miércoles, 14 de octubre de 2026

Mi experiencia con miniaturas y escenografía (I)

Soy de los que, si tengo ocasión, me gusta emplear miniaturas y escenografía en las partidas. No en todas, no siempre, pero es algo que me gusta hacer. Conozco jugadores que afirman que el uso de este tipo de recurso les saca de la partida. También conozco a otros que afirman que su empleo les facilita la inmersión en la partida. Como ambas cosas no pueden ser verdades objetivas de forma simultánea, no puedo sino pensar que es algo que funciona bien con unos y mal con otros. Alcanzado este punto la discusión se vuelve estéril, una de esas guerras de trincheras a las que tan aficionados parecemos ser.

En cuanto a mí, siempre me han gustado las miniaturas. Las primeras con las que me hice fueron algunas tropas británicas y alemanas, soldaditos y también algunos tanques y aviones, con los que me monté un pequeño diorama que representaba un campo de batalla desértico.

Mis primeras miniaturas aptas para juegos de rol, tal y como se suele entender ahora, fueron, como las de tantos otros, las del HeroQuest, el juego que Games Workshop preparó para MB. Los avatares del tiempo han dado al traste con la mayoría de mis componentes del juego, incluidas la mayoría de miniaturas, pero todavía conservo varias. Y les doy uso (a los zombis y esqueletos deben de haberles matado docenas de veces).


Algunas de mis primeras miniaturas
Un tiempo más tarde, después de haber tomado ya contacto con los juegos de rol, abrió la primera librería especializada de la ciudad (hablamos de finales de 1991, me parece), y allí fue donde comencé a hacer una pequeña colección de miniaturas de plomo, la gran mayoría para fantasía. Las escogía sin mucho criterio, según me diese. Unos campeones del Caos de Warhammer, algún caballero medieval, unos guerreros celtas, unos hobgoblins. También varias de la línea dedicada a la Tierra Media. Incluso algunos marines de Traveller, que están hechos a una escala bastante menor que la habitual de 28mm. Con los años muchas se han perdido, las troqué por otras cosas o las vendí. Pero todavía conservo bastantes de aquella época.

La cosa se disparó cuando salió Warhammer Fantasy (el juego de batallas, no el de rol). Un amigo, miembro también del primigenio club que entre unos cuantos montamos por aquel entonces (con sede en un centro social del barrio) tenía este juego en inglés, antes incluso de que hubiese sido traducido (también disponía del juego de rol, igualmente en su versión original), y cuando lo trajo al club para mí fue una revelación. Jugué algunas partidas y descubrí que aquello me encantaba. Comencé a comprar algunas cajas de miniaturas de plástico -por aquel entonces Games Workshop tenía precios asequibles, quien lo diría-, algunos héroes y tropas especiales en metal y el libro de ejército de los altos elfos (y en inglés, que no se me daba muy bien. Como tantos roleros, la perentoria necesidad de poder leer los manuales que no se encontraban en castellano fue el mejor acicate para mejorar mi nivel en esta lengua). Luego salió el juego en castellano, que conseguí que me regalaran las siguientes navidades y a jugar como loco. 

Algunos miembros más del club también estaban afectados por la fiebre de Warhammer (siempre el de Fantasía; el 40000 nunca me ha hecho gracia, aunque tengo el manual de la primera edición, que publicó Álfil Games en castellano hace, buf, una montonera de años) y jugamos mucho en el club, incluso organizamos campañas en las que los ejércitos de los dos bandos se desplazaban por un mapa del Viejo Mundo buscando la conquista de ciudades y acabar con ejércitos enemigos (llegamos a hacer esto con tal vez una docena de jugadores, y en dos ó tres ocasiones, lo que es ser joven y tener tiempo y ganas) para hacer puntos y ver el conteo final. En fin, buenos recuerdos, como se suele decir.

