martes, 14 de marzo de 2017

Shores of Korantia (Sesión 1)

El pasado fin de semana jugamos la primera sesión. Toma de contacto con sistema y ambientación. Un poco de nervios por mi parte -siempre me ocurre cuando voy a comenzar una campaña, y más si es con jugadores nuevos-, y la cosa no iba a poder pasar más allá de hacer algunas presentaciones y plantar algunas semillas para el futuro. Todo ello en el contexto del primero de los escenarios que incluye Shores of Korantia, bajo el título Varoteg´s Rascals.

Por eso mismo, si alguien tiene intención de jugar esa misma aventura, le recomiendo que deje de leer, a fin de evitarse el destripamiento de la historia.

Por cierto, que he optado por castellanizar -más o menos- los nombres que aparecen en la ambientación, pues todavía me sonaban muy anglosajones. Así, usaré Tirta en lugar de Thyrta, Tenla por Thennla, Asabia por Assabia, etc.


***

Mes de Arribea de 1218 (a mediados de primavera), Tirta.

Es la época de la siembra del trigo, y también de la apertura de los mares, cuando el comercio vuelve a fluir a lo largo de toda la costa korantina. Incluyendo la pequeña colonia de Tirta, el más meridional de los asentamientos de este pueblo. Hasta su puerto han comenzado ya a llegar algunos barcos mercantes. Muchos de ellos provenientes de Borissa, metrópolis de la que depende la colonia. Otros llegan desde tierras más lejanas y exóticas, como la lejana Asabia.

Uno de los barcos que ha llegado hoy es La Reina Celestial, un mercante de buen tamaño. Su travesía, rápida y sin problemas, le ha traído desde Borissa, y consigo trae una carga de productos además de un pasajero. 

Patroklo, tripulante de La Reina Celestial, observa como el hombre que ha pagado para ser transportado hasta Tirta se aleja por el puerto. Un esclavo, por el collar que porta al cuello, pero uno bien tratado y de importancia, probablemente el hombre de confianza de algún potentado. Pronto deja de pensar en él. El marino está haciendo cola junto a sus compañeros, para recoger la paga por el viaje. Muchos están impacientes por recoger su plata, que les quemará en las manos hasta que se deshagan de ella en las tabernas y burdeles de la ciudad. El propio Patroklo parece dispuesto a tomárselo con algo más de calma.

El esclavo, tras dirigirse a La Tortuga Indecisa, la mejor posada de la ciudad, y allí alquilar aposentamiento, se dedica a realizar algunas preguntas, buscando a alguien. No le cuesta mucho, apenas unas monedas, conseguir la información que le conduce a una humilde casa, una vivienda alquilada. Allí llama a la puerta.

Le recibe la joven Kasadya, a quien le sorprende ver en el umbral de su morada a Nikias, esclavo doméstico y agente personal de su padre. Guarda buenos recuerdos de él, como alguien que la trató con más afecto que el que jamás mostrara su propio progenitor. Pero aunque Nikias pudiera sentir afecto por Kasadya, siempre fue completamente fiel a su amo.

Tras intercambiar saludos y algunas palabras amables, Nikias le explica a la joven la razón de su presencia en Tirta. Su padre tiene un negocio que atender en la ciudad, y ha enviado a alguien discreto y de confianza para el asunto. Buscar a Kasadya ha sido estrictamente una iniciativa de Nikias, quien ha pensado no solo en comprobar cómo está la muchacha, sino tal vez en contar con su ayuda para el acuerdo. Los mercaderes con los que ha de tener el trato son asabios, y Kasadya no solo habla la lengua de aquel lugar, sino que también ha estudiado sus costumbres. Su amo no le prohibió tratar con su hija, por lo que el esclavo pensó que podría recurrir a ella.

La joven accede. En cualquier caso, los asabios no han llegado todavía a Tirta, aunque Nikias espera que lo hagan en cuestión de pocos días, si todo va bien. Tras un poco más de conversación, el esclavo se marcha.

Mientras tanto, en una casa mucho más grande y lujosa, uno de los domésticos se acerca a Regulus, hermano menor del cabeza de familia. El esclavo le explica que en la puerta hay un salvaje, un tenalt con aspecto de pordiosero que quiere ver a Regulus, negándose a dar explicaciones.

-¿Le soltamos los perros? -pregunta el esclavo-.

Regulus decide que hablará con el tenalt, intrigado por la visita. Y allí está, en la entrada, un hombre con aspecto de haber pasado mucho tiempo sin ver un baño. Con una túnica raída cubierta por algunas pieles, aunque el hacha que pende de su cinto parece estar bien cuidada. El tenalt se presenta como Danil, y cuenta que ha venido para hacer una oferta: Información a cambio de plata. ¿Qué información? El paradero de algunos de los hombres de confianza de Varoteg.

