- Primero, hace falta conocer a los PJ que la van a jugar. Bueno, en realidad se me podría convencer de lo contrario, pero como mínimo tiene que haber forma de personalizar el escenario en base a los personajes de los jugadores.
- Segundo y más importante, creo que no se puede preparar una buena aventura de este tipo si se diseña y redacta del modo convencional. En realidad es lo mismo que ocurre con escenarios de otros tipos, pero aquí es más acusado todavía. Igual que antes que un escenario con los puntos por los que se moverán los PJ -y el orden en qué lo harán- ya establecidos muchos jugadores prefieren por la libertad de un sandbox con sus localizaciones, PNJ y ganchos de aventura esperando a ver por qué se interesan, aquí ocurre lo mismo. No creo que se pueda publicar un escenario de intriga y política, pero sí un kit para montar tu propio escenario de intriga y política. Una situación inicial, una serie de PNJ bien descritos con sus objetivos, motivaciones, recursos y limitaciones, algunos eventos que ocurran al margen de todos, localizaciones, formas de actuación, etc.
miércoles, 2 de septiembre de 2026
Scandolous Liaisons
domingo, 30 de agosto de 2026
Los viajes del Faro Errante (Sesión 7ª)
Esta fue también una sesión tranquila, más dedicada a las conversaciones y a proporcionar algo de información a los jugadores sobre dónde se habían metido. Lo que tampoco vino mal, me parece, después de todas las tribulaciones sufridas por los PJ durante la travesía.
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Otoño de 1147 d. E.. Después de un par de días de lento avance, las tres embarcaciones alcanzan una costa de altos acantilados. Se dirigen a un dique cuya entrada parece estar custodiada por dos enormes estatuas de hombres, uno de ellos en posición de lanzar una jabalina y el otro una gran esfera de piedra. Tras pasar entre ambos colosos alcanzan un puerto de aguas tranquilas, en medio de las cuales se alza un islote con una ciudadela. Los muelles del puerto se encuentran en una playa junto a un tramo de los acantilados, con un camino ascendente esculpido en la roca. Por encima se divisan edificios. Mientras se aproximan, observan que bajo las aguas se encuentran las ruinas de lo que podría haber sido una ciudad, o parte de una.
En el centro de las aguas del puerto se alza un islote, y sobre el mismo un edificio que les sugiere ser algún tipo de palacio. En lo alto del mismo ondea un estandarte que, visto desde lejos, asemeja un tridente.
El Faro Errante atraca allá donde le indica el práctico del puerto. Y donde les espera un destacamento de soldados. El oficial del barco que trató primero con los Corso les hace señales que interpretan como órdenes de aguardar allí, antes de marcharse en dirección al camino que asciende hasta la ciudad, mientras los soldados mantienen a distancia a una muchedumbre curiosa que se aproxima para ver a los forasteros y su extraño barco. Un rato más tarde el oficial regresa haciéndoles entender mediante señas que al día siguiente habrán de acompañarle, y que deben estar presentables para la ocasión.
Y así, poco después de amanecer, el oficial vuelve junto con una escolta que acompaña a Francesco, Salvatore y Glissando en el ascenso por los acantilados. Allí descubren una ciudad monumental; no muy grande (Altoranova lo es mucho más) pero con varios edificios impresionantes, y muy exótica a ojos de los recién llegados debido a su arquitectura. Siguen el camino a través de una avenida con varias estatuas dispuestas en parejas, hasta alcanzar lo que a todas luces es el palacio. Allí aguardan durante un rato antes de que se les conduzca hasta un enorme megarón. Se encuentran frente a un gran trono elevado con un hombre vestido con una túnica de brillantes colores, los rizos de su cabello y su barba afeitados, perfumados y adornados con pasadores de oro enjoyado. Otro hombre, de más edad, se adelante ante ellos y realiza un conjuro, tras el cual comienza a comunicarse de tal forma que los oficiales del Faro Errante comprenden sus palabras. Se presenta como Uollus, mago de la corte del Rey Sagrado Neudra de Kuma Zolta. Ahora se encuentran en una de las capitales del reino, la ciudad de Kos-Uru.
