martes, 9 de julio de 2013

Crusaders of the Amber Coast (Sesión 16)

Verano de 1236 – Primavera de 1237

El último año había sido muy ajetreado.

Para Otto von Eisenburg había supuesto un completo cambio en su vida. Y se daba cuenta de que no se arrepentía de haberlo llevado a cabo. Ahora se alegraba de no haber regresado a su Sajonia natal, y a la vida que allí le habría aguardado. No heredaría las tierras de su padre, de eso estaba seguro, así que a lo más que podría aspirar es a entrar en el séquito de algún señor, por el que luchar en pequeñas luchas entre nobles. Batallas mezquinas por un pedazo de tierra, en la que cristianos mataban a cristianos. Más tarde, con el permiso de su señor, quizá podría contraer matrimonio, buscar alguna doncella de pequeña importancia en lo político y en las riquezas, y tener hijos.

Y que la gente, a sus espaldas, siguiese recordándole como el asesino de su propia sangre. El que mató a su propio primo, aunque hubiese sido una muerte no intencionada, en un duelo legal. Y esa mancha, junto con el remordimiento de esa muerte, le perseguiría durante el resto de sus días.

En cambio, había elegido el camino de la Guerra Santa, del servicio a Dios, de la expiación de sus crímenes y la redención de sus pecados. Un año atrás había esperado morir, pensando que eso era lo único que podría hacer en Livonia. Pero le habían obligado a seguir vivo, a continuar con la labor que otros habían emprendido, y así decidió convertirse en postulante a la Orden Teutónica, dentro de la rama de los Hermanos de la Espada. Ahora siempre tenía presente a Wilfred von Bremen y a Lucien de Normandía por haberle mantenido vivo allá en Saule. Tenían razón. Tras la derrota de los cruzados había mucho que hacer.

Y lo habían hecho. En el transcurso del último año Ascheradan comenzaba a parecer algo distinto, un trozo de las añoradas tierras germanas allí, en el corazón de Livonia.

Cuando por fin pudieron tomar el control de lo que restaba de la guarnición de Ascheradan y su fuerte, el komtur Adam von Leiterbach no perdió el tiempo. Pronto, como pudo constatar Otto, que seguía sus órdenes, el joven hermano recién promocionado a su posición de mando, así como la bruja pagana Tekla y el auxiliar Zemvaldis emprendieron la tarea de fortalecer el lugar, y lo hicieron con habilidad y determinación.

Nada les amilanó; Ni el mal clima, que en aquellas tierras podía llegar a ser espantoso. Ni la enormidad de la tarea encomendada por el Ostmeister Dietrich von Gruningen, que les había ordenado construir un verdadero castillo de piedra allí donde sólo había un fuerte de madera livonio, un gasto inmenso que las arcas de Ascheradan eran en absoluto incapaces de afrontar.

Zemvaldis había demostrado ser de gran valía en ese aspecto. La habilidad del livonio era notable, más aun tratándose de un plebeyo. En el verano había negociado los trueques con los que lograron pieles y ámbar a los cazadores de la región de una forma brillante. Y personalmente se había desplazado hasta Riga el otoño siguiente, donde había negociado la venta de las mercancías adquiridas con la Hansa de Kulm, fletando un barco en dirección a esa ciudad, un negocio arriesgado que mantuvo a todos en vilo hasta que llegaron las noticias de la feliz arribada de la nave a su destino, lo que significaba grandes beneficios con los que poder iniciar la construcción y pagar a unos cuantos auxiliares livonios con los que engrosar la exigua guarnición de la fortaleza. Todavía estaban por debajo de la cantidad de tropas necesaria para sentirse seguro, pero ya no se sentían tan desguarnecidos.

También durante el otoño,  comenzaron las obras de construcción, para lo que se tuvo que traer piedra desde tierras rusas, transportadas en grandes barcazas por el Daugava. Además, un maestro constructor y su cuadrilla de trabajadores, todos ellos germanos, vinieron desde Riga a petición del komtur, para hacerse cargo de la obra. El resto de obreros fue reclutado entre la población local.

La edificación no era un proyecto demasiado ambicioso. Un muro de piedra, con una torre cuadrada en su interior. Nada excesivo, pero incluso eso suponía una enorme cantidad de marcos de plata. Hasta el momento, habían terminado la edificación del muro, y la torre estaba a medio levantar, todavía rodeada de las grúas y andamios que la mantenían erguida, y sobre los que se afanaban los trabajadores. Si todo iba bien, las obras estarían listas antes del próximo otoño.