Eso despierta el interés del aristócrata. Varoteg es un tenalt, y se dedica a avivar entre los suyos el resentimiento por la pérdida de tierras a manos de los colonos korantinos. Organiza ataques contra los viajeros y mercaderes korantinos siempre que tiene ocasión, y es muy admirado por muchos jóvenes tenalt, ansiosos de expulsar a los colonos. Se ofrece una pequeña fortuna por su cabeza, pero hasta el momento nadie ha sido capaz de cobrarla.

Danil explica que sabe donde se encuentra la banda de agentes que Varoteg denomina sus "traviesos", un grupo que enviar para llevar a cabo algunos trabajos sucios. Le dará la información a cambio de cierta cantidad de plata. Regulus regatea algo el precio, y finalmente consigue que Danil acepte cobrar después de que el aristócrata compruebe la veracidad de la información. Mientras tanto, y para consternación del esclavo doméstico, Danil quedará como invitado en la casa familiar.

A continuación Regulus sale en busca de gente a quien reclutar para el trabajo. La mayoría de guerreros de Tirta no le toman en serio dado su pequeño tamaño, así que comienza por buscar a Kasadya, pues confía en ella.

Patroklo ya ha cobrado, y después de encontrarse con su viejo amigo Flegias, ambos deciden ir a gastar algo de dinero en comida y vino. Disfrutando del buen tiempo, con platos de queso y aceitunas, algo de pan y vino, es como les encuentran más tarde Regulus y Kasadya -previamente han hablado sobre el trabajo, al que Kasadya ha aceptado, aparentando una seguridad que está lejos de poseer-. Flegias es un combatiente con experiencia en el Batallón Sagrado de Tirta, y no se toma muy en serio a la pareja que les aborda a Patroklo y a él mismo con la oferta de partir de busca de unos bandidos. Pero sus chanzas son cortadas en seco por Kasadya, cuando esta le amenaza fríamente con castrarle si vuelve a hacer burla de ella. 

Después de eso también Patroklo decide aceptar el trabajo. No es un gran combatiente, pero es fuerte y grande como pocos, y puede propinar tremendos tajos con el alfanje que porta en la cintura.

Acuerdan reunirse en la puerta norte al despuntar el alba del día siguiente.

Cuando Regulus regresa a su hogar, encuentra a su hermano mayor, Clodio, algo más que un poco molesto por el "invitado". Ambos hermanos discuten. A Clodio le gustaría saber por qué razón el tenalt ha acudido a su casa en lugar de a las autoridades de la colonia, algo a lo que Regulus no tiene respuesta. Pero el guerrero convence a su hermano de que será capaz de cumplir con la tarea, y la captura o muerte de tan peligrosos bandidos traerá fama a la familia.

A la mañana siguiente el grupo se reúne y se pone en marcha. El primer día de marcha tiene lugar dentro del territorio sagrado de Tirta, allá donde la magia de la diosa protectora resulta efectiva. Es un paisaje tranquilo, lleno de granjas, aldeas y campos de cultivo donde todos se afanan en la siembra. Pero la jornada siguiente, y las que siguen a esta, les van alejando cada vez más del dominio korantino, a medida que se internan en las tierras de los tenalt. Aquí el gobernante es Skelfus, jefe tribal nombrado amigo y aliado de los korantinos, título del que se muestra orgullos, aunque le haya ganado la enemistad de alguno de los suyos. No todos los bárbaros de esta región son amistosos.

El camino les lleva, tras unos pocos días, hasta uno de los hitos mencionado por Danil, algo llamado "la Piedra Tenalt". Una formación natural rocosa que asemeja una de las piedras enhiestas. Su superficie está cubierta de grabados, algunos de ellos casi indistinguibles por el tiempo y la erosión, otros más recientes y visibles. Como por ejemplo, uno en el que se fija Kasadya, que muestra a un guerrero Tenant penetrando a otro hombre de expresión sorprendida, korantino a juzgar por la representación de armas y ropas.

Mientras comentan la imagen, los miembros del grupo se ven ellos mismos sorprendidos cuando de entre el cercano linde del bosque surge un grupo de hombres. Seis tenalt armados con garrotes, rodelas y hondas, liderados por otro con más aspecto de guerrero, equipado con un hacha, escudo y armadura de cuero, y tocado con un casco adornado por cuernos. Monta un gran caballo blanco, y desde su montura reta al grupo, animado por sus seguidores. Parece que la expedición ha topado con un grupo de bandidos.

Los korantinos les hacen frente, dispuestos a combatir. Ante esta reacción, el líder de los asaltantes, que se hace llamar Franksum, les reta, desafiándoles a que uno de ellos se enfrente a él en combate singular. Los tenalt quedan sorprendidos cuando ven como Regulus y Flegias se echan a suertes quien va a combatir, pero finalmente es el aristócrata quien se aproxima, blandiendo su enorme hacha de bronce.