Kuma Zolta es una diarquía, un reino gobernado por dos reyes. En este caso, se trata de Neudra y de su esposa, la Reina Sagrada Nuivere que tiene su propia corte y capital en la ciudad de Zul-Gantu.
Evidentemente, los miembros de la corte tienen mucha curiosidad por la razón por la que se encuentran allí, y cómo han superado las grandes aguas y la Vía Hundida, que es como parecen referirse al área donde las aguas se comportan de forma tan enloquecida. Durante la conversación el rey parece mostrarse sobre todo divertido, mientras que el mago Uollus arde de curiosidad. También hay quien piensa que los recién llegados son una amenaza. Los identificados como sacerdotes de los dioses de Kuma Zolta, liderados por Yescórides, se mantienen expectantes pero no terminan de decantarse a favor o en contra de los forasteros.
Los marinos descubren así que su viaje les ha llevado hasta lo que estas gentes llaman el Mar Atalotano, que ocupa el espacio donde antaño se encontrase Atalotán la Gloriosa, la cual se encuentra ahora en casi su totalidad bajo las aguas. Solo algunos restos se mantienen sobre la superficie, supervivientes del cataclismo que precipitó Atalotán a las profundidades. Pero hay más islas, aunque se desconoce el número exacto y la localización de varias de las mismas. Navegar estas aguas es peligroso, pocos son los que se arriesgan a la exploración, menos aún los que regresan.
La sociedad atalotana, según se les explica, se divide en castas. El hecho de que sean forasteros -un concepto casi desconocido para los atalotanos- les deja perplejos, puesto que no saben como categorizar a la tripulación del Faro Errante. Finalmente se decide que, de forma temporal, los marineros serán considerados como miembros de la casta campesina y los oficiales como miembros de la casta letrada.
Es mucho lo que debe discutirse sobre la presencia de los forasteros en Kuma Zolta, traduce Uollus las palabras del rey, y hasta que se dictamine una decisión ninguno de los llegados a bordo del barco extranjero pueden abandonar la ciudad de Kos-Uru bajo pena de muerte.
Cuando la entrevista termina, Goas, que es como se llama el oficial militar que encontraron, recibe el encargo de cuidar de los invitados. Para ello le acompañará también Canyar, hijo natural del rey Neudra. Es un gran erudito a pesar de su juventud, y está dispuesto a enseñar la lengua atalotana a los forasteros a cambio de aprender sobre sus costumbres y lugar de origen. En cuanto le resulta posible, se apresura a explicar que la posición de los diarcas no es hereditaria, y por lo tanto no es príncipe, solo uno de los numerosos vástagos de Neudra. Y desde luego, no el favorito.
Los viajeros pasan el siguiente mes aprendiendo a hablar el atalotano, mientras el Faro Errante va siendo reparado poco a poco de los extensos daños sufridos durante la travesía y que lo pusieron al límite. Salvatore comienza a buscar artículos con los que poder comerciar para llevar de regreso a los mercados eiralios, mientras Francesco descubre con entusiasmo que los atalotanos gustan del espectáculo de las armas en la arena de la ciudad, casi tan popular -pero con mucho menos prestigio- como las carreras de cuadrigas en el hipódromo. El tiempo transcurre mientras tratan de aprender sobre este lugar.
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Si me hubiese atenido a un comportamiento que probablemente sería más lógico dada la situación, lo normal es que los extranjeros recién llegados hubiesen sido capturados o peor. Eso no habría tenido mucha gracia, sin embargo, y seguramente también sería muy frustrante para los jugadores. De manera que, amparándome en los intereses ocultos de algunos individuos que todavía estaban por ser conocidos, dejé que el período de adaptación para los extranjeros fuese menos restrictivo. Podrían pasar una temporada en la ciudad, aprendiendo sobre el lugar, sus gentes y sus costumbres. Después de eso, armados con este conocimiento podrían ya tomar decisiones formadas (escoger entre lo desconocido y lo desconocido no es una elección en absoluto).
A partir de este punto el plan era ir proporcionando algunos ganchos a los PJ para que los jugadores decidiesen qué les interesaba más, y actuar en consecuencia. Y claro, para eso necesitaría tener preparado todo el archipiélago con sus localizaciones y sus PNJ relevantes. Ya se irá viendo el modo en que se fue desarrollando.