Incluso cuando jugábamos a Warhammer en aquel club, el apego por las miniaturas no parecía tan arraigado en otros como me ocurría a mí. Creo que yo era el único que tenía el ejército más o menos pintado. Los demás pasaban de ponerse con los pinceles -no les culpo, yo odio mucho y fuerte pintar miniaturas, lo que pasa es que me encanta tenerlas pintadas. Y eso a pesar de que con mi habilidad lo que hago más bien es mancharlas-, o incluso de contar con las miniaturas en sí. El que no podía hacerse un ejército montaba sus unidades con algunas miniaturas (todas grises) en primera fila y el resto con peanas vacías. Y a correr. Nunca se lo reproché a nadie ni lo voy a hacer ahora, pero me habría gustado que alguno de los otros también hubiese puesto un ejército con algo de colorido en las minis. En fin.

Estas no las pinté yo. Se nota porque están bien pintadas.
Aunque también acusan el paso del tiempo.
Pero aunque después de la última de aquellas campañas se nos fue pasando la fiebre de Warhammer
(pasé por la quinta edición, que era muy parecida a la anterior y me planté con la sexta, que aunque tengo, creo que no llegué a jugar jamás; y eso que aquella me gustó, pero lo que vino después ya me daba grima), nunca perdí mi interés por las miniaturas. Que me gustaba emplear también en los juegos de rol. Durante un tiempo estuve reuniendo muchas de las prepintadas para D&D, tanto de la época de tercera como de la cuarta edición. Algunas son espantosas, otras son sorprendentemente buenas, pero todas son muy prácticas de utilizar.

Ahora bien, cuando digo que me gustaba utilizar miniaturas en las partidas roleras, quiero decir que lo que hacía era poner las figuras que representaban a tal o cuál PJ, a los miembros de la oposición y dejar claro las posiciones y movimientos respectivos. No de forma muy estricta, no hacíamos uso de una cuadrícula ni se estipulaban los límites, más allá del sentido común, de lo que alguien pudiese moverse. Las miniaturas adornaban y ayudaban a hacerse una idea de la situación. Al final, casi daba lo mismo utilizarlas o no, pero yo era el tontico de las miniaturas y me gustaba verlas sobre la mesa, representando a los PJ y las situaciones a las que se enfrentaban. Tampoco tenía una gran variedad, así que las minis de la oposición se repetían más que Al Leong. Y cuando aparecía algo que no podía representar con lo que contaba, tocaba echar mano a la imaginación. La de botes de refresco vacíos que habrán pasado por gigantes y dragones.

Ni siquiera la publicación de D&D3ª pudo sacarme de esta forma de entender el empleo de las miniaturas en una partida. Yo pasaba mucho de las retículas con sus cuadraditos y demás. Y eso que se trata de un juego en el que se entiende que, por defecto, se juega de esta forma. Pero nada, yo a mi bola. Hasta que apareció Pathfinder.

En 2010, al poco de su publicación, compré un manual de este juego, que me tendría fuertemente atrapado durante los siguientes dos años, más o menos. Y Pathfinder -la primera edición, claro- no deja de ser una versión de D&D3ª -o D&D3.5, según se mire-, pero en esta ocasión sí quise jugarlo tan y como venía preparado. Y eso significaba no solo miniaturas, que ya tenía bastantes por aquel entonces, aunque la colección no dejaría de aumentar-, sino también la representación del entorno por el que se moverían. Y ahí entré en un mundo totalmente nuevo. El mundo de la escenografía.

Hasta aquel entonces, aquello era algo a lo que apenas había prestado atención. Después de todo, mi yo adolescente pensaba que si tenías algo de dinero, mejor usarlo en miniaturas que en árboles ¿no?. Lo normal era emplear cualquier cosa que se tuviese a mano para representar tipos de terreno y accidentes geográficos. Un par de jugadores con más iniciativa que el resto tuvo a bien recortar una cartulina azul para hacer lagos y ríos, una verde para hacer bosques y pegar algunos pedazos de un panel de corcho para hacer colinas. Anda que no quedaba resultón aquello comparado con lo que hacíamos los demás. Pero volvamos a los tiempos de Pathfinder.

Mirándolo en retrospectiva, se puede observar un interés creciente por el tema desde mi parte. No mucho después de comprar el manual de Pathfinder decidí que necesitaría un hule de esos de Chessex. Un battlemat. Con eso y unos rotuladores con base de agua dirigí algunos de los primeros Adventure Path del juego. Resultaba novedoso y divertido, tanto para mí como para los jugadores, utilizar las miniaturas de manera estricta y con el terreno claramente determinado. Y aquello daba pie a momentos como cuando uno de ellos se quedó mirando el battlemat con gesto arrugado "Esto... ¿era necesario que para la corriente de la alcantarilla utilizaras el rotulador marrón?". Con el tiempo adquirí otro battlemat, similar pero de un tamaño mucho mayor.

