar, sin que quedara claro que el desarrollo de la campaña obligase al jugador a tomar una decisión “correcta” para que todo siguiese sobre los raíles. Lo cierto es que el curso de acción escogido me obliga a improvisar muchas cosas, pero eh, eso también es interesante.



Lo que queda se resolverá en tres o cuatro sesiones a lo sumo.

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