Y sí, todo esto de Atalotán no es sinó mi versión de la Atlántida. A principios de año estuve leyendo sobre Númenor, y cuando poco después me preguntaron si podría preparar una nueva campaña, eso se juntó con mi vieja idea del sandbox naval. Para que tuviesen que viajar a menudo en el barco que tendrían los PJ lo mejor es que se tratase de un archipiélago, no de una gran isla. Por lo demás, estuve añadiendo cosas inspiradas o directamente extraídas de otras fuentes, para aderezar un tanto el conjunto. Son los jugadores quienes habrán de decidir si el resultado fue bueno o no.
jueves, 27 de agosto de 2026
Fioracitta
- Los bestia (singular besti), grandes, fuertes (no son menos inteligentes ni carismáticos que los humanos), peludos, con colmillos y una atracción por la naturaleza y el campo abierto, viviendo en los aledaños de la ciudad. A primera vista parecen una de las diferentes versiones que hay de los orcos, pero creo que en realidad se basan más en la descripción del príncipe maldito de La Bella y la Bestia.
- Los ofidios, hombres serpiente de toda la vida pero con menos mala leche que en, por ejemplo, La Isla de los Monstruos. Son más bien reclusivos, interesados en el aprendizaje, buenos alquimistas. Pueden hacerse pasar por humanos mediante ilusiones si no están a la luz del día, aunque la pérdida de autocontrol puede traicionarles y hacer que se manifieste alguno de sus rasgos serpentinos.
- Los longane parecen hombres y mujeres de gran atractivo cuando están en su forma humana. La otra forma es la de una nutria, y pueden cambiar de una a otra cuando se sumergen en agua. Fioracitta linda al norte con un lago considerado sagrado por los longane, quienes cuentan que ese lugar es el lugar de nacimiento de su pueblo.
- Los Monacielli son gentes de pequeña estatura y aspecto algo inquietante, que viven cerca de cementerios y osarios. A pesar de las apariencias son un pueblo amable y educado, que gustan de proteger a los niños y a las gentes indefensas.
sábado, 22 de agosto de 2026
Los viajes del Faro Errante (Sesión 6ª)
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Con el barco de nuevo sobre las aguas, la tripulación del Faro Errante se despide de Durander y pone rumbo hacia Calamain, aunque no tienen previsto hacer ninguna escala allí. La primera jornada de viaje la hacen escoltados por una nave de guerra lamotridense, aunque no hay ni rastro de La Perla de Ayakashi. Tras un par de días de viaje tranquilo circunnavegan la costa sur de Calamain antes de dejar atrás la isla y adentrarse en las aguas oceánicas. Ahora es cuando comienza el verdadero viaje.
Poniendo siempre rumbo al este, avanzan a buen ritmo gracias a los vientos favorables. Francesco es un buen capitán y la tripulación comienza el viaje con optimismo. Tras algo más de una semana de travesía, Larinera da el grito de tierra a la vista desde su nido de vigía. Varios marinos se asoman a babor para divisar una pequeña isla, acaso nada más que un islote, de unos pocos kilómetros de ancho. Desde la distancia su superficie se ve principalmente agreste y pedregosa, pero hay vislumbres de vegetación aquí y allá, y también se observan aves marinas sobrevolando la zona, así que debe de haber agua dulce, opinan. Tras discutirlo, el capitán ordena bajar el bote en el que irán él mismo, su hermano Salvatore, Glissando, Orabella Furio y dos jóvenes tripulantes, Guiuldo y Paolo. Reman hasta alcanzar una playa rocosa donde dejan el bote y se disponen a explorar en busca de algún arroyo o torrente, aunque en pleno verano es complicado que algo así contenga agua en su cauce.
Ascienden a la zona central de la isla, en una fatigosa subida. Allí encuentran una concavidad ocupada por un estanque de aguas verdosas, con la orilla rodeada por cañaverales y plantas de gran altura. Entre jadeos por el esfuerzo de la ascensión, Glissando menciona que quizá se trate de la caldera de un volcán, pero cuando descubren la entrada de una caverna cerca de la orilla de las aguas todos se aproximan allí.
