lunes, 25 de mayo de 2020

Playing at the World

Hace cosa de año y medio Carlos de la Cruz expuso su reseña sobre este libro en La Frikoteca, que al leer hizo que me interesase lo suficiente por el mismo. Tanto como para hacerme con un ejemplar. Pero entre unas cosas y otras acabé postergando su lectura hasta estas últimas semanas. Me ha llevado algún tiempo terminarlo, pero he disfrutado cada página.

Playing at the World describe la génesis de los juegos de rol -que es lo mismo que decir la creación de Dungeons & Dragons- partiendo desde las bases más elementales que lo componen y siguiendo el desarrollo y evolución de esos elementos hasta el momento en que confluyen, en la combinación correcta, para dar lugar a esta afición nuestra.

El libro comienza con la descripción del proceso partiendo de los años en los que se van sucediendo acontecimientos que inciden directamente sobre Dave Arneson y Gary Gygax. La fundación de Avalon Hill, por ejemplo, con la formulación de los wargames de tablero en la forma en la que conocidos actualmente. De forma paralela a esta, la otra rama de estos juegos de guerra, más exigente quizá en tiempo y recursos, la de miniaturas, también cuenta con un repunte. La formación de las organizaciones de aficionados, con sus fanzines como principal medio de expresión para compartir ideas. La novedad de un juego de batallas con miniaturas medievales, que inspira a Gygax para crear Chainmail, que incluye reglas para introducir elementos de fantasía como monstruos, héroes o magia. El descubrimiento de Dave Wesely de Strategos, un wargame publicado en 1880, que incluye la (por aquel entonces olvidada, pero en tiempos del Strategos parte de una de las corrientes de diseño de wargames) noción de que "cualquier cosa puede ser intentada". La implantación de esa idea en el juego/escenario Braunstein. La impresión que este escenario provoca en Dave Arneson, que importa la idea para una campaña de fantasía, a la que denomina Blackmoor -y que quizá usó las reglas de Chainmail-. La presentación de esta idea a Gygax, quien de inmediato decide sistematizarla. Y de ahí a la publicación del ahora conocido como Original Dungeons & Dragons (OD&D).

La información que ofrece es interesante. También, quizá, la más ampliamente conocida por los aficionados que sienten interés por conocer la historia de su hobby, al menos a grandes rasgos. La parte de la formación de los grupos de wargamers y las discusiones mantenidas en los fanzines es menos conocida, y lo que se desprende de estas páginas hace que me reafirme en mi opinión sobre las discusiones entre aficionados (que no dejamos de darle vueltas a las mismas cosas, básicamente).

A partir de este punto, el libro hace una extensa elipsis antes de proseguir con la historia de lo ocurrido tras la publicación de OD&D. Los tres capítulos siguientes sirven para exponer las bases sobre las que se cimentan los juegos de rol, con Dungeons & Dragons en particular. Peterson lo divide en tres secciones: entorno de juego, sistema de reglas e interpretación.

Por "entorno de juego" -setting es el término utilizado- se entiende aquí no la creación de una ambientación concreta, sino el conjunto de tropos que determina el tipo de fantasía que se pretendía representar con D&D. En los años setenta esas fuentes eran casi exclusivamente literarias -algo de cómic y alguna que otra película también hay, pero de forma minoritaria- y hay aquí un extenso repaso a lo que posteriormente se denominaría "Apéndice N" (el término no se emplea ni una vez en el libro, pues no sería formulado hasta 1979, con la publicación de la Dungeon Master´s Guide para AD&D1), con el que el autor rastrea los orígenes de multitud de tropos del juego. Por qué los trolls son como el descrito por Poul Anderson y no como los de Tolkien. Por qué los ladrones pueden emplear pergaminos mágicos. Por qué la Ley y el Caos. La codiciosa búsqueda de tesoros. El encumbramiento de los aventureros de éxito, que se ven convertidos en poderosos señores. Los colores de los dragones.

De forma parelela hay algunas reflexiones y observaciones acerca del modo en que este tipo de literatura estaba calando en ciertos sectores. No solo el éxito de El Señor de los Anillos entre la contracultura estadounidense, sino también la formación de grupos de aficionados a la ciencia ficción y fantasía. En ciertos puntos esta afición coincide con la de los wargames, y esa confluencia sería vital para la forma adoptada por los juegos de rol.

Este es el capítulo de más fácil lectura. De nuevo, mucha de la información se ha hecho conocida en los últimos años -este libro habrá tenido su parte en ello-, pero no por ello he dejado de encontrarla deliciosa. 

El siguiente capítulo, dedicado ya a la elaboración del sistema, viene a contar la historia de los wargames hasta mediados de los años cincuenta del siglo XX. Y aunque hay algunos apuntes relativos a los más antiguos juegos de tablero conocidos -con constancia de su existencia, aunque no tengamos ni idea de sus reglas- en Egipto, Grecia o India -probable cuna del ajedrez-, la historia  relevante para el tema del libro arranca de verdad a finales del siglo XVIII. Un desfile de prusianos -sobre todo, aunque hay diseñadores de otras nacionalidades- que van ideando reglamentos para simular batallas con ejércitos contemporáneos. Varios de estos diseños están pensados para ser usados por militares como método de adiestramiento, aunque con el paso del tiempo esto irá progresivamente tendiendo hacia el uso meramente lúdico, como el desarrollado por Robert Louis Stevenson o H. G. Wells, ambos autores de respectivos reglamentos con los que hacer batallas con su colección de "soldaditos de plomo". 

