Por esta razón lo único que estuvimos haciendo aquí fue ir atando algunos cabos y dejándolo todo listo para cuando retomáramos la campaña. Se hizo algo de contabilidad, se especificaron algunas actividades a realizar entre aventuras (eso que algunos llaman downtime) y al final todo quedó listo para el momento en que continuáramos con la siguiente sesión. Una sesión muy tranquila.
***
Al registrar a Godra, le encuentran encima una bolsa llena de monedas de oro, pero con una acuñación diferente a la de las monedas kumazoltanas. En el anverso muestran el ya familiar símbolo del tridente formado por los cuellos y cabezas de tres dragones.
Después de ver como su hermano se balanceó al borde de la muerte, Francesco no está como para tomárselo con calma. Propina un fuerte bofetón a Godra que casi le hace caer al suelo. Luego lo sujeta del cuello de la túnica amenazándole con algo mucho peor mientras Glissando comienza a jugar con un cuchillo y el correo real observa, claramente sin intención de poner fin a la violencia contra Godra. Y aunque resulta evidente que el encargado de la casa de visitantes tiene miedo de aquellos a quienes le exigen delatar, pero el temor que le causan los forasteros es más inmediato y urgente. Así que comienza a hablar.
Quienes le están pagando son aurilaxianos. Le ofrecieron grandes cantidades de oro a cambio de realizar algunos trabajos para ellos. Dichos encargos consistirían, en ocasiones en asesinar a ciertos individuos señalados. Otras veces sólo tendría que drogarles para apresarlos. A estos últimos les retendría hasta que algunos aurilaxianos se presentaran para llevárselos consigo, aunque más a menudo era el propio Godra quien los transportaba hasta un punto señalado a dos jornadas de viaje con su carro. No sabe dónde se puede encontrar s los aurilaxianos, pero no deben de estar demasiado lejos del punto de entrega de los secuestrados.
Tras hacer todo lo que está en su mano para asegurarse de que Godra no sabe nada más, Glissando y Francesco registran sus aposentos. Encima de una de las vigas que hay en el techo encuentran que hay otra bolsa con monedas, de menor valor y mucho más pesada que la que contiene el oro aurilaxiano. Pero se la quedan igualmente. Pasan el resto de la noche descansando, mientras se turnan para cuidar de Salvatore y mantenerse alertas por si alguien más llegara buscando problemas. No es el caso, y así llega la mañana.
Después de discutir sobre lo que pueden hacer en su situación, deciden que lo mejor será regresar a Kos-Uru llevando consigo a Salvatore, pues no hay forma de administrarle los cuidados que necesita en la aldea. Además, también llevarán consigo a Godra y su esposa y cómplice Lagaena, además de las dos esclavas de las cocinas, a quienes prometieron la libertad a cambio de su ayuda. Para poder realizar el viaje van a necesitar un medio de transporte. Afortunadamente el encargado tiene un carromato y unos bueyes para tirar del mismo, del que se apoderan. Acomodan a Salvatore lo mejor que pueden y maniatan a los dos prisioneros.
Pero cuando van a salir se encuentran con un problema. En la aldea ha corrido la voz de que los forasteros han apresado a Godra y a su esposa después de robarles, así que una pequeña multitud de vecinos, armados con lo que tienen a mano, se ha reunido en la entrada de la casa de visitantes. El ambiente está muy tenso. Francesco está preocupado por la posibilidad de tener que enfrentarse a esas gentes y lo que podría suceder en tal caso, además de que su hermano estaría en medio de la refriega. Orabella está dispuesta a defender a Salvatore sin importar las consecuencias, pero los demás no están tan dispuestos a recurrir a la violencia.
Finalmente, es gracias a Glissando y el correo real que la situación se resuelve sin derramamiento de sangre. El juglar se encarama en lo alto del carro y desde ahí comienza a hablar en su ya no tan vacilante atalotano a la muchedumbre. Con la ayuda de la autoridad que exhibe el oficial, las palabras de Glissando convencen lo suficiente a los reunidos para que, aunque a regañadientes, se aparten y permitan el paso del carromato. Todos respiran aliviados cuando se encuentran lo bastante lejos de la aldea.
El viaje de regreso es lento, tanto por el carromato como por la necesidad de evitar, en la medida de lo posible, traqueteos innecesarios que pudieran empeorar el estado de Salvatore. De modo que es noche cerrada cuando alcanzan las puertas de la ciudad. Pueden entrar solo gracias a la presencia del oficial, quien les hace dirigirse hasta el palacio real antes de hacer otra cosa. Allí se despide de ellos, aunque está seguro de que serán convocados en breve para hablar con Yescórides. Los dos prisioneros también se quedan allí bajo la custodia de los guardias.
El grupo se pone en marcha hasta el puerto, donde suben a bordo a Salvatore. Sovrana comienza de inmediato a limpiar la herida y al cabo de un rato dice que, aunque chapucero, el trabajo de Glissando sin duda salvó la vida de su amigo. Ahora solo queda aguardar a que sus heridas se recuperen lo suficiente como para poder atenderlas con sus oraciones.
Tal y como esperaban, al día siguiente son convocados a la presencia de Yescórides, Sumo Sacerdote de Atmunra. Para entonces, los Corso y Glissando son ya conscientes de que es él, y no el Rey Sagrado Neudra, quien gobierna realmente en Kos-Uru, dejando a un lado el sometimiento de Kuma Zolta a los aurilaxianos. Reunidos en el mismo lugar en el que les encargó la tarea, Francesco y Glissando explican todo lo sucedido.
