miércoles, 19 de julio de 2017

Tigana, de Guy Gavriel Kay

Publicado originalmente en 1990, dos años más tarde en España por Timun Mas, aunque con los años otras editoriales han publicado su propia edición de esta novela del canadiense Guy Gavriel Kay. Como otras novelas de este autor, Tigana se relaciona, siquiera tangencialmente -no tiene ninguna importancia especial en la trama- con el universo que comparten varias de sus obras, y cuyo eje lo conforma la trilogía El tapiz de Fionavar.

La historia en sí se sitúa en la península de La Palma, una región análoga a la península Itálica. Que sus historias se desarrollen dentro de contextos claramente basados en épocas y sociedades históricas es casi una constante en Gavriel Kay, y este caso no es una excepción. La Palma describe un lugar que recuerda poderosamente a la sociedad de la Italia renacentista, con sus pequeños reinos continuamente enzarzados en mezquinas disputas provocando un constante estado de crisis. Eso al menos en lo que se refiere a la sociedad, pues la religión, mitos y leyendas a los que se alude en la novela son de corte mucho más antiguo, de mitología clásica. Y el nivel tecnológico es propio del medievo.

En el momento en que da comienzo la novela, La Palma se encuentra dividida. Dos conquistadores diferentes, por razones distintas pero aprovechando la falta de unión de los habitantes de la península, han tomado para sí la mayoría de provincias que la forman. Son el imperio de Barbadior, cuyo representante, Alberico, está consumido por la ambición, y Brandín rey de Ygrath, empeñado en consumar por completo su venganza contra una de las provincias. Ambos poderoso hechiceros.

La provincia víctima de la venganza de Brandín, Tigana, ya no conserva ni siquiera ese nombre. Durante la conquista su resistencia fue particularmente efectiva, derrotando inicialmente a los invasores ygrathios, e incluso dando muerte a Stevan, primogénito de Brandín. En su dolor y su furia, el rey de Ygrath arroja una maldición sobre Tigana, a la vez que reprime la provincia de formas más mundanas valiéndose de su ejército. Con su magia, Brandín logra que todo el mundo, excepto los nacidos en la provincia antes de la maldición, olviden el nombre de la misma, siendo además incapaces de oírlo aún si se pronuncia en su presencia. Lo que Brandín desea es destruir incluso el recuerdo del antes orgulloso principado. En cuanto a Alberico, siemplemente es cruel y codicioso en extremo grado. Ambos invasores mantienen una inestable tregua, esperando un momento de debilidad del otro para completar la conquista de la península.

Devin, un joven cantante que forma parte de una compañía musical errante, se verá, por una serie de acontecimientos, involucrado en las actividades de un grupo de rebeldes que pretende liberar La Palma de ambos tiranos. Eventualmente será reclutado para colaborar en el ambicioso y largamente preparado plan con el que esperan poder librarse de los dos invasores a la vez. La complejidad del plan les lleva a viajar por todo el territorio, logrando acuerdos y preparando el escenario para el gran desenlace.

A pesar de lo que pudiera parecer, Tigana no me pareció, en realidad, una novela de aventuras. Es decir, los personajes las viven, pero el autor se preocupa mucho de dejar siempre claro que los actos de los rebeldes conllevan consecuencias, un precio que, más a menudo que no, son otros quienes lo pagan. Un esfuerzo por alcanzar la libertad subidos encima de una montaña de cadáveres inocentes. 

Además, en el caso de los tiranos -o al menos en alguno de ellos-, las cosas no son tan blanco y negro como parece inicialmente. Hay villanos en esta historia que despiertan más simpatía que alguno de los héroes. Eso crea situaciones en las que, ocurra lo que ocurra, el resultado no será bueno. O no por completo, al menos. De modo que Tigana tiene en realidad mucho más de tragedia que de historia de aventuras.

Como rasgos negativos a destacar, la lectura se vuelve bastante lenta en ciertos momentos. Aunque no llegue al punto de desperdiciar página tras página en irrelevancias, si se toma su tiempo en explicar y hacer avanzar la trama. No es un libro de lectura veloz.

