martes, 14 de julio de 2026

Los viajes del Faro Errante (Sesión 1ª)

A principios de año unos jugadores que habían tenido que dejar la mesa por razones de fuerza mayor y ajenas al juego se encontraron en disposición de regresar. Uno de ellos se puso en contacto conmigo y me preguntó si podría preparar algo para que pudiesen volver a jugar, a lo que accedí de inmediato. Se trataba de una ocasión para poder dirigir por fin mi largamente deseada campaña de sandbox naval, así que me puse a prepararlo de inmediato comenzando con el desarrollo de toda una nueva región inexplorada hasta el momento en los años que llevo con este entorno de campaña. Hace algunos meses comenzamos las sesiones.

Esto de los diarios de campaña no son las entradas más populares en un blog, o al menos no lo han sido en este. Pero me gusta mantener el registro de los acontecimientos; en realidad, estas entradas están hechas a partir de los resúmenes de cada sesión que, antes de jugar la siguiente, comparto con los jugadores (que igual ni los miran, pero eso ya es cosa suya). Luego los voy archivando con el resto, y a estas alturas han alcanzado una cantidad considerable de sesiones registradas. El caso es que me gusta mantener estos registros.

Se me ocurrió, ya que los tenía preparados, utilizar los resúmenes para retomar los diarios de campaña, una forma de reactivar un tanto el blog. Llevo como una docena de sesiones por adelantado, así que espero poder contar con una buena regularidad, al menos mientras dure la campaña.

Como suelo hacer, en esta campaña también he echado mano de módulos y aventuras más cortas que se encuentren en mi colección y con las que pueda complementar el material de cosecha propia. Los escenarios de Aventuras en la Marca del Este me vienen muy a mano para este propósito, y de hecho la campaña comienza con un prólogo para el que utilicé una de estas aventuras, La Perla de Ayakashi (por lo tanto, si alguien tiene pensado jugar esta aventura, le recomiendo encarecidamente que no siga leyendo so pena de destriparse el escenario). Las particularidades de mi entorno de la campaña me obligaron a realizar algunos cambios menores en el escenario, pero son más cosméticos que otra cosa.

Inicialmente la campaña comenzó con dos jugadores, pero muy pronto se unió un tercero, interesado por la temática naval de la historia.


***


Verano de 1147 d. E.: Francesco y Salvatore, ambos hijos de Erberto Corso, despiertan doloridos y entumecidos, aherrojados en la calurosa y hedionda bodega de popa del famoso barco pirata La Perla de Ayakashi, capitaneada por el temible capitán Yedafa. Ambos formaron parte de la fuerza mercenaria contratada por Balazar Malaspina, señor del Villorrio de las Borrascas, una pequeña población situada al este de Canaldi, para reforzar la guarnición del fuerte que protege al pueblo, en alerta ante las noticias de la presencia del temido buque. Cuando la noche anterior los piratas se presentaron al fin, desembarcando en cuatro grandes botes cargados no solo de hombres, sino también de goblins e incluso de orcos (algo considerado impensable hasta hace pocos años, pero que cada vez se observa con más frecuencia), los defensores ayudaron a la evacuación del pueblo, cuyos habitantes lograron escapar. 

Frustrados en su intento de capturar esclavos destinados probablemente a los mercados de Sajansiya, los piratas comenzaron la retirada. El oficial al mando de la guarnición confundió la frustración de los incursores con temor por los defensores, y ordenó la persecución. Pronto, varios de los defensores habían muerto y el resto había emprendido la fuga. Francesco y Salvatore fueron capturados. Junto a ellos hay dos pobres desgraciados de Villorrio de las Borrascas, también con grilletes en pies y manos.

Tras calmar un poco la sed con la apestosa sopa que uno de los piratas darcíes (probablemente ukapto, por su aspecto) les ha traído en un cubo -junto con algo más sólido que parece inmundicia- los dos hermanos deliberan sobre su situación y cómo librarse de su problema. Finalmente optan por fingir una pelea. Los dos hombres que actúan como guardias en la sala adyacente salen para ver el espectáculo de los prisioneros debatiéndose entre sí, hasta que estos atacan por sorpresa, sometiendo con sus cadenas a los piratas, que terminan fuera de combate. Se apoderan de las llaves y se liberan. Los dos asustados pescadores contemplan la escena aterrados.

En la sala donde los guardias bebían y jugaban a los naipes encuentran sus armas y armaduras, aunque echan en falta dos cosas, el anillo que Orabella Furio, la amada de Salvatore, le regaló hace un tiempo, y un amuleto de un extraño metal parecido al cobre que el padre de ambos entregó a Francesco cuando éste todavía era un niño, contándole que es algo que había encontrado en un naufragio años atrás. Mejor armados ahora, comienzan la exploración del barco, alumbrados por la luz de una lámpara de aceite.

Pronto encuentran el comedor de la tripulación, en cuya despensa encuentran a tres goblins que parecen haberse deslizado hasta allí para robar comida. Los goblins les confunden con miembros de la tripulación, y así es como los hermanos Corso descubren algunos detalles sobre su situación, comunicándose todos en la lengua del estrecho, la lingua franca de la región marítima que conecta los reinos eiralios del norte con las satrapías darcíes del sur. 