En este capítulo, el más largo y denso del libro, se describe también la forma en la que algunos diseños de juegos conceptualizan al árbitro de las partidas. No solo como el encargado de interpretar y aplicar correctamente las reglas, sino también alguien que, merced a su conocimiento del sistema y a su sentido común, puede improvisar el modo en que se desarrollan acciones no previstas por las reglas. La actitud de que si algo es físicamente posible, puede ser intentado. Un concepto que ahora está virtualmente extinto en los juegos de tablero y wargames, pero que resulta fundamental en los juegos de rol. Cuando Wasely lo aplicó a su Braunstein, estaba redescubriendo ideas formuladas un siglo atrás.

Es también llamativo que varios de estos juegos no requerían que los jugadores conociesen las reglas, solo el árbitro manipulaba el sistema. Los jugadores se limitaban a impartir sus órdenes a las tropas, y el árbitro resolvía. En juegos a pequeña escala y con turnos que representasen cortos espacios de tiempo, alguno de los ejemplos de juego extraídos de los manuales correspondientes presentan algo que podría ajustarse perfectamente a una partida de rol.

Pero todavía faltaba algo, y es la identificación que en un juego de rol el jugador siente con su personaje. Y de eso trata el cuarto capítulo. Juegos en los que los jugadores representan identidades ficticias. Desde individualizar una miniatura concreta de un ejército, ideando un nombre y trasfondo para la misma hasta adoptar los modos y maneras del monarca del reino que se dirige en un juego de estrategia por correo, realizando el intercambio epistolar con el árbitro y los otros jugadores usando la voz del personaje.

Aparecen aquí varios casos en los que la combinación de elementos da como resultado diseños que se acercan mucho a lo que ahora entendemos como juego de rol, pero que por una razón u otra, no terminan de cuajar. Les falta algo, o les sobra. Pero leyendo esta parte se recibe la impresión de que estos aficionados en los que se une el interés por la literatura de fantasía -término todavía no usado con la acepción actual- y los juegos tipo wargame forman un conjunto que no deja de buscar ese sistema que les permita personificar de forma satisfactoria una identidad ficticia en un mundo de aventuras y magia. Era un conjunto en continua ebullición, y el resultado, tarde o temprano, era inevitable. Si Gygax y Arneson no hubiesen dado con la tecla correcta, probablemente  algún otro no habría tardado en hacerlo.

Tras esta larga elipsis volvemos al punto en que se publica el primer D&D en 1974. El último capítulo sigue el desarrollo de los acontecimientos hasta 1977 más o menos. En esos años se publican los suplementos de esta primera encarnación del juego, y el interés por el mismo se extiende primero entre la comunidad de jugadores de wargames, para saltar luego a los aficionados a la literatura de fantasía -todavía tardaría algo más en saltar al gran público, algo para lo que ayudaría también la mala prensa extendida por los fundamentalistas religiosos, con sus ideas de que este juego era una forma de satanismo y otras estupideces similares-. También aparecerían en este tiempo los primeros juegos con aspiración a hacerle la competencia al de TSR. Al principio se trata de imitaciones que apenas reformulan los mismos conceptos de forma diferente, para finales de la década ya irían surgiendo otros títulos que plantearían sistemas diferentes, un proceso en el que D&D deja de ser considerado un wargame raruno a adoptar la etiqueta "juego de rol".

El libro concluye con un apéndice dedicado a los primeros pasos de los videojuegos "de rol" y un listado de la bibliografía empleada.

La lectura de Playing at the World me ha parecido a menudo fascinante. La forma en cómo se van gestando los elementos más concretos de estos juegos, a lo largo de procesos mucho más largos de lo que podríamos pensar a priori. Y esa parte ya irrepetible de los primeros años, la de los pioneros de nuestra afición, los que van abriendo camino con cualquier nueva ocurrencia porque absolutamente todo era nuevo. 

Estuve salpicando la lectura del libro con algunos documentales sobre este tema, del que destaco Secrets of Blackmoor. Que están bien porque permiten ver a algunos de los protagonistas de esta historia contar su parte con sus propias palabras. Pero Playing at the World es ahora mismo y en mi opinión, la definitiva fuente de información sobre la historia de los juegos de rol.

viernes, 15 de mayo de 2020

Tesoro de valor subjetivo

Di con esta idea hace unos años en el blog The Land of Nod, y me pareció muy buena. Se trata de determinar que ciertos tesoros y objetos de valor no tienen un valor fácilmente estimable, desde luego no con la precisión con la que suelen ser presentados en los escenarios de D&D y muchos otros juegos de fantasía. Ahora que estoy preparando cosas para mi campaña de Fantasía Clásica, tanto a nivel de ambientación como de reglas, he decidido implementar esta idea a partir de la tabla original, que llevaba mucho tiempo ya en mi disco duro -cuya organización es algo distinta-.

