lunes, 25 de julio de 2016

The Judging Eye, de R. Scott Bakker

Ya que no parece que, al menos en un futuro próximo, vayamos a ver traducida la continuación de Príncipe de Nada, decidí leerla en su edición original. (Por cierto, si pretendes leer Príncipe de Nada, mejor no sigas con la reseña, te puede chafar algo de la diversión)

The Judging Eye fue publicada en 2009, como primera parte de una nueva trilogía, The Aspect-Emperor. La acción se sitúa unos veinte años después de los acontecimientos narrados en Príncipe de Nada. Anasûrimbor Kellhus es ya el Emperador-Aspecto de los Tres Mares, aunque su dominio se extiende mucho más allá. Gobierna como un dios viviente junto con su esposa Esmenet y los hijos que ambos han tenido, hijos que han heredado algunas de los rasgos de su padre, aunque no son completamente dunyainos.

Kellhus ha decretado la Gran Ordalía, la guerra total contra el Consulto, y pretende llevar el mayor ejército jamás visto desde el Primer Apocalípsis hasta nada menos que Golgoterath, donde pretende acabar de una vez por todas con la amenaza para la humanidad. O eso parece.

Su gobierno no es total, ni incontestado. Alguna de las antiguas religiones no acepta de buen grado la sumisión exigida por el Emperador-Aspecto, y comienzan a predicar contra él. Y algunos individuos tienen dudas, a pesar de las extraordinarias capacidades demostradas por Kellhus, sobre su naturaleza divina. En parte porque han leído un libro prohibido escrito por Drusas Achamian, donde cuenta sus experiencias durante la Guerra Santa.

El propio Achamian vive apartado y escondido, fuera de las fronteras del imperio. Ha dedicado estos años al estudio y la investigación, tanto sobre Kellhus como sobre algunos sobrecogedores detalles que aparecen en sus sueños, que comienzan a mostrar pequeñas diferencias respecto a lo habitual para un miembro del Mandato. El mago tiene sus propios planes, y estos implican un largo y peligroso viaje hacia el norte.

En esta nueva trilogía, Kellhus deja de ser un personaje protagonista, para pasar a ser una presencia, alguien cuyos planes y pensamientos pasan a ser opacos para el lector, que solo puede contemplarle a través de los ojos de otros personajes, que en mayor o menor medida están sujetos a la poderosa influencia que el dunyaino ejerce sobre los hombres. Achamian sí conserva su protagonismo, y Esmenet sigue siendo la más importante de los personajes secundarios. De estos últimos hay algunos nuevos: El príncipe de una ciudad conquistada por la Gran Ordalía, que observa con fascinación y temor al hombre que ha trastocado su vida y que le lleva consigo en su guerra contra el Consulto. Uno de los hijos del propio Kellhus, todavía de muy corta edad, también se presenta como un individuo de lo más inquietante.

Por sí misma, The Judging Eye me ha resultado un tanto decepcionante, la verdad. En parte creo que es porque es una historia más ligera, con un contenido de aventuras mucho mayor, que la anterior Príncipe de Nada. Buena parte de la historia se centra en el viaje de Achamian, con su particular paso a través de ciertos lugares.

El final de la novela es muy abrupto. Tanto, que sospecho que en realidad se trata más bien de una forma de cortar un mismo relato en secciones más que de partes diferenciadas con estructura propia. Todavía no he comenzado la lectura de su continuación, The White-Luck Warrior, pero sospecho que en conjunto habrán de formar una misma novela. Ya veré si me equivoco en esto.

Los detalles ofrecidos sobre las diferentes culturas y la historia del mundo en el que se va desarrollando esta serie no son dan numerosos como lo fueron en Príncipe de Nada, aunque hay unas cuantas revelaciones interesantes, elementos que me recuerdan porqué me gustó tanto aquella trilogía. Tan solo espero que Bakker no caiga presa del mal que suele aquejar a las series de fantasía,  en las que el porcentaje de páginas de relleno aumenta progresivamente a medida que aparecen nuevas entregas, mientras que los elementos realmente interesantes se van volviendo cada vez más escasos. No voy a decir que The Judging Eye me haya dejado la mala sensación que me dieron, por ejemplo, las dos últimas entregas de Canción de Hielo y Fuego, pero comienza a apuntar un poco en esa dirección.

Todo esto no quiere decir que se trate de una novela aburrida, en absoluto. La historia es interesante y está muy bien escrita. Tan solo recalco que, a mi parecer, no cumple las altas -altísimas- expectativas que me había generado sobre la continuación de Príncipe de Nada. Espero que las siguientes entregas me hagan cambiar de idea. Para mi sería una gran lástima si no es así.

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