Vale. Estamos en 2020, en pleno confinamiento. Por aquellas fechas leí un libro que me hizo replantear por completo la perspectiva con la que contemplo esta afición de los juegos de rol. Me refiero a Playing at the World, de Jon Peterson. Lo de cómo afectó a mi forma de preparar y dirigir partidas lo explicaré en otra ocasión. Aquí la cosa va de miniaturas y de sus minientornos.
Tanto en Playing at the World como en el documental Secrets of Blackmoor se ofrecen algunos datos que encontré tan reveladores como inspiradores. Se habla aquí de gente que, literalmente, estaba creando algo totalmente nuevo. Y en muchos aspectos no había nada previamente realizado, así que tocaba improvisar o recurrir a recursos caseros. Literalmente el Do It Yourself que tanto se cita pero no tan a menudo se cumple.
Cuando Gygax y Jeff Perren escribieron las reglas de Chainmail, en particular su suplemento dedicado a reflejar elementos de fantasía, especifican que, para representar seres como hobbits o gigantes, lo mejor es limitarse a utilizar miniaturas realizadas a diferentes escalas. Porque sencillamente no había nada o casi, en el mercado a lo que se pudiera echar mano para cumplir con estos papeles.
Pero el que considero personalmente mi ejemplo favorito de esto es el de Gertie el Dragón. Este era un bicho que Dave Arneson incluyó en Blackmoor -cuando todavía estaba dirigiendo esto, antes de D&D-, supongo que sería un monstruo duro. El caso es que como no tenía ninguna miniatura de dragón, y debía de ser complicado conseguir algo así, Lo que hizo Arneson fue -no estoy del todo seguro, porque he visto ambas versiones- tomar un dinosaurio de juguete y, bueno, hacer lo que hoy diríamos una conversión. Básicamente, utilizó algún tipo de material para moldear, y le puso cuernos, una espina dorsal y alas al dinosaurio. O bien lo hizo todo a partir de arcilla. En cualquier caso, ya tenía un dragón.
En Secrets of Blackmoor, uno de sus jugadores -no recuerdo el nombre, pero sí que fue el primer jugador en tener a un enano como PJ- mencionaba como a Arneson le gustaban los wargames de miniaturas napoleónicos, pero no tanto tener que pintar sus minis. Unos brochazos blancos para el uniforme, algo de verde en los hombros para las charreteras y a correr. Al otro, que es un virtuoso de las miniaturas -hoy día con una empresa propia del ramo- le debían de llevar los demonios con eso.
En fin, que leer sobre esa actitud con de "si lo que quiero no existe ya lo haré yo mismo" me impresionó mucho. Vivimos en un tiempo (en todo, aunque aquí me centro en el mundillo rolero) en el que nos limitamos a esperar el siguiente producto de consumo. Porque eso es lo que quieren que seamos, y nos han convencido de ello: consumidores. Nos vemos reducidos a ser como polluelos abriendo el pico para que nos echen dentro el siguiente juego, el siguiente manual, aventura, lo que sea. Y este libro me contaba de gente que, ante un panorama en que la oferta era inexistente, no tuvieron problema en hacerse sus propios juegos, sus propias miniaturas (Arneson llevó pequeños barcos de vela para juegos de batallas navales a una de las primeras Gen Con con objeto de venderlos allí) su propia escenografía. Que me estalló la cabeza, vamos.
Así que decidí que también iba a seguir ese camino, en la medida en que me fuera posible. Fue por esas fechas cuando me metí a fondo con el desarrollo de mi propio entorno de campaña -en el que ya había dirigido algo más de una veintena de sesiones, pero limitándome a una pequeña región-, y también fue aquí que comencé a probar a realizar mi propia escenografía.
Reuní algunas herramientas básicas, unas cuantas pinturas acrílicas compradas en bazares y algunos materiales con los que trastear (cartón y poliestireno, principalmente), y a ver qué tal.