Se trata de establecer ocho categorías diferentes para gemas, joyas, objetos de arte o de la más fina artesanía. Esas categorías se cruzan con diferentes posiciones sociales, desde el humilde campesino hasta un rey de reyes. Si un individuo concreto pudiese mostrar interés en la adquisición de uno de estos bienes y cuenta con los fondos suficientes como para comprarlo, el punto en el que se cruzan ambos factores determina la cantidad que está dispuesto a ofrecer.

Por supuesto, esto supone que vender ciertos objetos, especialmente los más valiosos, requiere de contactos con los ricos y poderosos. Lo más frecuente para un aventurero será vender su botín a algún mercader o artesano quien, posteriormente, tratará de hacer grandes ganancias vendiendo a su vez a individuos más ricos. Con el tiempo, los aventureros probablemente acaben haciendo contacto a nobles y mercaderes de gran riqueza, y a ellos podrán vender sus objetos.

La última categoría de tesoro representa aquellos objetos que son realmente raros: las joyas de la corona, los más grandes diamantes del mundo, las más importantes obras de arte de todos los tiempos.

La tasación -mediante el uso de la habilidad Comerciar, la Artesanía o Arte correspondiente- permite establecer la categoría concreta de un objeto valioso. Más adelante, a la hora de tratar con un posible comprador concreto, puede usarse ya para negociar cantidades más específicas. El criterio con el que alguien puede ofrecer una cantidad, por cierto, no es siempre creciente en función de la posición social. Quizá el rey no espera tener que pagar tanto por una baratija, considerando que dada su posición, debería tenerla casi regalada. Por otra parte, miembros de la alta nobleza pueden estar dispuestos a pagar sumas descomunales por algunas piezas de arte simplemente por el prestigio que les supone, a ojos de sus pares, el haber podido pagar sin problemas semejantes cantidades.

Por lo tanto, dependiendo de las circunstancias concretas de un PNJ, el director de juego podría establecer algún modificador a la tirada. No es posible, ni deseable, reglamentar cada posible detalle del juego, así que la tabla puede considerarse, si se desea, como algo meramente orientativo.

En fin, en caso de que alguien considere esta forma de evaluar el tesoro con buenos ojos, aquí tiene la tabla para usar o modificar a su antojo.

lunes, 11 de mayo de 2020

Mientras tanto...

Ejem,

Pues Lyonesse ha salido ya, aunque finalmente ha sido vía Drivethru -no han podido imprimirlo para una distribución tradicional tal y como estaba planeado debido a la misma razón por la que medio planeta está paralizado-, algo que quizá haya repercutido en su precio, porque es bastante caro, la verdad. Aeon Games está preparando su venta en su propia tienda, y parece que allí -como en algún que otro caso anterior-, los ejemplares serán en blanco y negro, y el precio significativamente inferior.

Todavía no me hecho con el libro, aunque no dudo que lo haré. Me falta decidir si recurriré a OBS o a Aeon para su adquisición. Porque ganas le tengo.

Para entre finales de este mes y el próximo, se anuncian algunas novedades. Un escenario para Lyonesse que lleva por título In High Dudgeon, cuya ilustración de cubierta parece indicar el carácter cómico -humor negro, probablemente- de la aventura. Meeros Doomed, mini campaña de Pete Nash ambientada en el entorno de la saga de Anathaym -los ejemplos de juego que ilustran el funcionamiento del sistema a lo largo del manual- resulta muy prometedor. Ya son unos cuantos los escenarios aparecidos para esta ambientación, pero este parece el más ambicioso hasta el momento. Quien sabe, quizá en algún momento futuro acabemos viendo publicado una guía del entorno de campaña. A saber.

La tendencia de TDM a utilizar algo de color en sus manuales -con el consecuente aumento de precio de los mismos- es ya definitiva. Ahora mismo están remaquetando los libros ya publicados, o al menos unos cuantos, usando algo de color, añadiendo algunas ilustraciones, etc. No quedan mal -de hecho, alegra bastante la página-, pero no se si me convence a cambio del incremento de precio que supone.

Muy próxima también la publicación de M-Space Companion, de Frostbyte Books, que promete expandir el manual con reglas de robótica, cibernética y cosas así. Lo encuentro francamente interesante.

Newt Newport, de D101 Games, anunció en el foro de TDM que estaba trabajando en un suplemento para Mythras publicado con la licencia Mythras Gateway. Se trataría de la guía de una isla -y van...-  bajo el título The Isle of Death, que servirá como entorno de campaña y aventura, en proporción de un tercio del libro dedicado a lo primero y el resto a los escenarios. Al estilo The Savage North y Life and Death.

Lástima lo de Dynamic D100. Al final la campaña de financiación colectiva terminó muy lejos de conseguir el objetivo mínimo para la publicación de este juego proyectada por Alephtar Games. Así que, por el momento, no habrá juego de rol con Mazinguer Z y compañía. Ojalá que eso no repercuta negativamente en los planes editoriales para Revolution D100.