Lo del gusto por el que las miniaturas se moviesen por lugares que pudiesen identificarse claramente era algo de lo que ya me había contagiado. Así que del battlemat -cuyo uso nunca he abandonado del todo, en realidad- me pasé a las tiles, las losetas que representan en 2D alguna localización o tipo de entorno concreto. De estas, en realidad, ya tenía unas cuantas, aunque en diferentes formatos. El mapa póster incluido en la Dragón Magazine nº1 para el escenario La Fuente de la Salud (estoy casi seguro de que ese era el título, me da pereza rebuscar entre las revistas para confirmarlo), el pequeño tablero que aparecía en uno de los pósters de Relatos de la Lanza (hasta que compré el battlemat, los primeros jugadores de Pathfinder que tuve habían estado empleando este último durante años para resolver sus partidas de D&D3ª; después, uno de ellos no tardó en hacerse con otro battlemat). Alguna campaña de AD&D, como The Rod of Seven Parts, también tenía este tipo de accesorios incluidos en sus mapas póster.

Pero las losetas eran otra cosa. De cartón duro, y formando secciones que se podían configurar al gusto. Y estéticamente resultaban, como no, mucho más agradables que unas cuantas líneas dibujadas con un rotulador. Así que tuve una nueva fase en la que estuve acumulando muchas cosas de estas. La gran mayoría destinadas a D&D durante la época de la cuarta edición (y algunas de estas serían publicadas de nuevo para la quinta). Todavía las tengo, aunque ya no las utilizo apenas. Las tres cajas básicas (campo, mazmorra y ciudad) y un montón de las más pequeñas, que parecen carpetas. También me hice con algunas de Paizo para Pathfinder, pero esas las encuentro mucho peores. Pero no tanto como sus propios battlemats, los que llevan ya impreso una localización o tipo de terreno, de los que tengo un par y eso son dos más de los que debería tener. No hay dios capaz de dejar esas cosas más o menos lisas sobre la mesa.

Pero la curva ascendente -o descendente, según se considere- prosigue. En unas LES a las que pude acudir (2014 ó 2015) conocí a Josemasaga, que estaba haciendo partidas para el Clásicos del Mazmorreo. Y estaba utilizando una escenografía asombrosa -que, al igual que con las miniaturas, les daba el mismo tipo de uso que yo había empleado hasta Pathfinder, es decir, tu personaje está aquí y los malos ahí, más o menos- consistente en piezas de cartón impresas y pegadas. Tenía de todo, paredes para detallar una mazmorra, la representación de un castillo, hasta un pequeño barco. Todo lo que se podía encontrar en Marineros del Mar sin Estrellas. Más tarde, hablando con él, estuvo explicándome sobre Fat Dragon Games, la empresa que comercializaba los archivos pdf de todas esas cosas. Luego cada cual ya se lo imprime y lo monta.

(Durante este tiempo también me estuve haciendo con las cuatro cajas de Dungeonspain puestas a la venta por Nosolorol (mazmorra, ruinas, suelos y alcantarillas). Siguen siendo de lo mejor que tengo dentro de este tipo de cosas, aunque en ocasiones su uso se vuelve algo engorroso).

Edificios y terreno de Fat Dragon Games

En la actualidad, y desde hace varios años ya, Fat Dragon ya no crea más pdf de este tipo, se pasaron hace mucho a los archivos para hacer impresión en 3D. Pero a estas alturas tengo la mayor parte de lo que produjeron. Y más adelante descubrí a otro autor de este tipo de material, Dave Graffam, que también es una mina para estas cosas. Mucho de ello lo tengo impreso y montado. En la actualidad podría -de haber necesidad y espacio- poner una aldea sobre la mesa, con su río, caminos, algún molino -de viento o de agua- y sus casas. O las calles de una ciudad, con un montón de edificios. Por supuesto, una mazmorra de gran tamaño, con mobiliario, trampas, escaleras y muchas otras cosas. Un castillo completo, algunos barcos, incluyendo uno volador. Cavermas. un cementerio, la torre de algún mago... Si vierais mi colección es posible que terminarais hablándome de lo malo que es obsesionarse y eso.