Pero había motivos para pensar que podrían no ir bien. Aunque al principio sólo habían sido sospechas de Tekla, ahora todos estaban seguros de que alguien estaba esforzándose activamente por impedir la construcción de la fortaleza.

Primero fueron los rumores. Maledicencias sobre los cristianos y la maldad que, según comenzaba a oírse, estaban trayendo a aquellas tierras. Que la fortaleza sería algo, no para defender al pueblo de los incursores lituanos, sino para poder cometer impunemente los crímenes que planeaban contra los livonios. Cuando Tekla se percató de lo que se comenzaba a decir, informó rápidamente a Adam. Juntos, convocaron una reunión de los más respetados habitantes de las aldeas gobernadas por Ascheradan, quienes partieron a regañadientes, temerosos de lo que podría ocurrirles en presencia de los germanos. Pero Tekla había hablado con ellos, tranquilizándoles con dulces y suaves palabras, recordándoles el bien que los caballeros habían hecho allí por ellos. No la Hermandad de la Espada, sino Adam y su auxiliar Zemvaldis. Hablo de tal modo que disipó las dudas y temores de los aldeanos. Pero al final, nadie pudo decir quién había dado inicio a los rumores.

Poco después, las palabras ponzoñosas se convirtieron en actos sanguinarios. A finales de la primavera una partida de incursores lituanos atacaba a los trabajadores cuando estos se retiraban al campamento improvisado en el que vivían fuera del pueblo mientras duraba su trabajo. Pronto quedó claro que los lituanos no estaban actuando por la promesa del botín, sino para dar muerte a los constructores de la fortaleza.

Con toda la presteza de la que fueron capaces, la guarnición de Ascheradan abandonó la empalizada que defendía el pueblo, saliendo al rescate de los trabajadores. Adam y el propio Otto habían encabezado la marcha, cargando en solitario contra los guerreros paganos mientras sus infantes, al mando de Zemvaldis, corrían tras ellos.

La lucha fue dura, pero la presencia de dos monjes – caballeros fue más que suficiente para desequilibrar la igualdad numérica de ambos bandos. Tras un duro combate inicial, los germanos pronto tomaron el campo y pusieron en fuga a los incursores que quedaron con vida.

Pero habían tomado un prisionero, y el komtur se había encargado personalmente de interrogarle, con gran dureza, pero sin llegar a los excesos que Otto había visto en otros, tanto cristianos como paganos. Y el prisionero, pese a su obstinado silencio inicial, tras escupir los dientes perdidos por el último golpe del puño revestido en cota de mallas de Adam, acabó confesando que el ataque había sido realizado siguiendo las órdenes de una bruja.

Spidala, habían pensado todos en ese momento. Sólo podía tratarse de Spidala.

***

Por cuestión de cambios de horario laboral en uno de los jugadores, éste ya no podía seguir con las sesiones de los jueves. Así que decidimos trasladar el día en que jugamos esta campaña al domingo.

Esta ha sido la primera vez que probamos el sistema de señoríos de RuneQuest Empires, suplemento del que hablaré en mayor detalle dentro de pocos días. El sistema es sencillo, basándose en la forma de generar ingresos, las cosas en que éstos pueden gastarse, y los eventos que ocurren en medio. Se hace por turnos estacionales. Así que en esta ocasión jugamos cuatro turnos, un año completo.

El sistema es sencillo, y creo que cumplirá su papel en el tiempo que le iremos dando uso. De todos modos, además de los eventos aleatorios que, según nos parece, resolvemos de la mínima forma necesaria (normalmente una tirada que indica el propio resultado en la tabla correspondiente), o le dedicamos algo de tiempo, interpretando lo ocurrido en alguna escena.

Pero no todo lo que ocurre se basa en el azar. Los PJ llevan ya en danza tres años en tiempo de juego, y han tenido ocasiones para hacer tanto aliados como enemigos. Y alguno de esos enemigos parece no haberles olvidado. Así que hay situaciones preparadas de antemano, que se juegan junto a otras que surgen de la improvisación con las que se pueden interpretar los posibles resultados en las tablas de eventos. Es un cambio de dinámica interesante en la campaña, que pone buena parte del peso de la historia en el campo de los jugadores, sin que por eso me convierta yo, como director de juego, en mero espectador pasivo de sus acciones.


En fin, habremos de usar estas reglas para cubrir la mayor parte de acontecimientos de los próximos años de la vida de los PJ.

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