Muy buen detalle el que 77Mundos ha tenido con los aficionados que, junto con Fantasía Clásica, se hicieron con alguno de los manuales ya publicados. Lo que era de esperar es que dichos aficionados tuviesen que esperar a que los ejemplares de Fantasía Clásica estuviesen listos para su envío -para lo que todavía faltan varios meses- para recibir el resto de su adquisición. Sin embargo la editorial ha decidido enviar primero estos libros ya disponibles -el manual, La Isla de los Monstruos, Barcos y Batallas- a quien los hubiese comprado junto con Fantasía Clásica, y ya le harán un nuevo envío cuando FS esté impreso y listo. Incluso aunque tiene cierta lógica -quienes adquirieron estos libros por Verkami podrían haberlos comprado directamente allí donde se encuentren a la venta, lo que habría sido mucho más rápido, y sin embargo se decantaron por algo que beneficia más a la editorial- lo cierto es que no había ningún compromiso previo de realizar esta primera tanda de envíos, así que un merecido aplauso para la editorial.

Por lo demás, ahí sigue la cosa. Llevo alguna sesión más jugada vía Roll20 a Dungeon World y a La Llamada de Cthulhu, y aunque las partidas están bien, no termino de adaptarme al formato. Aparte de las cuestiones técnicas, algo a lo que creo que es más fácil acostumbrarse, me fatiga la dinámica de las conversaciones. Alguien habla, cuando termina hay un breve silencio en el que el resto se asegura de que ha terminado, entonces alguien más habla, o puede que sean dos o tres a la vez, y.. bueno, lo encuentro muy poco satisfactorio. Cuando juega poca gente, dos o tres más el director de juego, se me hace más fluido. Pero cuatro o cinco jugadores a la vez hace que mi paciencia se ponga a prueba. 

Aunque estuve barajando la posibilidad de dirigir yo mismo algo de esta forma -con un grupo de no más de tres jugadores-, a lo que estoy dedicando mucho más tiempo es a preparar cosas con perspectivas de proseguir mi campaña de Fantasía Clásica, de aquí a... bueno, cuando llegue el momento. Expandir el mapa, detalles sobre la ambientación y algunas reglas caseras, sobre todo. He pasado los últimos días pergeñando una ñapa para usar el sistema de gestión de naciones de RuneQuest Empires a una escala más pequeña, con mapa de hexágonos y resolviendo enfrentamientos con Barcos y Batallas. En cuanto tenga ocasión lo probaremos.

lunes, 6 de abril de 2020

Una semana más

Pues sí que vamos a tener Fantasía Clásica. En ciertos momentos de la campaña para financiar su publicación, el goteo de nuevos aficionados que se sumaban resultaba más lento de lo que hubiese sido deseable, pero el empujón de los últimos días fue lo bastante fuerte. Los días extra han servido para alcanzar el primer añadido, ese pequeño cuaderno con la recopilación de tablas, tanto de Mythras como de Fantasía Clásica, que recibirán todos aquellos que hicieron la pertinente aportación. A falta de tres días para el final definitivo, parece difícil alcanzar la segunda meta, la que permite añadir la pantalla como un artículo adicional que podría ser adquirido. Ah, no se puede tener todo. Y al menos todavía tengo las pantallas de Runa Digital.

Felicidades a la gente de 77Mundos por el éxito final de esta campaña. Y es de agradecer que sigan creyendo en la calidad de este juego lo bastante como para embarcarse en estos berenjenales.  Ahora, a esperar a la publicación del libro. Entre octubre y septiembre, según apuntan en Verkami. Con algo de suerte un poco antes, comentaba Carlos de la Cruz. Estaremos esperando, con paciencia pero con muchas ganas. 

Y después, M-Space y el escenario Agonía y Éxtasis. Pude dirigir esta aventura un par de semanas antes del inicio del estado de alarma y el confinamiento. El resultado fue sorprendentemente bueno, al menos para mí. Es decir, tenía mis dudas acerca de la idoneidad del sistema para el género de superhéroes. Pero entendiendo que la particular idiosincrasia de Mythras va a afectar a la perspectiva con la que se contempla el asunto, todo fue muy satisfactorio. Algún jugador quedó muy interesado al saber de Destined, el juego que los autores del escenario están escribiendo, extrapolando las reglas a partir de lo escrito para esta aventura. Imagino que todavía tardará lo suyo, pero cuando llegue, creo que le daremos a base de bien.

Otras dos próximas publicaciones ha llamado mi atención estos últimos tiempos. La primera, Dynamic D100, el juego basado en las series creadas por Go Nagai -las de robots gigantes, este señor tiene muchas otras cosas-, con Mazinger Z a la cabeza. Apenas tenía yo un par de años cuando emitieron la serie por primera vez, pero sí la recuerdo de los tiempos del VHS y los videoclubs. Lo de los robots gigantes siempre me ha gustado, así que este juego, que publica Alephtar Games y usa el sistema de Revolution D100 me está atrayendo muchísimo. Ahora mismo está en marcha la campaña de financiación en Ulule. Que contará con edición en castellano -la propia campaña propone tiradas en varios idiomas- y que vendrá de la mano de la gente de Rolecat. El acuerdo alcanzado entre esta editorial y HT Publishers hace que los primeros serán los encargados de publicar Revolution D100, y ahora también Dynamic D100. Ya se encargaron de Robotech, con Savage Worlds, supongo que también les gusta esto de los robots gigantes. Me tienta, me tienta.

