viernes, 17 de mayo de 2013

Crusaders of the Amber Coast (Sesión 11)

Diciembre de 1235


La barcaza de alejó Daugava abajo, hasta perderse de vista. Los Hermanos de la Espada que contemplaron su marcha dieron media vuelta para regresar al fuerte.

Durante el camino de regreso, Lucien hizo avanzar su caballo hasta ponerse a la par con su superior, Wilfred von Bremen. El komtur cabalgaba tranquilo, a pesar de que, Lucien bien lo sabía, muchas eran las preocupaciones que debía atender- Hermano komtur, me he abstenido de preguntar hasta ahora, pues si no informasteis al Hermano Adam sobre el objeto de su viaje, sería que no resultaba necesario. Cumplimos nuestro voto de obediencia. Pero ahora que se ha marchado, ¿Puedo preguntar sobre la razón de que haya sido convocado desde Riga?-.

Wilfred calló durante unos instantes. Después, miró hacia el río, por donde la barcaza que transportaba al Hermano Adam y su séquito, el escudero Zemvaldis y la joven curandera (Wilfred sospechaba que era más que eso) Tekla hacia Riga. Unos días atrás, una carta de puño y letra del propio Herrmeister de la Hermandad de la Espada, Volkin von Winterstein, daba instrucciones a la guarnición de Ascheradan. Debían enviar al joven caballero y su gente de confianza a Riga en las fechas siguientes a la Navidad. 

Finalmente, el komtur rompió su silencio- Ya habéis oído lo que le expliqué al Hermano Adam. Allá en Riga se han fijado en él. Las misivas que enviamos reportando los acontecimientos de este lugar incluían las actividades del joven; La carta del Herrmeister expresaba claramente que precisaban gente que fuese a la par ducha en las armas pero también con cierta aptitud diplomática... Que se pararan a pensar antes de desenvainar la espada.

-Bueno, pues entonces no pueden esperar a nadie mejor -dijo Lucien con una amplia sonrisa. El Hermano Adam siempre está cuestionándose a sí mismo y a nuestra misión. A veces, pareciera que tiene serias dudas sobre la santa labor que hacemos aquí. Si no fuera por los éxitos que ha cosechado y el valor mostrado en el campo de batalla, podría pensar mal de él. ¿No es cierto, Roger?

Tras los dos caballeros, el Hermano Roger de Lubeck montaba en silencio. Respondió a las palabras de Lucien con un breve asentimiento de cabeza. "También yo podría pensar mal de él.", pensaba. "Pero descubrió a Anistra y a su... nuestro... su hijo. Y no me denunció. Cubrió mi secreto, y me permitió seguir robando dinero de las arcas de Ascheradan para mantener a madre e hijo."

En su fuero interno, Roger abrigaba la esperanza de que Adam y Zemvaldis, que sin duda era quien había descubierto los envíos de dinero a la aldea de Vinkel, no volviesen. No les deseaba mal alguno, pero no podía soportar su mirada, que supiesen cuan grande había sido su caída, su fracaso y su pecado.

En su camino a través de la población, los caballeros pasaron cerca de la mansión de Taksis Aizkrauklis. Allí, los hombres de armas livonios del noble miraban con recelo y rencor a los caballeros. Roger no podía culparles por ello. El verano anterior, Zemvaldis, Tekla y Adam habían descubierto que Spidala era una bruja adoradora del demonio, y la hija de Lord Aizkrauklis había huido a tierras lituanas, a pesar de la persecución que el joven caballero, acompañado de su séquito y de Akselis, que era el mejor rastreador de la guarnición. Volvieron con las manos vacías de la orilla sur del Daugava, hablando sobre los horrores a los que se acercaron. No había ni rastro de Spidala, que parecía haberse unido a otros de su calaña, pero sus dos escoltas habían sido hallados hechos pedazos, parcialmente devorados.

Ante las evidencias de la culpabilidad de su hija, Taksis Aizkrauklis no había tenido otro remedio que denunciarla públicamente como bruja, condenándola al destierro. Sin duda había sido un trago amargo para el hombre, que ya había perdido a sus dos hijos varones a manos de los caballeros cruzados.

Ignorando las miradas de mal disimulado odio de los livonios de Aizkrauklis, Wilfred continuó hablando- No se me ha dado explicación alguna sobre la misión que ha de desempeñar nuestro hermano, pero no dudo que tenga relación con la expedición que se está planeando. El éxito de nuestra incursión a tierras lituanas ha espoleado el entusiasmo del Herrmeister, que desea repetir la experiencia pero a mayor escala. Prácticamente todas las fortalezas habrán de aportar la mayoría de sus caballeros y hombres de armas a este ejército cruzado, con el que daremos un fuerte golpe a los paganos lituanos.-.

-Eso espero -señaló Lucien, con el rostro algo más serio- Estoy cansado de estas incursiones estériles. Ellos nos atacan, nosotros les devolvemos el golpe. Así no vamos a derrotar a nuestros enemigos. Sólo nos desangraremos lentamente los unos a los otros -la sonrisa regresó a sus labios-. Espero que al menos el Hermano Adam y los suyos estén de regreso antes de que esta expedición tenga lugar. Pronto el hielo cubrirá las aguas, y habrá de pasar todo el invierno en Riga. 