La entrada les conduce a un túnel descendente que concluye en una gran caverna que contiene un pozo del que surgen vapores sulfurosos y otro estanque, este de agua salada. En el suelo hay restos de peces, varios de los cuales son de gran tamaño. Mientras inspeccionan el lugar, hay un estallido de las aguas del estanque. Una criatura humanoide, de piel verde y escamosa como la de un pez, grandes dientes y garras y una melena de gruesas cerdas pegadas a la cabeza, surge repentinamente. Salvatore se arroja atrás con grandes reflejos, pero el resto queda paralizado por la sorpresa, incapaces de impedir que el monstruo desgarre la pierna de Paolo con sus garras, que se cierran sobre la extremidad con un sonido de crujir de huesos. Antes de que nadie pueda hacer nada, retrocediendo por el susto mientras echan mano a sus armas, el monstruo se hunde de nuevo en las aguas, llevando consigo a un desesperado Paolo, a quien nunca más volverán a ver.
El grupo regresa rápidamente a la barca después de este horrible incidente, remando con fuerza hasta alcanzar la seguridad del Faro Errante, fondeado a cierta distancia del islote. La tripulación recibe con tristeza la noticia de la muerte del muchacho, uno de sus más jóvenes y novatos miembros. El optimismo inicial comienza a resquebrajarse.
Anotando la posición de la isla, la dejan atrás en su marcha hacia el este.
Los siguientes días de viaje avanzan rápidos, con un viento favorable tan fuerte que podría llegar a dañar el barco, pero el Faro Errante hace gala de su resistencia. Los marineros comienzan a sentir algo de vértigo por la distancia recorrida, y la muerte del joven comienza a pesar, haciendo que empiecen a cuestionar el viaje. Taideo advierte de esto a sus sobrinos, y Francesco se apresura a tratar de animar a la tripulación para que seguir adelante. Es lo bastante convincente como para acallar las quejas.
El viaje prosigue durante unas dos semanas más, sin grandes obstáculos pero con un creciente descontento entre la tripulación; por lo que saben, ningún eiralio se ha alejado jamás tanto de sus costas como han hecho ellos, y el miedo a lo desconocido les va royendo, aunque Francesco sabe como mantener sus miedos a raya y convencerles para que sigan, espoleados por la promesa de fama y fortuna. Pero cada vez resulta más difícil mantenerlos así.
Alrededor del final de la tercera semana ocurre algo extraño y peligroso. Las aguas, sin viento que sople sobre ellas, comienzan a embravecerse de forma muy violenta, arrastrando al barco por entre una multitud de corrientes que chocan entre sí. Por espacio de dos días la tripulación debe emplearse a fondo para impedir que el barco sufra graves desperfectos o ser desviados de su rumbo. Finalmente, tras recorrer un centenar de kilómetros de estas aguas, la superficie del océano se calma, y todos pasan el día siguiente recuperándose del terrible esfuerzo.
Una vez repuestos de la experiencia, siguen adelante, aunque comienza a haber dudas entre los Corso y Glissando sobre si deberían continuar mucho más o comenzar a pensar en el regreso. Por el momento, aun a pesar de las reservas de Francesco, optan por seguir la ruta inicial. Y es así como, ya en los primeros días de otoño, son sorprendidos por una borrasca terrible por su duración, que zarandea al Faro Errante hasta hacerlo casi naufragar. Cuando las fuerzas de Francesco no dan más de sí Salvatore toma el relevo al mando. Milagrosamente logran capear el temporal, pero el barco ha sufrido daños muy graves. Retroceder deja de ser una opción, solo resta seguir adelante y esperar que su objetivo no esté muy lejos. Maltrecho y casi desarbolado, con parte de la tripulación afanándose en achicar el agua que se va acumulando en la sentina, el navío continua hacia el este.
Pero muy poco después del final de la tormenta, los violentos vendavales se ven sustituidos por una calma total que deja a la embarcación inmovilizada en las aguas. Siguen así durante unos cuatro días de creciente desesperación, hasta que Larinera vuelve a dar un grito de aviso, en esta ocasión por una vela que se aproxima.