El otro juego que me ha llamado la atención es Against the Darkmaster, que va a publicar en castellano Other Selves. Esta suerte de retroclón del MERP podría ser el primer juego ajeno a la Familia D100 que adquiriré desde hace dos años o así. Mi experiencia con el MERP no es tan idílica como lo fue con RuneQuest, aunque jugué bastante en su momento, como casi cualquiera que jugase a rol por aquel entonces. El caso es que la propuesta me interesa. Tomar este sistema clásico, remozar algunos puntos con unas mecánicas más ágiles -algo similar a lo que Mythras hizo respecto a ediciones anteriores de RQ-, y sobre todo, apuntar al juego a poder jugar en una ambientación con temas y elementos extraídos descaradamente de Tolkien, pero sin ser la Tierra Media. Eliminar ese chirrido que provocaba el lanzamiento de relámpagos y bolas de fuego, de resurrecciones y regeneración de miembros y de todas las otras cosas que parecían fuera de lugar en la subcreación del Profesor. Me gusta la idea.

Mientras, ahí sigo. Con la compañía de mis gatos y el ocasional contacto con el mundo exterior vía teléfono o Internet. Seguimos la partida de Dungeon World, ambientada en la Rusia Mítica, y a esa le hemos sumado una aventura corta para La Llamada de Cthulhu, esa del faro que han liberado desde la editorial. Cortita, pero pasamos un buen rato. Tras leer HârnWorld, busqué entré el montón de juegos y suplementos sin leer hasta dar con un candidato a ocupar algunas de mis próximas horas. Y le ha tocado a Stonehell, el megadungeon de Michael Curtis para Labyrinth Lord. No llevo mucho leído, pero ya he decidido incluir esta megamazmorra en algún rincón de mi ambientación casera para Fantasía Clásica -en una zona distinta de donde estoy dirigiendo la campaña actual-. Y es que se trata de un trabajo impresionante, tanto por lo creativo como por lo funcional, útil y fácil de usar que es el libro. Tomándome alguna licencia, creo que en mi ambientación esta megamazmorra recibirá el nombre de Avernolítico. Que pueda llegar a dirigir algo allí me parece lo de menos a estas alturas. Lo importante es tener algo con lo que ocupar el tiempo y la mente.

Tras finalizar la lectura de la serie de Ámbar, me puse con algunos pastiches de Conan, los que me faltaban por leer de la colección Fantasy que publicara Martínez Roca en su momento. Varios de esos libros estaban escritos por Robert Jordan, antes de que se pusiese con la Rueda del Tiempo. De esta última serie leí varios libros hace años, pero tuve que parar porque no soportaba la cada vez mayor dosis de paja en cada nuevo libro, además de acabar más bien harto del retrato de todos y cada uno de los personajes femeninos de la serie; neuróticas, obsesionadas por el control, convencidas de su propia superioridad intelectual y de que todos los hombres son idiotas. En fin, que me hacía dudar acerca de si el autor tenía algo contra las mujeres o qué.

El caso es que leyendo los pastiches, resulta que hay un personaje que aparece en varias de sus novelas que me resultó bastante familiar. Karela, una líder de bandidos que es... bueno, que es como cualquiera de los otros personajes femeninos del autor, solo que más. Y es que tiene momentos sonrojantes. Una pena, porque por lo demás sus pastiches resultan entretenidos. Olvidables, pero entretenidos mientras dura su lectura.

Luego pasé a leer algo de Lord Dunsany y de ahí a algo de no ficción, algunos ensayos y monografías de Carlos García Gual, autor tan erudito como ameno en sus trabajos sobre mitología y literatura medieval, y disfruto mucho de sus libros. De ahí he pasado a las Crónicas de la Nuncanoche, de Jay Kristoff. Un amigo me habló favorablemente del primer libro hace algún tiempo, así que voy a darle una oportunidad, aunque si nadie me lo hubiese recomendado creo que lo habría pasado por alto. Después de eso, ya veremos.

Vaya, estoy escribiendo más de lo que hago estos días que de otra cosa, y no era mi intención cuando me puse al teclado. A ver si se me va ocurriendo algo mejor para próximas entradas. 

En fin. Todavía nos quedan unas tres semanas más de confinamiento, y después la retirada paulatina de las restricciones. Paciencia y ánimo para quienes estamos encerrados, pero sobre todo para quienes han de salir a diario, jugándosela para que este castillo de naipes no se venga abajo.

miércoles, 1 de abril de 2020

HârnWorld 2nd Edition

Empecé a oír hablar sobre Hârn con la lectura de algunos blogs estadounidenses, donde los autores mencionaban esta ambientación en textos en los que también se solía aludir a otras que me resultaban más familiares, como Tékumel -de la que apenas sabía algo y Glorantha -de esta conocía bastante más-.

Las cosas me quedaron bastante más claras tras la lectura de los textos de Javier Albizu en su página Mytgard -recomiendo encarecidamente su serie sobre estos juegos y ambientaciones "de culto"-, a la par que me despertaba mucha más curiosidad por poder examinar más de cerca alguno de sus libros. La ocasión se me presentó hace algo más de un año, cuando me hice con un ejemplar de la segunda edición de HârnWorld y las reglas básicas de HârnMaster.