Antes de seguir, tengo que confesar algo: soy muy chapucero. No tengo mucha habilidad manual, ni talento para este tipo de actividades, ni demasiada paciencia, como ya mencioné con lo de pintar miniaturas. Sin embargo, a mal que se me de, descubrí pronto que esto de ponerme a hacer cosas para el entorno de las miniaturas me gustaba. Puedo pasarme horas y horas enfrascado en esto sin aburrirme. Me distrae mucho. Pero insisto, soy bastante chapuzas.
Así que, para aprender algunas cosas, me puse a buscar canales en Youtube dedicados a este tipo de actividades (una de las pocas cosas para las que doy uso a YT). Al cabo de un tiempo me encontré con que estos canales, que como con todo hay un montón, se dividen en dos categorías principales:
La primera la forman individuos de enorme habilidad y talento que se dedican principalmente a exhibir las cosas que crean valiéndose de verdaderos talleres, con todo tipo de herramientas y materiales. Viéndolos me siento como el niño delante del escaparate con las cosas que molan pero que nunca va a conseguir. Puedo admirar sus trabajos, pero se que jamás haré algo que siquiera se aproxime.
La segunda categoría está formada por otras personas que te cuentan lo que se puede hacer, y cómo, con algunas herramientas sencillas de conseguir y materiales que podrías sacar de la basura. Sus resultados no te dejan asombrado como lo hacen los del grupo anterior, pero a) son cosas que puedes emplear en una campaña y b) son objetivos alcanzables.
Evidentemente, después de un tiempo comencé a desechar los canales del primer grupo y me centré en los otros.
No soy tan mañoso como para hacer estructuras y edificios de esta forma. Además, al principio no tenía ninguna herramienta adecuada para trabajar el poliestireno con precisión, y encima ya tenía muchos, muchos edificios hechos en cartón con los archivos de Fat Dragon Games. De forma que me centré en lo que podía hacer sin que mis carencias se notaran tanto, que son los elementos naturales.
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Algunos de mis primeros intentos. No fueron muy bien (No es que eso me impida darles uso). |
Por supuesto, mis primeros intentos tuvieron resultados espantosos, como era de esperar. Pero poco a poco fui mejorando hasta alcanzar un nivel tirando a mediocre pero con el que me siento cómodo. Quiero decir, no es que vaya a presentarme a ningún concurso. En mi mesa creo que no queda mal lo que voy haciendo, con eso es suficiente para mí.
He conseguido que las rocas me queden razonablemente bien, nunca he abandonado el serrín tintado por otras alternativas a la hora de representar suelo con hierba (el "flocado", lo llaman), y he realizado pruebas con diferentes tipos de terreno. Para el hielo y la nieve (que preparé con la excusa de dirigir El Arca de los Mil Inviernos) aprendí a hacer mezclas con cola blanca, algo de pintura y bicarbonato. El terreno árido y desértico es una asignatura que tengo pendiente, no termino de pillarle el punto al color adecuado.
Al principio marcaba retículas sobre los tableros que iba preparando, con cuadros de una pulgada y demás. Pero no tardé mucho en desechar también aquello. Sigo utilizando las retículas allá donde tengo cosas que la llevan, pero nada de lo que hago ahora las incluye. Si es necesario medir, utilizamos reglas con pulgadas. Incluso preparé unas cuantas propias, con unas varillas de madera sobre las que pinté las marcas de pulgadas. Me facilita mucho hacer los tableros, resulta mucho mejor estéticamente hablando y elimina esos momentos en los que se cuentan los cuadraditos para comprobar cuál es la mejor ruta, cuál es el alcance o dónde lanzar el conjuro para que cubra un mayor número de objetivos. Ahora hacemos las cosas a ojo y después medimos. Si no llega, pues es que se ha quedado corto.
Con la escenografía fui, con el paso del tiempo, aumentando mi cantidad de herramientas -hace ya algún tiempo que me hice con un cortador de mano de hilo caliente y, algo después con una Proxxon para hacer lo mismo sobre una mesa- y materiales menos básicos, como las pruebas que he estado haciendo con la resina epóxica. Poco a poco voy añadiendo elementos a este tipo de manualidades. No paso de resultados mediocres, pero no me importa.