Mirando hacia la nave que viene desde el noroeste, todos observan una vela cuadrada, con la que se impulsa un barco de remos. Al acercarse más, pueden divisar una tripulación de hombres de vestiduras variopintas, armados de manera desigual; son algo más morenos de piel que los eiralios, con cabellos negros y rizados. Alguien les grita algo desde la embarcación, en una lengua que nadie a bordo del Faro Errante conoce. Pero Salvatore no necesita entender las palabras para comprender que se encuentran frente a piratas. Comienzan las órdenes a fin de prepararse para repeler un ataque. La galera se acerca sin problemas a la inmovilizada coca, y comienzan a arrojar cabos y a preparar una pasarela con la que subir a bordo. Los tripulantes del Faro Errante comienzan a defenderse desde su borda, más alta que la de sus atacantes. Hay un intercambio de proyectiles, flechas y jabalinas por parte de los piratas, virotes de ballesta desde los defensores. Pero es la balista montada en el castillo de proa, operada por Glissando, lo que decide a los atacantes a retroceder y marcharse. Para los defensores el intercambio de proyectiles ha costado la vida de un tripulante, Arduino, el pecho atravesado por una jabalina.
La calma se mantiene durante un día más, pero al quinto amanecer desde que desapareció, el viento vuelve a soplar. La tripulación comienza a prepararse para seguir con el viaje cuando hay un nuevo grito de aviso; en esta ocasión se trata de dos velas las que se acercan, que poco después se revelan como naves a remo, de mayor tamaño y mejor preparadas que la embarcación piratas. Probablemente militares, y bien armadas con sus propias balistas, con las que apuntan, sin disparar, al desvencijado navío. Una de las galeras se aproxima y alguien que parece un oficial comienza a gritar, de nuevo en un idioma incomprensible para los tripulantes. Los gestos, sin embargo, no dejan mucho espacio para las dudas, así que Francesco ordena soltar las escalerillas por la borda, por las que sube el oficial y algunos de sus hombres. Vistos más de cerca, los atuendos y equipo de los extraños recuerdan algo a los portados por los habitantes de la satrapía de Menipa, en Sajansiya, sin ser idénticos. Sus corazas y empenachados yelmos de metal broncíneo muestran adornos en forma de caracolas y otros motivos marinos. Armados con lanzas y grandes escudos redondos, calzan sandalias y se protegen brazos y piernas con grebas y brazales. Aunque se comportan como soldados profesionales no logran disimular la sorpresa y extrañeza que les causan los eiralios, no menor que la de estos mismos.
El oficial señala al timón del Faro Errante y después dice algo en tono interrogativo. Francesco, adivinando la pregunta, levanta la mano identificándose a sí mismo como el capitán. El oficial, después de rechazar el ofrecimiento de vino que le hace Glissando -y arrojando una severa mirada a uno de sus hombres, que estaba bien dispuesto a aceptar una copa- señala de nuevo el timón y después lo hace en dirección noreste. Francesco asiente. Echando una última y sorprendida mirada a su alrededor, el oficial desciende por las escalerillas, dejando antes un contingente de soldados que se mantiene sobre la cubierta de la coca, tensos pero no agresivos. La galera se aleja del Faro Errante antes de que sus remeros comiencen a bogar en la dirección señalada. Francesco ordena poner rumbo hacia allí, lo que hacen seguidos de cerca por la segunda galera.
***
Pues al final solo se necesitó una sesión para completar el viaje, o casi. No recuerdo la cantidad exacta de Puntos de Estructura que le quedaban al barco cuando terminamos, pero no eran más de cinco, estaba a nada de llegar al estado "hundiéndose", lo cual habría sido una risa, dado el título de la campaña. En fin, entre los resultados aparecidos con las diferentes tiradas aparecieron los de Isla Misteriosa, Borrasca y Piratas, por ejemplo.
Para la Isla Misteriosa improvisé algo rápido y sencillo, pero el susto que se llevaron los jugadores con el troll marino les hizo abandonar la isla antes de seguir explorando el lugar. Surgió, sin embargo, una interesante observación acerca de la futura reclamación del lugar, que sería útil como punto de abastecimiento para otras naves en caso de que lograran establecer una ruta comercial en el futuro con las tierras que andaban buscando.