¡Pero no pasa nada¡, porque ya no suelo añadir más cosas de estas a mi colección -algún edificio de vez en cuando- puesto que de ahí me pasé a hacer yo mismo la escenografía. ¿Lo veis? de todo se sale.

Esto se está haciendo bastante largo. Mejor paro aquí y dejo el resto (que queda bastante) para una próxima entrada.

13 comentarios:

  1. A mí me pasa igual que tú, tengo miniaturas desde el primer heroquest, cruzada estelar, Warhammer fantasy... Después fui "rapiñando" de aquí y de allá, como por ejemplo unos juegos de miniaturas que sacaron de Magic, que no triunfaron y los conseguí por poquísimo. Ahora me he pasado a imprimir mis minis de papel por 3 razones, la primera el dinero, segundo el espacio (vivir en un piso de 90m² no da para mucho) y tercero variedad: juego a juegos de muchas temáticas (fantasía, space opera, pulp) y comprar minis para todas esas ambientaciones es imposible (algunas ni siquiera tienen minis). También hago lo mismo con la escenografía, crooked staff tiene muchísimas cosas. Por cierto el tema de las losetas y tiles en los bosques, ¿tienes algún sistema? Es que no veo nada que.convenza.

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    1. Con las miniaturas me limito al género de fantasía, que de todos modos es lo que más juego. Si tuviera que empezar a reunir para ciencia ficción y otras cosas, probablemente tendría que optar por lo mismo que tú, las de papel y arreando. Creo que las únicas excepciones a día de hoy son las minis viejas que tengo de battlemechs y las de superhéroes de wizkids.

      Crooked Staff tiene cosas muy buenas, pero cuando lo descubrí ya estaba pasando de la escenografía en cartón a la que me voy haciendo yo mismo con poliestireno, cartón, maderas y demás. Pero para los edificios todavía sigo tirando de Fat Dragon, Dave Graffan y ocasionalmente también de Crooked Staff.

      Finalmente, para el tema de los bosques, cuando acumulé unas cuantas losetas de Fat Dragon Games lo que hice fue comprar algunos árboles de escenografía, de Noch creo que son. Con el tiempo fui añadiendo algunas cosas más (siempre buscando las opciones más económicas), pero de eso hablaré con más detalle en la segunda parte.

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  2. Yo empecé precisamente en esto hace cosa de 3 años. Hasta entonces había visto las minis desde lejos, algo caro que no me terminaba de encajar. No jugaba lo suficiente para darles uso. Tenía algunos peones de Pathfinder y poco más.

    Entonces compré una miniatura enorme de un dragón. Me encantaba y me imaginaba una historia para mis jugadores... y ese fue el inicio de una nueva adicción. Ahora llevo 3 años acumulando minis que estoy sacando a mis jugadores. Es un vicio caro. Y eso que no punto minis. Es el único punto en que que aún resisto.

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    1. Yo detesto profundamente el pintar las miniaturas. Y eso que es algo que no requiere de mucha habilidad para conseguir buenos resultados en no mucho tiempo. La curva de aprendizaje, hasta alcanzar cierto punto, es bastante fácil. Pero sí se necesita paciencia, y a mí se me llevan los demonios cuando pinto. Pero cuando termino me siento satisfecho de tenerlas coloridas, aunque sea básicamente a manchurrones.

      Y si que puede ser un vicio caro. Yo tiro por lo económico, pero ahora compro mucho menos que antes. Hace unos quince años sí era un buen momento, cuando las novedades de Reaper se distribuían y podías comprar las figuras de plástico y resina -que salían muy baratas, sobre todo los bichos grandes-, y también las de metal, que son estupendas. Reuní muchas de ambos tipos durante aquellos años. Pero la situación es muy diferente ahora.