Vale, creo que esto merece una pequeña explicación. La de Hârn es una ambientación publicada por primera vez en 1983, salida de la imaginación y el trabajo de N. Robin Crossby. El objetivo al que apuntaba este autor era la creación de un entorno de juego de fantasía medieval que alcanzara el mayor grado de coherencia posible. Y con un grado de detalle que raya en la obsesión. Columbia Games, la editorial que publica esta ambientación, sacó una segunda edición en 1990 -que es la que tengo yo-, y una tercera ya en el siglo XXI. Por mi parte me voy a centrar en la segunda, que es la que he podido leer.

Para empezar, la ambientación de Hârn se limita a una isla -y sus alrededores- más que a un mundo completo. Ese mundo, Kethira, está descrito, pero sirve principalmente como telón de fondo a los acontecimientos que tienen lugar en Hârn  -la isla-, de una forma similar, aunque aquí declarada, a como Glorantha existe como trasfondo para la región del Paso del Dragón y Prax.

Este mundo, como tantos otros de fantasía que vinieron después, se asemeja a grandes rasgos a la Tierra, tanto geográfica como políticamente, aunque esto último en menor medida. Viendo el mapa de Kethira queda claro de inmediato que el continente principal, Lythia, se corresponde al conjunto de Eurasia y África, por ejemplo. Los otros dos continentes del planeta son análogos de Australia y América. Y Hârn viene a ser Gran Bretaña, quizá sumada a Irlanda.

El caso es que centrarse en una región tan relativamente pequeña dentro del conjunto del mundo que la contiene es la única forma de poder ofrecer el nivel de detalle que el autor deseaba. Y que es tremendo. Hârn se divide en varios reinos, pero hay una enorme cantidad de otras culturas presentes, pueblos nómadas, gentes más primitivas, montañeses... eso sin contar a las especies no humanas, que hay algunas en la zona. Crossby era consciente de que no necesitaba otorgar grandes espacios para todos estos pueblos; la densidad de población está bien calculada respecto a la superficie ocupada y con la relativa poca comunicación incluso con regiones cercanas, no hace falta desplazarse mucho para encontrar a gentes con costumbres y creencias muy diferentes a las del lugar del que se proviene.

De todos modos, lo más habitual en Hârn es la monarquía feudal. Aunque haya otros modelos de organización política en alguno de los reinos -teocracias, e incluso alguna ciudad que se gobierna mediante un senado-, lo habitual es encontrar los elementos que podrían haber estado presente en Gran Bretaña entre los siglos X y XIII; división del territorio en pequeños reinos, como los sajones, junto a algunas tradiciones más modernas, como la de la caballería.

Y es un entorno de campaña con elementos de fantasía. Hay magia, elfos, enanos, dragones y orcos, además de varias otras especies inteligentes y monstruos. Un panteón de diez dioses son adorados a lo largo y ancho del mundo, aunque lo normal es que un lugar solo se rinda culto a una de estas deidades -supongo que por poder asemejar más el papel de sus diferentes iglesias al de la monoteísta iglesia católica medieval-. Sin embargo, el papel desempeñado por estos elementos de la ambientación parece ser menor dentro del conjunto. Ya explicaré algo más adelante a qué me refiero con esto.

Hârn surge inicialmente como ambientación desprovista de términos de juego. Se trata de un entorno que puede ser utilizado con cualquier sistema, aunque su naturaleza invita a que se empleen reglas que funcionen bien con un estilo de juego más pedestre: Mythras, GURPS, Chivalry & Sorcery y similares, por ejemplo. Más adelante Crossby escribiría también un sistema de juego propio para Hârn -con el título de HârnMaster- que, sin embargo, se publicó en paralelo a la ambientación, cuyos suplementos seguían desprovistos de cualquier término de juego.

N. Robin Crossby falleció en 2008. Desde entonces, la publicación de Hârn ha seguido por diferentes derroteros. Columbia Games sigue publicando material del suplemento, igual que lo hace la gente de Kelestia.com, todo debido a un lío de derechos.


Forma

Según tengo entendido, la publicación de esta segunda edición de HârnWorld adoptó dos formatos diferentes, que sin embargo contenían lo mismo. Había una caja, y luego está el que tengo yo, en una carpeta.

Sí, una carpeta. De algún material plástico, con láminas impresas insertas en el exterior a modo de cubiertas. En el interior, dos libretos -HârnWorld y Hârndex-, de aproximadamente unas setenta páginas cada uno. Digo aproximadamente porque ninguno de los libretos incluye la numeración de páginas. No por descuido, sino por la forma de organizar los contenidos que utilizaron los autores. Enseguida lo explico.

Finalmente, se encuentra el mapa. Que es una maravilla. Estéticamente resulta precioso, pero es que también es legible y muy útil. A color, desplegable a tamaño póster, con una trama hexagonada superpuesta y otra de cuadrados de mayor tamaño identificables por los dos ejes que señalan cada sector -B3, por ejemplo- y que facilitan muchísimo la búsqueda de algún elemento del mapa descrito en el Hârndex. En serio, el mapa es una pasada.