En cuanto a las miniaturas, creo que uno de los mejores momentos para hacer una colección de las mismas fue hará cosa de alrededor de quince años o así. En esas fechas Reaper Miniatures distribuía su colección de Bones, las de plástico, a muy buen precio (sobre todo las miniaturas de monstruos grandes, que salían realmente económicas), y además de esta había más empresas y más accesibles a las que comprar miniaturas de metal, incluyendo algunas con un marcado estilo a la antigua.
Hoy día la situación es muy diferente. Quizá sea debido al brexit, o quizá a haberse volcado en las campañas de financiación colectiva, pero las miniaturas de Reaper ya no parecen estar en distribución en España. Las pequeñas empresas que vendían figuras estilo antiguo han cerrado casi todas -aunque ahí está Mirliton, con el antiguo catálogo de Grenadier-, y además los precios han aumentado mucho. Y luego está Games Workshop, que podría pedir un riñón y un ojo por sus miniaturas y muchos aficionados pagarían con gusto. Pero bueno. Afortunadamente pude reunir una colección decente de miniaturas de Reaper, incluyendo bastantes de las de metal -y sobre todo, monstruos- así por lo general voy servido.
Quizá por 2021 debí de empezar a prestar atención en serio a los wargames históricos. Descubrí que no solo me gustan sus miniaturas, mucho menos barrocas que las de fantasía -sobre todo las actuales- y por supuesto más verosímiles, sino que los juegos en sí también llamaban mucho mi atención. Hay multitud de partidas de Warhammer Fantasy que se ven dominadas por la presencia de algún personaje o monstruo ultrapoderoso, o algún conjuro devastador, dejando al ejército relegado al papel de mariachis o cheerleaders. O sea, eliminando de la ecuación el factor de estrategia. Tengo alguna alternativa, como Oathmark, que creo lleva bastante mejor el asunto. Y en los históricos eso no sucede, claro. Lo malo es que también cuentan con una base mucho menor de jugadores, así que apenas tengo oportunidad de probarlos. Podría intentar acercarme a algún club cercano dedicado a esto, pero por razones que prefiero no detallar aquí -para evitar polémicas- es una opción por la que no me decanto.
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| A la izquierda, un dinosaurio y un bicho dracónico (parece un wyvern) comprados en bazares. A la derecha un contemplador y un laceador hechos tan chapucera como satisfactoriamente por mí. |
buscar miniaturas que poner sobre la mesa empecé a explorar otras posibilidades. En concreto, las figuras de juguete que se pueden encontrar en diversos bazares, tanto asiáticos como de otros lugares (voy bastante a las tiendas Tedi, por ejemplo). Allí he encontrado dinosaurios, animales y monstruos. Ninguna de ellas está cerca del nivel de lo que hace una empresa de miniaturas, pero dan el pego, al menos según mi estándar. Las pongo sobre una base, en alguna ocasión las he repintado para mejorar algún detalle -ya tienen que estar mal para que yo haga eso-, y arreando. Y serán peores, pero por lo que me cuesta un dragón comprado en un bazar, Reaper o Wizkids no me dan ni la punta de la cola de uno de los suyos. Y hay otras marcas, como Schleich, que fabrican este tipo de figuras con un nivel de detalle y un acabado en su pintura mucho mejores. También son más caras, claro, pero siguen sin alcanzar los precios de las compañías dedicadas al rol y los wargames.
También empecé a tirar mucho más de cajas multicomponentes, tanto de históricos como de fantasía. Caballeros teutones, guerreros cartagineses, bárbaros de Frostgrave, goblins jinetes de lobo para Oathmark, etc. Tienen el mejor ratio de cantidad/precio aunque para un juego de rol no suelen necesitarse tantas como vienen a menos que, como yo, te guste meter batallas y momentos multitudinarios en las campañas.