La Borrasca casi da al traste con la campaña. En la tirada que señala el número de horas que dura la tormenta salió el resultado máximo para la estación en la que se encontraban. El capitán falló algunas tiradas, lo que causó un montón de daño al barco. Estuvieron a esto de hundirse. Al final, el capitán pidió ser sustituido por su hermano, quien también tiene un buen porcentaje en Navegación pero, sobre todo, le quedaban algunos Puntos de Suerte. Normalmente yo habría puesto alguna objeción a un uso tan descarado del metajuego, pero es que la situación era desesperada para los PJ.
Con los Piratas la cosa fue más fácil. Salvatore es nominalmente un Montaraz, pero hicimos algunas alteraciones a los Talentos de la clase para que tuviesen aplicaciones en mar abierto y no tanto a través del campo. Su enemigo escogido, por ejemplo, son los piratas, así que eso le vino bastante bien.
Superado cierto punto del viaje, dejé de utilizar la tabla de encuentros que aparece en Barcos & Batallas para comenzar a utilizar la tabla modificada que preparé para la región en la que acaban de entrar.
Al final, creo que la sesión resultó ser un tanto intensa por lo complicado que se les fue haciendo el viaje. En cierto punto alguno de los jugadores abogó por dar media vuelta e intentarlo de nuevo más adelante, pero los otros dos se negaron. Diría que lo que quise lograr aquí, eso de que los jugadores notaran que sus PJ realmente se habían alejado mucho de casa, más o menos se cumplió, pero solo los propios jugadores podrían afirmarlo.
miércoles, 19 de agosto de 2026
La espada fulgurante, de Lev Grossman
Primero, al verlo en las librerías a las que acudo habitualmente, no me causó una buena impresión. Soy muy aficionado a la literatura artúrica, pero eso significa principalmente a los textos medievales; Chrétien de Troyes, la Vulgata, Thomas Malory, etc. De las adaptaciones modernas alguna me gusta bastante -la de John Steinbeck en particular, lástima quedar incompleta- pero otras no tanto. El rey que fue y será me dejó un poco frío, la verdad -quizá algún día debería darle otra oportunidad- y el resto suele ser a lo sumo entretenido, pero casi nunca memorable. De modo que no me emocioné al ver este libro (publicado por Ediciones Destino) que se anunciaba como la "deslumbrante reinvención de la leyenda del rey Arturo".
El caso es que un buen amigo se lo compró. Y empezó a contarme con entusiasmo que le estaba gustando mucho, a lo que yo asentía educadamente. Me insistió en que debería darle una oportunidad, y yo respondía con evasivas.
Y entonces, un día llegó un paquete a mi casa, algo que yo no esperaba. Dentro había un ejemplar de La espada fulgurante. Llamé por teléfono para confirmar que, decididamente, este amigo estaba decidido a que yo probara a leerlo. Por lo menos, unos meses después pude devolverle el detalle regalándole otros libros.
Así que, en cuanto terminé lo que estaba leyendo entonces y tuve un hueco, me puse con esta novela. Y vaya que sí, me gustó muchísimo. Sin embargo, antes de hablar algo del libro, creo que es necesario aclarar un par de detalles.
Primero, aquellas personas que sientan animadversión por todo aquello a lo que se suele etiquetar como "woke" no deberían acercarse a este libro, so pena de sufrir alergias y una fuerte urticaria. Para el resto, he de aclarar que, a pesar de todos los elementos de este tipo incluidos en la novela, no estamos hablando de una de esas películas o series de plástico que hacen Netflix o Disney+, donde lo importante es hacer check en todos los elementos de la lista de inclusividad y luego si eso ya tocará preocuparse un poco por detalles menores como el guión y tal. Aquí no. Es cierto que difícilmente La espada fulgurante podría incluir más "wokesidad", pero eso no merma su calidad. Al contrario, hay unos estudios de personaje muy buenos en esta novela.
En cuanto al segundo punto, bien, en el posfacio de Caballeros Aventureros, el suplemento para la tercera edición de Pendragón que publicara Joc Internacional allá por la primera mitad de los noventa, Greg Stafford hace una afirmación; según el autor de Pendragón, es posible modificar sustancialmente casi cualquier elemento del mito artúrico, que la historia seguirá inalterable, siempre que no se realicen cambios sobre los cuatro personajes nucleares (Arturo, Ginebra, Lancelot y Mordred). Mientras esos cuatro sigan igual, seguimos hablando del mito artúrico.