Cada uno de los libretos tiene las dimensiones del formato letter y está impreso en blanco y negro, aunque el de HârnWorld tiene algunas en color, para los mapas más importantes. El texto, a dos columnas, usa un tamaño de fuente bastante pequeño, así que hay bastante más de lo que cabría esperar -más o menos el mismo tamaño que usa TDM en los libros de Mythras-. Hay un montón de ilustraciones, bastante pequeñas pero resultonas a pesar de su sencillez. También hay muchos pequeños mapas dispuestos a lo largo del manual. HârnWorld trae algunos mapas de mayor tamaño, como mencionaba antes, más detallados y en color. Las portadas son casi idénticas, diferenciándose en el título y el color utilizado. Muestran una ilustración del planeta Kethira visto desde el espacio.


Contenido

Vamos a empezar primero por el primero de los libreto, el que tiene también HârnWorld por título. El sistema que emplea para señalar el número de página es curioso, porque cada capítulo lleva su propia cuenta. Así, por ejemplo, tenemos "Hârn 3" o "Lýthia 14". Y encima lo hace de forma salteada, por pliegos en lugar de seguir la secuencia de las páginas. Esto se entiende mejor cuando se comprueba que mucho de lo que se ha publicado para la ambientación lo ha hecho en un formato de páginas perforadas sueltas. La idea es que todo ese material pueda organizarse en un archivador de anillas. Suena raro, aunque es un sistema que se ha empleado en varios wargames. Y Columbia Games es una editorial dedicada principalmente a este tipo de juegos, así que probablemente no se lo pensaron mucho antes de usar el mismo método. Imprimir todo sobre un capítulo en un mismo pliego serviría para que facilitar la organización a quien quisiese incluir las páginas de este libreto en ese archivador.

En fin. Este libreto de cubierta verde apunta a establecer el contexto para el contenido más específico que aparece en el Hârndex. Cómo es la vida en Hârn, la historia del mundo y de la isla en particular, las religiones, cosas de ese tipo.

Tras una Introduction -en la que el autor nos cuenta, básicamente, las grandes virtudes de su entorno de campaña- entramos directamente en la primera parte, Hârn. Consideraciones sobre la sociedad feudal, con el modo de vida y organización en las mansiones de los nobles, los pueblos, aldeas y ciudades. Las cofradías, los títulos nobiliarios, el gobierno de la realeza, el sistema económico, el comercio y la religión.

La parte más extensa de este capítulo se dedica a la historia de la isla. También hay algo del mundo, pero lo principal es lo ocurrido en Hârn durante los últimos siglos -el punto de partida es el año 720, el mismo para todos los suplementos publicados, pues Hârn no tiene metatrama, solo un montón de detalle-, aunque la historia se pueda remontar a varios miles de años atrás.

En conjunto, no es muy original, probablemente ni siquiera en la época en la que se publicó. Primero estaban los antiguos -los llamados Earthmasters- que desaparecieron repentinamente, dejando atrás algunas de sus ruinas y maravillas apenas comprendidas por algunos magos en la actualidad. Luego llegaron los elfos, después los enanos, finalmente la humanidad, que terminó desplazando a sus más antiguos vecinos para apoderarse de todo el mundo. Más recientemente, los orcos -llamados aquí gargun- hicieron su aparición, traídos por un brujo desde otro mundo.

 Pero decía que la historia se centra ya en Hârn, que es un lugar apartado de los centros de poder humanos del mundo -los grandes imperios reminiscentes de Roma o China, por ejemplo-, pero que sin embargo es el lugar en el que hay un mayor número de misterios y elementos de naturaleza mágica, por lo visto. A señalar, sin embargo, está el hecho de que estos tropos de la fantasía no tienen apenas peso alguno en el desarrollo de los acontecimientos tal y como se nos cuenta aquí. La historia de Hârn es la de disputas entre reinos, la forja y caída de algún imperio, guerras religiosas, ambiciones de reyes y demás. Pero la magia y los poderes arcanos no parecen ejercer mucha influencia en el devenir de los acontecimientos, con alguna contada excepción, como la del brujo que tuvo la brillante idea de traer a los orcos para que formaran su ejército personal.

Hay otra ausencia notable en este entorno de campaña. No hay héroes, ni grandes magos ni guerreros, de esos que marcan la diferencia simplemente por su grado de poder personal. No es ya que no haya un Elminster, un Harrek o personajes similares, es que parece que la misma idea del aventurero es algo ajeno por completo a la ambientación. En Hârn, la historia la escriben los líderes, no los héroes. Por lo tanto, la ambientación anima a que los PJ sean individuos integrados en el lugar, en lugar de ser espadas errantes.

El capítulo de Kethira es el más breve del libreto. Es un planeta que forma parte de un sistema solar, no algo de carácter tan mítico como Glorantha. Algunas breves menciones a sus tres continentes -Lythia, Mernat y Kamerand- a sus planetas vecinos, a las constelaciones que pueden observarse desde su superficie -ilustradas en el manual-, a sus vientos y corrientes marítimas -con mapas-, y a sus diferentes medioambientes. También hay un mapa bastante majo en color, que usa un tipo de proyección cuya denominación desconozco.

Finalmente, el capítulo de Lythia establece los datos más básicos sobre la masa continental más cercana a Hârn -en lo que respecta a la mayoría de habitantes de la isla, el finisterre se encuentra a unas cien leguas al oeste de su costa occidental-, con unas cuantas notas sobre su historia y culturas. Las vías de comunicación entre las mismas y el comercio. Hay varias páginas que siguen el estilo de un gazetteer, con pequeñas anotaciones sobre los elementos geográficos y políticos que pueden encontrarse en el mapa a color que también adorna este capítulo. El mismo sistema que emplea el Hârndex con respecto al mapa desplegable de la isla, pero a mayor escala y con un menor número de páginas.