Además, me dio la impresión de que la resolución de la novela contiene un fallo bastante grande. Es como si el gran plan del líder rebelde dependiese de tener unos cuántos golpes de suerte. Un recurso que necesita para que todo funcione, pero que no se aprecia un esfuerzo por obtener, sino que le cae en las manos sin más. Quizá se me escapa algo, pero esa parte no me pareció en absoluto bien resuelta.

La parte sobrenatural está mucho más presente que en Los leones de Al-Rassan, otra novela del autor reseñada por aquí hace un par de años. Los magos de La Palma, que son diferentes a los magos de otras naciones, cada cual con su propio tipo de magia, son poderosos, pero deben ocultarse del escrutinio de los tiranos, además de la persecución a la que les somete la religión de La Palma.

Que los magos de La Palma usen su poder de una forma específica, y los de otras naciones lo hagan cada cual a su propia manera, refuerza uno de los temas principales de esta novela; el sentido de pertenencia a la comunidad, la sensación de formar parte de algo mayor que uno mismo, de crear parte de la propia identidad a partir del lugar y el pueblo del que se proviene. Y eso, se hace hincapié en el libro, es lo que los habitantes de Tigana han perdido.

Es un buen libro, para leer con calma y sin prisas, dándole vueltas a las ideas que esgrimen los diferentes personajes. Comprobando como según la perspectiva que uno adopte, se puede otorgar la razón de forma indistinta a cualquiera de ellos. Eso sí, de no ser tan lento, o quizá algo más breve, podría haberme gustado mucho más.

4 comentarios:

  1. Pues no sabía que la novela era del 90. Yo la pillé en una colección del Círculo de Lectores allá por el 92-93, por lo visto estaba recién traducida. Igual algún día tendría que revisitarla, ni me acuerdo de ella salvo que los personajes se pasaban el día tomando café.

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    1. Según pude comprobar sí, de 1990. De hecho, en 1991 fue nominada al Premio Mundial de Fantasía. La traducción al castellano vendría después de eso, por lo visto.

      La novela se me hizo algo lenta leyéndola no hace demasiado tiempo. De haberla leído veinticinco años atrás probablemente no habría podido terminarla. Aunque, por otro lado, también leí completa la serie de Tad Williams Añoranzas y Pesares hace la tira, y ahora no podría soportar ni el primer volumen. Así que a saber.

      Es verdad lo del café. Khav, creo que lo llamaban.

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  2. Hace unas semanas acabé el libro, estando bien escrito y con una trama inicial interesante, veo su principal defecto su lentitud a mitad de libro como se comenta por aquí.

    Si con Sanderson Cronista comentaba su tratamiento de la religión muchas veces cercano a la apología, en esta obra he tenido una sensación parecida. La frontera entre amor por la tierra y patriotismo chusco puede ser delgada....Claro, siendo de la élite social defenestrada también añoraría el pasado :)

    Por cierto, pensaba que el Khav era alguna bebida alcoholica, ya que se describe como adicción de una de las protagonistas.

    Saludos.

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    1. Es cierto que por momentos la novela pendula entre esas dos actitudes, la del amor por la propia tierra y el patrioterismo barato. Al principio me despertó algo de recelo, pero creo que se pone mucho más énfasis en el primero de esos dos aspectos. En realidad, en ocasiones acabé pensando si de verdad valdría la pena seguir con una lucha así, cuando los que más sufren son los mismos a los que supuestamente los protagonistas pretenden liberar. Creo que eso es algo calculado, para reforzar que la diferencia entre "buenos" y "malos" se difumine.

      Y bueno, que exista un monarca con gran sentido de la justicia y preocupación por los habitantes de su reino es un tropo tradicional de la fantasía. Que luego, en el mundo real individuos así sean más raros de encontrar que los dragones ya es otra cuestión ;).

      La descripción del Khav es bastante precisa, describiendo su aspecto y efectos. Y el café es adictivo :).

      Un saludo.

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