Franksum desmonta de su caballo... y entonces da un pisotón en el suelo, momento en que la tierra comienza a moverse bajo sus pies, alzándolo y transportándolo como si estuviese cabalgando una ola de tierra y piedra. Comienza a moverse así, pavoneándose, instando a Regulus a que ataque. El korantino arremete, y casi cae en la trampa. Pues al alcanzar al bandido el suelo se abre bajo sus pies, y solo sus rápidos reflejos impiden que caiga indefenso al hoyo. Comienza a propinar hachazos, hiriendo a Franksum, mientras bloquea los golpes del bandido y evita los ataques de la tierra que se mueve bajo sus pies. Derriba al tenalt, que pide clemencia ofreciendo un rescate por su vida. Pero el joven korantino está ávido de sangre y se dedica a golpear repetidamente, decidido a matar a su enemigo.

Los seguidores de Franksum cargan entonces, siendo enfrentados por los compañeros de Regulus. Flegias usa su magia para agudizar el filo de su alfanje, y a continuación, de un fuerte tajo casi secciona la pierna de un bandido, que cae al suelo sangrando abundantemente -morirá poco después, intentando inútilmente detener la hemorragia-. Flegias mantiene a dos combatientes a raya con su lanza, hiriendo gravemente a uno en la cara, al atravesarle la mejilla y destrozarle algunos dientes. 

Kasadya, por su parte, se muestra mucho menos alegre ante la perspectiva de un combate. Nunca ha luchado, mucho menos matado, y al principio queda paralizada. Pero reacciona cuando uno de los bárbaros trata de golpearla con su garrote. Salta hacia atrás y hiere al tenalt con una lanzada en la pierna.

La pelea no se prolonga mucho más. Cuando todo termina Franksum ha sucumbido finalmente ante los golpes de Regulus. Otro tenalt yace muerto en un charco de sangre. Dos más están tendidos en el suelo, incapacitados por sus heridas. El resto ha huido, ninguno de ellos ileso. Entre los korantinos nadie ha sufrido una herida. 

Interrogan a uno de los bandidos, que no ha podido huir por culpa de la herida de su pierna. El tenalt les cuenta que Franksum les había convencido para seguir el ejemplo de Varoteg y atacar a los invasores korantinos cómo y cuándo pudiesen. Vienen todos del mismo pueblo y esta era la oportunidad de dar el primer golpe...

Los korantios le dejan libre, calmada su sed de sangre. Siguen camino todavía alterados por la lucha. Regulus está exultante, pues ha salido con buen pie del duelo, un primer paso para ponerse a la altura de su padre. Kasadya, sin embargo, no se muestra tan entusiasmada. Aunque trata de disimularlo, las manos le tiemblan tras la lucha, y apenas ha contenido las nauseas. Regulus se da cuenta de ello, y le pregunta si se encuentra bien. Por supuesto, dice la muchacha, no puedo esperar a matar más enemigos, mientras trata de poner una expresión feroz. Flegias le ofrece su pellejo de vino para que la joven pueda calmar un poco los nervios.

Y continúan caminando.


***


Y ahí se quedó por el momento. El combate duró unos tres asaltos, sin contar el inicial en el que combatieron Regulus y Franksum. En tiempo real llevó un rato, por supuesto. Explicar el asunto de los Efectos de combate lleva lo suyo, y como ya comenté en la entrada anterior, las primeras veces que se utiliza resulta un poco confuso. Pero tras unas cuantas veces se volverá todo mucho más rápido. Al menos alguno de los jugadores ya comentó que le había gustado el sistema.

No me acabo de decidir por el aspecto que tienen los tenalt locales. En realidad, dentro de esta ambientación, "tenalt" es un término más bien genérico, que representa a pueblos menos civilizados -civilizados en los términos de RQ, se entiende- que los korantios, y que tienen en común la adoración a la diosa de la tierra, Teina. Por lo demás están muy extendidos en numerosas tribus, por lo que podrían tener aspectos muy diferentes según la región. Usando modelos históricos, podrían ser algo parecido a los celtas, o quizá a los íberos, no estoy seguro.

Este escenario podrá concluir para la próxima sesión. Tengo ya previstos unos cuantos acontecimientos con los que ir tanteando los intereses de los personajes, así como unos cuantos escenarios dispuestos para seguir teniendo cosas que hacer mientras tanto.

Pero por fin hemos comenzado una nueva campaña de este juego. Que ya tenía ganas. Solo me resta esperar a que finalmente, también pueda participar en otra, pero esta vez con un PJ.

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