La última sección del capítulo hace referencia a los idiomas y las familias lingüísticas de Kethira. Aquí hay algo que me ha llamado la atención. Por una parte, se puso mucho énfasis en estructurar estos conjuntos de idiomas, establecer las relaciones e influencias entre los mismos, señalar en un nuevo mapa a color las zonas en las que son hablados mayoritariamente, etc. Todo bastante simplificado respecto al modo en que esto ocurre en el mundo real, desde luego, pero aun así bastante pensado.

Pero luego, a la hora de preparar los topónimos y nombres de personajes en la ambientación, no encuentro nada que distinga unos de otros. No parece que se llevara a cabo el esfuerzo de crear una distinción efectiva entre los distintos lenguajes, ni siquiera con los nombres propios. Todo parece sacado de la misma fuente, o de ninguna en absoluto, puestos un poco según se le iba ocurriendo al autor. 

O si esa distinción existe, la estoy pasando por alto, no sé. El caso es que por costumbre me gusta que en los entornos de campaña los nombres de individuos y lugares permitan identificar la cultura a la que pertenecen, aunque sea a grandes rasgos. Y aquí todo me suena más o menos igual. Es el mayor defecto que le he encontrado a Hârn. A muchos os parecerá una chorrada, pero es el tipo de detalle que he terminado por tener muy en cuenta, y visto el esmero puesto en todo lo lugar, no puedo evitar encontrarlo algo decepcionante.

Bueno, hasta aquí con el HârnWorld. Pasamos ahora al segundo libreto, Hârndex. No hay en éste una separación en capítulos de ningún tipo, porque todo el texto se dedica a listar, en orden alfabético, los elementos presentes en Hârn. 

Estos elementos se dividen en cuatro categorías: geográficas, políticas/culturales, gremios/economía y religiosas. La extensión va entre un párrafo y un par de páginas. Donde resulta pertinente, con el título de la entrada se incluyen los ejes para su localización en el mapa de Hârn.

Hay que leer con cierto detenimiento este libreto para tomar consciencia de que la fantasía está mucho más asentada en Hârn de lo que parecería con la lectura del anterior. Hay muchas criaturas mitológicas y monstruos, especies inteligentes muy minoritarias, además de los más presentes elfos y enanos.

Estas dos culturas, que en tiempos antiguos dominaron toda la isla, ahora están relegados a dos pequeños asentamientos, aislados de las sociedades humanas -Hârn es un entorno humanocéntrico, en el que se espera que miembros de otras especies no sean PJ, o lo sean muy raramente- y en general recibiendo poca atención por parte de los reinos humanos.

La otra especie no humana importante en la ambientación es la de los gargun. Son más o menos los orcos de toda la vida, pero las particularides con las que les describe, su forma de organización social y sus métodos de reproducción, me han parecido muy interesantes. En ciertos aspectos son realmente desagradables y alienígenas, sin caer en la caricatura.

Lo cierto es que, incluso sin contar con la ingente cantidad de suplementos que amplia aspectos de la ambientación -guías de reinos, de ciudades, de gremios, etc.-, el contenido de este Hârndex bastaría para llenar extensas campañas. En ocasiones me da la impresión de que, al leerlo con el formato en el que fue escrito, se me hace difícil dar con una visión de conjunto, la información queda muy dispersa. Pero probablemente no sea cosa más que de prestar más atención. Además, una vez acotada la región en la que uno pueda querer situar sus aventuras, o al menos el punto de partida, es mucho menos información a manejar, con lo que formarse un cuadro mental de la situación no será muy difícil.

Y ya.


Algunos comentarios

El tono de Hârn es adulto. No elude cuestiones que suelen estar ausentes en muchos otros juegos, aunque tampoco es que haga mucho hincapié en ellas. Y las páginas de los libretos hierven de ideas y ganchos para aventuras.

Por otra parte, también parece un entorno exigente. El grupo de aventureros en busca de monstruos que matar para tomar su tesoro parece muy fuera de lugar aquí. En su lugar, los PJ deberían comenzar ya plenamente integrados en alguna comunidad, o al servicio de algún noble o cofradía, etc. Algo que les otorgue una posición y una causa. 

Incluso aunque cuenta con un sistema de juego propio, HârnMaster -quizá pueda escribir una entrada sobre el mismo más adelante-, la lectura de este punto de partida para la ambientación anima a emplear el sistema favorito de cada cual. Ciertamente, como ya menciono al principio, algunos sistemas parecen a priori más adecuados. Sin embargo eso no debería frenar a nadie. Hay incluso una adaptación para D&D5 -con modificaciones en las reglas y las clases, para rebajar el nivel de fantasía con superpoderes- que me pareció bastante maja.

Claro que, personalmente, no tengo muchas dudas sobre qué juego usaría yo...

En fin, en el balance final, creo que comprendo por qué, casi cuarenta años después de su publicación, sin tener un apoyo muy fuerte desde la editorial, Hârn todavía alimenta a un grupo de seguidores acérrimos. Como entorno de campaña, es realmente bueno.