Siguiendo ese criterio, La espada fulgurante no forma parte del mito artúrico. No importa, sigue siendo muy buena lectura.
Collum es el protagonista de la novela, y su perfil es el más prototípico, el que mejor encaja con el del caballero artúrico (aunque tiene un pasado y una infancia con sus traumas y sus misterios). Decidido a entrar al servicio de Arturo y a formar parte de la Mesa Redonda, viaja desde su hogar de acogida en las Islas Orcadas hasta Camelot... solo para descubrir, a su llegada, que tan solo unos meses atrás se libró la Batalla de Camlann y que Arturo, junto con la gran mayoría de sus caballeros, ha muerto. Tan solo quedan unos cuantos caballeros, y ninguno de ellos se contaba entre los grandes (es decir, son guerreros extraordinarios, pero no dioses de la guerra estilo Tristán o Gawain).
Esto no significa que los problemas hayan terminado. El reino se ve asediado por otros monarcas y caballeros, aspirantes a la corona, sometidos en el pasado a la autoridad de Arturo pero ahora libres para dar rienda suelta a sus ambiciones. Así que viajes, batallas, la búsqueda de una importante reliquia artúrica y el paulatino descubrimiento de que algunas cosas no ocurrieron del modo en que se han ido contando.
La trama principal se nos cuenta en forma de narrador no omnisciente, centrado en Collum. Pero alternando con el desarrollo de la historia se intercalan capítulos dedicados a contar la historia de cada uno de sus compañeros, explicando su pasado y sus particularidades. Eso ayuda al lector a comprender a estos personajes, y cuando se regresa a la trama principal, se tiene una mejor comprensión sobre su comportamiento, aunque Collum no la tenga y en ocasiones no se entere o quede perplejo. Por cierto, que también hay capítulos en los que se describe la historia previa de Collum, y así vemos el modo en que se debate para desprenderse de todo ese lastre emocional.
La espada fulgurante contiene batallas -alguna muy espectacular, implicando fuerzas sobrenaturales-, duelos, aventura y sentido del humor. Y hasta algo de romance. Pero en el fondo, es la historia de un grupo de personas heridas que intentan sobrellevar sus traumas y penas formando parte de algo mayor que ellos y aspirando a hacer algo bueno en el mundo. A base de golpes de espada, si hace falta.
La prosa de Grossman es muy buena. La manera en la que trata temas bastante sensibles con mucha naturalidad, sin exceso de dramatismo ni banalización, es magistral. Y sabe describir buenas escenas de acción. Sus diálogos pueden ser muy divertidos si la ocasión lo permite, dramáticos y solemnes cuando se requiere. Sobre todo, La espada fulgurante es un estudio de personajes; la Britania en la que se sitúa la historia no se desarrolla mucho, apenas algunos esbozos, suficientes para que nos demos cuenta de que no se corresponde a ninguna época concreta, es la Britania encantada de Arturo, aunque eso va desapareciendo con rapidez. El argumento y la trama son buenos, pero quedan por detrás de la caracterización de los personajes (algo parecido a lo que hace también Joe Abercrombie, por ejemplo).
Además, es un libro de fantasía moderna en algunos aspectos (caracterización verosimil de personajes en lugar de uso de arquetipos, actitudes y comportamientos muy humanos y no idealizados), pero también recurre a elementos más propios de la fantasía clásica (la magia como algo muy extraño y misterioso, personajes que aspiran a hacer lo correcto a pesar de sus problemas). Creo que en esto Grossman ha conseguido un buen equilibrio entre lo que me gusta de ambos estilos. Personajes con los que se puede empatizar pero que tienen comportamientos creíbles.
En fin, tal y como señalaba al principio, La espada fulgurante me pareció el mejor libro de fantasía que leí el año pasado. Desde luego, eso no tiene por qué significar nada para otros, cuyos gustos e intereses podrían diferir ampliamente de los míos. Pero si alguien piensa que puede tener algo en común con mis opiniones al respecto de libros de este tipo, le recomiendo encarecidamente que le de una oportunidad.