Lo último ha sido hacer mis propias miniaturas. Nada fuera de lo común, y solo con aquellas que están al alcance de mi habilidad. Pero eso no me ha impedido hacer limos pintando algún pegote de pegamento de pistola al que le he puesto un cable para representar algún pseudópodo, o un contemplador con una pelotita de piscina, papel secante, palillos y un ojo de vidrio.
A estas alturas tengo un montón de soldados, héroes, villanos y monstruos. Y luego están mis figuras favoritas: los civiles. Es así, las miniaturas que más me gustan son aquellas que representan figuras cotidianas. Granjeros, el posadero, la tabernera, el herrero, etc. Me encantan estas figuras, al punto de tener alguna turba de campesinos en armas -que no sé si cuentan, pero me siguen gustando mucho- todas las que pude encontrar de Reaper Bones y también un par de cajas de miniaturas de Dungeons & Lasers, que a mi gusto son de menor calidad en el material utilizado pero también bastante económicas. Lamentablemente en una partida no hay demasiadas oportunidades de emplear la figura de una niñera con su bebé en brazos o la de un mediano cocinero. Pero las utilizo cuando puedo.
Y así va la cosa. Actualmente he podido comenzar a dar uso a la escenografía con motivos de junglas que fui preparando con la excusa de darles uso cuando comenzara el módulo En Busca de la Ciudad Perdida de Garan, que por fín pude iniciar hace un par de semanas. Así que he puesto por primera vez sobre la mesa mis palmeras, los escaramuceadores númidas y los guerreros tribales del juego Archipiélago Fantasma.
Y así hasta hoy. He frenado mucho la creación de estas cosas, porque el espacio en el que almacenarlas se va agotando, así que ahora me centro en cosas más pequeñas. Normalmente me dedico a hacer esto en verano, el último de los cuales ha tenido como resultado un pequeño templo a dioses oscuros, una arena de gladiadores, un montón de colinas con la que poder organizar la ladera de una montaña y varias superficies de terreno enlosado en piedra. Además de un proyecto personal que llevo mucho tiempo queriendo hacer, un juego de hexágonos de madera preparados para hacer diferentes tipos de terreno, algunos de ellos con ríos, costas y caminos, más miniescenografía con la que cubrirlos (diminutos árboles, colinas y montañas). Complementado con algunas pequeños edificios de resina comprados en bazares -planeo hacer unos cuantos más en poliestireno para ampliar la variedad-, todo ello con el fin de utilizarlo en partidas y campañas que incluyan el hexcrawl como elemento importante. Lo estoy utilizando también por vez primera en En Busca de la Ciudad Perdida de Garan y me gustan los resultados. Eso sí, ayuda el haber pegado imanes en la parte inferior de cada hexágono para situarlos después sobre una superficie de goma imantada. Que a veces los jugadores, o yo mismo, podemos ser muy manazas. Y los gatos siempre están al acecho...
Algo que quizá se haya notado es que mi colección de miniaturas se centra en lo fantástico, lo medieval y la antigüedad. La vida y los recursos no dan para más, y además es que eso es lo que engloba mis ambientaciones favoritas. Tengo muy poco de ciencia ficción, principalmente unos cuantos robots de Battlemech, todos del siglo pasado, y algunas docenas de figuras de Heroclix, que empleé sobre todo en partidas de Mutants & Masterminds. Bueno, y la curiosidad de los marines de Traveller. Y creo que ya está. Todo lo demás son cosas de magia y espadas.
Pues todo eso viene a resumir mi forma de entender e incluir el ocio de las miniaturas con, principalmente, el de los juegos de rol. No es en modo alguno imprescindible, y como mencioné al principio a algunos les puede ayudar en la inmersión tanto como a otros les saca de la misma. A mí, personalmente, me gusta utilizarlo, pero no en todos los juegos y no en todas las situaciones. Pero me encantan las minis, qué le voy a hacer. Y me gusta verlas rodeadas de terreno más o menos a su escala. No creo que vaya a dejar de utilizarlas nunca, pero en ocasiones sí me doy un respiro.
Y creo que eso es todo.



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