El fuerte de Ascheradan se alzaba ante ellos. Los tres Hermanos de la Espada franquearon sus puertas, dispuestos a seguir con su labor.

***
Unos días más tarde



Los enviados de Ascheradan abandonaron la sala de audiencias, cuyas puertas se cerraron tras la salida de los tres individuos. En el interior de la sala, perteneciente al Castillo de San Jorge en Riga, los reunidos comenzaron a intercambiar opiniones.

¿Están seguros de que resultarán apropiados para la misión? Los dos livonios ni siquiera parecían entender una palabra de lo que estábamos diciendo -el que hablaba portaba hábitos sacerdotales de gran riqueza, con oro y gemas adornando sus manos y cuello. Se trataba de Nicholas, obispo de Riga, lo que equivalía a decir gobernante de la ciudad y sus tierras, y máxima autoridad ante la que, teóricamente, respondía la Hermandad de la Espada.

Así había sido en los tiempos de Albert von Buxhövden, obispo fundador de la ciudad y la Orden Livonia, a quien los monjes guerreros respetaban y obedecían como si la suya fuese la palabra de Dios. Pero Buxhövden llevaba unos años muerto, Dios lo acogiese en su seno, y los Hermanos de la Espada no parecían profesar la misma lealtad a quien ocupaba actualmente el cargo de su fundador. Estaba claro que no era un hombre de acción, con la gran circunferencia de su cintura y su aspecto bonachón. El rostro casi cubierto por una espesa barba grisácea y tocado por una mitra, Nicholas parecía inofensivo. Pero era el obispo. Dios estaba con él, y poderosa era su palabra, fortalecida con el poder divino, y capaz de obrar grandes maravillas.

Junto a él se hallaba el Herrmeister de la Orden Livonia, Volkin von Winterstein. El monje caballero, a pesar de haber abandonado hacía tiempo la plenitud de la juventud, todavía resultaba una presencia temible. Alto, todavía fuerte y diestro, con una fiera barba rubia cada vez más cubierta de blanco, ejemplificaba el ideal del caballero cristiano. La suya era una de las mejores espadas en toda la región, literal y figurativamente, pues era cosa sabida que el arma de Volkin portaba una sagrada reliquia en su pomo, lo que hacía que, en manos de un hombre devoto, la espada mostrara un poder temible. Además, el propio Volkwin era uno de los mayores obradores de milagros de toda Livonia. Tan sólo el Obispo de Riga y pocos más individuos podían presumir de contar con tal favor divino de su lado.

El Herrmeister respondió al comentario del obispo -Si no parecían entender lo que decíamos, es porque no lo hacían. Zemvaldis,el escudero del Hermano Adam y su curandera, la muchacha llamada Tekla, no hablan una palabra de alemán. Adam habla la lengua de los paganos con fluidez, y así se comunica con ellos. Tal vez no sea mala cosa que no puedan entender lo que decimos.

-A mí me ha parecido un grupo de gente capaz, a pesar de incluir a una mujer, algo más bien atípico -el que hablaba era un hombre de unos cuarenta años, tonsurado y con barba en el rostro, aunque sin bigote. Vestía con el hábito blanco y la capa negra propios de los dominicos, prendas mucho más discretas que las del obispo, pero de buen tejido, limpia y no carentes de cierta elegancia. Era Guillermo de Módena, legado papal destinado en Riga para velar por los intereses de la Santa Sede- Pienso que los tres pueden desempeñar con eficacia su trabajo de escolta hasta Prusia. -. Hablaba con la seguridad de quien está acostumbrado a evaluar a la gente, y confía en su propio criterio.

Todos miraron al Hermano Dominic de Marsella, capagrís de la Hermandad de la Espada, hábil diplomático a quien el Herrmeister había confiado su misión. Era un hombre mayor, de aspecto tranquilo, vestido con los sencillos hábitos blancos de la Orden Livonia. Tras el invierno, cuando los hielos del Mar Báltico se fundiesen y la navegación marítima volviese a ser posible, Dominic habría de llevar a cabo una delicada misión para la orden, que le llevaría hasta la fortaleza de Kulm, junto al río Vístula, en la frontera con las salvajes tribus prusianas.

Aquella era tierra perteneciente a la Orden Teutónica, y el diplomático de la Hermandad de la Espada viajaría para entrevistarse con el Hochmeister de aquellas tierras. Adam, Zemvaldis y Tekla habrían de ser sus protectores durante el viaje, y prestarle cualquier ayuda necesaria para que Dominic pudiese llevar a buen término su misión.


***

Empieza la segunda parte de la campaña. Cambio de escenario y de secundarios, pero la trama se sigue desarrollando igual. Esta sesión fue tranquila, carente de combates. Por el momento, la cuestión de Spidala quedó resuelta, aunque la bruja ha desaparecido, todos están convencidos de que volverán a saber de ella. 

También parece haber terminado la cuestión de Roger, a quien, por el momento, los jugadores tienen en su poder, con el conocimiento de su pequeño desliz.

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