Cuando los goblins se marchan, ambos se aproximan al espacio que se abre tras un pesado tapiz. Allí encuentran las hamacas de la tripulación, con cuatro piratas profundamente dormidos en ellas. Optan por no arriesgarse a ser descubiertos y se mueven en dirección a proa.

Entran así en la bodega de carga, donde hay un habitáculo que parece estar ocupado por algún tipo de animal o bestia de gran tamaño, que prefieren no intentar identificar. Continúan en la misma dirección, hasta entrar en la enfermería del barco, donde hay dos orcos muy heridos y semicomatosos. Uno de ellos parece aferrar con fuerza algo entre sus manos. Para descubrir de qué se trata, Francesco golpea al orco con el pomo de su espada, pero no consigue dejarlo inconsciente. Salvatore se arroja sobre el humanoide para evitar que grite, sujetando sus brazos mientras su hermano le golpea una y otra vez en la cabeza con el pomo, hasta romperle el cráneo y esparcir sus sesos por el catre y el suelo. El otro orco despierta por el ruido, para verse a continuación destripado por la espada de Francesco.

Después de eso, entran en el espantosamente hediondo comedor destinado, por lo que se puede apreciar, a goblins y orcos. Allí, la cantidad de desperdicios y excrementos es tal que permiten el mantenimiento de una horda de bien cebadas ratas, que se abalanzan sin ningún miedo sobre los dos hombres. Retroceden corriendo, su retirada cubierta por las llamas de la lámpara de aceite que Salvatore ha lanzado contra el suelo. 

El fuego y el humo, sin embargo, llaman la atención de un orco y su compañero goblin que se encontraban en la sala siguiente, y que salen para descubrir la razón de todo esa perturbación. Los hermanos Corso se refugian en la enfermería, ahora completamente a oscuras. Oyen entrar al orco mientras se esconden entre los catres. Aprovechando la sorpresa del orco al descubrir los dos cadáveres de sus congéneres, se abalanzan sobre él y el goblin. El orco acaba en un charco de sangre con la pierna destrozada, mientras que el humanoide de menor tamaño se rinde con la punta de la espada de Francesco apuntando a su cuello. Le interrogan, descubriendo que el barco se ha detenido porque han divisado un brillo plateado en las aguas, y se rumorea que hay varios pecios hundidos a poca profundidad en la zona, cargados de tesoros. Los hermanos Corso comienzan a discutir su próximo movimiento.


***


Una csa que tiene Mythras, y en eso Fantasía Clásica no es una excepción, es que puede dar lugar a momentos muy escabrosos. En nuestra mesa hay jugadores que todavía recuerdan como, hace ya varios años, el grupo sorprendió a un tipo dormido en su habitación y el mago primero le arrojó Manos Llameantes, causándole terribles quemaduras por todo el cuerpo antes de invocar una manada de ratas que comenzó a devorar al pobre desgraciado. Creo que hasta el jugador del mago sintió un poco de repelús por la escena. Y es que eso de contar con localizaciones de impacto y heridas más concretas en lugar de una reserva abstracta de puntos de golpe vuelve los golpes más, digamos, fáciles de visualizar según lo que te explican las reglas y el resultado de las tiradas.

Eso fue lo que ocurrió con los orcos. El jugador que interpreta a Francesco me preguntó si podría dejar inconsciente a un orco dándole en la cabeza con el pomo de la espada. Le expliqué que sí, pero no a causa del daño, sino del efecto Aturdir Localización, y que aunque no hay nada parecido al daño "no letal", contaba con la opción de tirar dados menores a los habituales. El caso es que al golpearle por primera vez -reteniendo el daño- el orco superó con éxito crítico la inconsciencia. Y ahí es cuando la cosa se descontroló un poco. Salvatore se echó encima del orco sujetándole los brazos, mientras Francesco seguía intentando dejarlo fuera de combate, pero esta vez golpeando con ganas. Y pasó lo que tenía que pasar. Crack, crack, chof. El otro orco se despertó pero a este directamente lo machetearon. Los dos PJ jadeando y cubiertos de sangre.

Por cierto que el escenario, La Perla de Ayakashi, está bastante bien. Una mazmorra -bueno, un barco- sencillo, que con Aventuras en la Marca del Este se puede resolver fácilmente en una sesión. Incluso con Mythras no faltó demasiado para terminarlo de una sentada. De hecho, me equivoqué en la estimación de lo que faltaría para concluir, y eso tuvo como resultado que la siguiente sesión fuese bastante breve.

1 comentario:

  1. Puede que no sea el tipo de entrada más popular, pero a mí me encantan. Es como leer el capítulo de una novela.

    Tengo La Perla de Ayakashi pero debo decir que no la he leído y que aunque la poseo por puro afán coleccionista, nunca me llamó la atención.

    Es Fantasía Clásica o Mythras el manual que estás usando en estás entradas?

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