Yescórides les agradece la labor realizada, aunque lamenta que no hubiesen seguido la pista de los aurilaxianos, o al menos que hubiesen sido más discretos con su regreso a Kos-Uru, puesto que la noticia de la captura de Godra no tardará en llegar, si es que no ha ocurrido ya, a quienes le encargaban los secuestros y asesinatos. Y sin duda estos cambiarán de escondite en cuanto se enteren. Francesco calla su respuesta, pues a él nada de eso podría importarle menos, estando en juego la vida de su hermano. Yescórides les despide tras encargar a uno de sus acólitos el pago de una recompensa por lo que han hecho.
De regreso en el Faro Errante, el grupo examina sus alternativas. Deberán descansar un par de semanas, hasta que Salvatore se haya recuperado. ¿Y después qué? El invierno se les echa encima, sería muy imprudente hacerse a la mar antes de la llegada de la primavera. Francesco trata de buscar algún mercader que necesite un barco para mover sus mercancías, pero siendo ya finales de otoño, casi todos los comerciantes han resuelto ya sus negocios de la temporada. La vida se vuelve más lenta durante el invierno. Se resignan a invernar en Kos-Uru, pues al menos han reunido fondos más que suficientes para sufragar los gastos de barco y tripulación durante la estación.
A las dos mujeres que han "emancipado" (ilegalmente, pues se las considera propiedad estatal y se las han llevado sin permiso) les ofrecen un puesto a bordo del Faro Errante. Ambas trabajaban en las cocinas del Nudo Antiguo, y tienen habilidad en ello, así que se les ofrece ese mismo puesto, remunerado, a bordo del barco. Además, la tripulación agradecerá contar con profesionales a la hora de preparar su rancho. Pero Taideo advierte a los Corso que la inclusión de las dos cocineras en la tripulación acarreará disgustos. Orabella y Larinera dejan claro entre los tripulantes que castrarán personalmente a cualquiera que intente algo con las nuevas tripulantes.
Cuando las heridas de Salvatore se han restablecido lo suficiente, Sovrana termina de restañarlas con sus oraciones a Agior. Está ya recuperado cuando reciben la visita de Goas, quien ha venido para despedirse; por lo visto, desde hace algún tiempo se han venido denunciando desapariciones en la costa suroeste de Kuma Zolta, tanto en pequeños asentamientos costeros como entre las embarcaciones pesqueras que faenan aquellas aguas. Los miembros de la tripulación recuerdan que ya se hablaba de ello cuando navegaron hasta Ombrak, y que incluso se levantaron algunas acusaciones contra ellos. El caso es que el número de desaparecidos ha aumentado, y Goas ha recibido el encargo de navegar hasta allí con su birreme y descubrir lo que está ocurriendo. Es peligroso navegar tan cerca del invierno, pero como no esperan alejarse mucho de la costa kumazoltana el riesgo resulta asumible. Después de hablar un rato compartiendo unas copas de vino con los forasteros, Goas se marcha. Transcurren los días y el otoño deja paso al invierno.
Salvatore sigue en su empeño de encontrar alguna mercancía cuyo comercio pudiera reportarle grandes beneficios de regreso en Eiralis. Habla con cualquier comerciante y artesano que quiera compartir unas palabras con él, afanado en su objetivo.
La tensión entre Francesco y Larinera finalmente estalla y ambos comienzan una relación romántica que les mantiene ocupados durante la mayor parte del invierno.
Glissando, por su parte, se dedica a visitar todas las tabernas de la ciudad, fabricando una viola de arco, aprendiendo la música kumazoltana y realizando actuaciones entre comida y, sobre todo, mucha bebida. Por las mañanas se suele despertar acompañado, en ocasiones una mujer, en ocasiones con un hombre, a veces con uno de cada.
Y así pasa el tiempo, hasta que el frío comienza a retroceder, y las aguas se muestran menos encrespadas. Como en muchas otras partes, los kumazoltanos celebran el final del año y la llegada del siguiente en el equinoccio. Hay unos días de fiestas religiosas, con procesiones y sacrificios realizados en honor de los dioses. A bordo del Faro Errante, Sovrana oficia los ritos agioritas frente a la mayoría de la tripulación. Quienes practican religiones diferentes, como los dos marineros darcíes, celebran la llegada del nuevo año a su manera.
Comienza entonces el nuevo año, y poco a poco la vida va reactivándose. Comienza la siembra de los campos, y los mercaderes vuelven a su actividad. En el Faro Errante se discute acerca qué hacer a continuación. ¿Explorar el archipiélago, seguir con la búsqueda de mercancías que serían muy valiosas en Altoranova, o algo diferente? No han alcanzado ninguna decisión cuando Canjar les cuenta que no hay noticias del barco de Goas. Parece que llegó hasta Ombrak, y se hizo a la mar de nuevo poco después. No se sabe nada de su paradero posterior.
Preocupados por su amigo, los hermanos Corso y Glissando deciden que zarparán en su busca. Primero navegarán de nuevo hasta Ombrak. Taideo comienza a poner en firme a la tripulación para que pongan a punto al Faro Errante para esta nueva travesía.
***
Y así quedó la cosa hasta septiembre, cuando volvimos con esto. Creo que se quedó en un buen momento, no en un cliffhanger, sino en la promesa de una nueva aventura, que me parece más apropiada para una espera de varias semanas. Por estas fechas más o menos también llegó el final de la campaña de GURPS que estuvimos jugando durante casi dos años, ambientada en Banestorm.
Agosto, por cierto, no estuvo desprovisto de partidas, aunque no mías, que preferí dejar la pantalla hasta que llegase el momento de regresar al Faro Errante. Así que ahí estuve, en el Sartar libre con mi PJ humakti en RuneQuest, y explorando el bosque Dakovar en Symbaroum. Siempre que se pudiese quedar en algún lugar con aire acondicionado, por supuesto.
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