      Lo que mencionas sobre imaginar la historia a partir de la figura del dragón me hace pensar en algo que observé hace tiempo. Generalmente se busca contar con las minis que permitan representar aquello que hará aparición durante la partida, pero se puede hacer a la inversa, basarse en las miniaturas disponibles para idear nuevas aventuras. Es una fuente de inspiración tan buena como cualquier otra.

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  3. Como contrapunto a lo que dices, ¿No te creas un railroad mental con destino a tus miniaturas y escenografía?

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    1. En absoluto. Es una fuente de inspiración que sirve para estimular la imaginación, igual que los libros que he leído o las películas que he visto. No soy tan vanidoso como para pensar que mis ideas surgen de la nada.

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    2. Creo que me explique mal; me referia si como master no acabas encarilando la aventura (consciente o incosciente) a situaciones/encuentros en los que puedas usar tu figuras y escenografia.

      Por cierto, GW es prohibitivo pero de vez en cuando en el mercado de 2 mano se pueden encontrar miniaturas a precios razonables - casi siempre procedentes de otros juegos de miniaturas en caja q al final son la unica fuente a precios razonables.

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    3. Bien, ahora que has aclarado tu cuestión... lo cierto es que no creo que haya diferencia alguna entre pensar "voy a forzar la situación para llegar al punto en que pueda poner estas minis sobre la mesa" y "voy a forzar la situación para llegar al punto en que pueda plantear esa escena tan guay, emotiva y cargada de lirismo que se me ha ocurrido". Quiero decir, tu pregunta es aplicable a cualquier elemento que vaya a formar parte de una partida.

      Pero para responder claramente a tu cuestión específica sobre mi forma de dirigir y emplear este tipo de recursos: ¿Creo situaciones en las que poder dar uso a estas cosas? por supuesto que sí. ¿Fuerzo a los jugadores hasta que se vean obligados a llegar a estas situaciones? Pues no, a estas alturas ya tengo las tablas suficientes como para no obligar a los jugadores a nada. Y si esquivan las situaciones que me permitirían hacer uso de miniaturas, pues no pasa nada. No pierdo de vista mis prioridades en una partida y, en cualquier caso, siempre habrá otra oportunidad en el futuro.

      Sobre Games Workshop, no solo es que sus miniaturas sean ridículamente caras, sino que tampoco me gusta el nivel de barroquismo que han llegado a alcanzar, con su multitud de pequeños detalles. Prefiero que sean más sencillas. De modo que aunque conservo muchas miniaturas de esta compañía, casi todas ellas representando a elfos, no creo que haya ninguna que tenga menos de veinticinco años.

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    4. Lo del barroquismo de gw, es una opinion que comparto. Yo creo que es consecuencia directa de sus elevados precios; aunque no pegue con el tema de la mini - en unas pocas si que lo hace- lo hacen para poder justificar sus precios.
      De todas maneras, yo no voy a comprar a ese precio, y lo que hago es comprar en egunda mano o lotes de segunda mano o juegos "por las minis"

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  4. Yo me posiciono en el grupo al que las miniaturas le sacan un poco de la partida. Me ha pasado que, cuando tengo un escenario montado con las figuras y algo de escenografía, me da la impresión de que las cosas ya no me están pasando a mí, sino a la figura que está en el tablero. Pero vamos, que os envidio a aquellos a los que no os sucede esto, y soy el primero que disfruta viendo dioramas o partidas de wargame. Simplemente, no es mi estilo :).
    Mis primeras (y casi únicas) figuras también fueron las de HeroQuest, un juego del que disfruté mucho, aunque en mi caso, llegara después de los propios juegos de rol.

    El experto en miniaturas de mi familia siempre ha sido mi hermano, que también se aficionó con el Warhammer. Él sí que tenía paciencia para pintar, y ha terminado haciéndolo muy bien. Yo es que no podía gastar mucho dinero en miniaturas, aunque fueran de plástico... ¡había que comprar muchos libros de rol! :D.

    Curiosamente, un battlemap de Pathfinder sí que he llegado a utilizar en mis partidas. En ocasiones (pocas) con miniaturas y las paredes de DungeonSpain que has mencionado; pero la mayor parte de las veces, simplemente para pintar en él con rotulador. Hubo una época en la que lo utilizaba mucho. Ahora he vuelto otra vez a mi afición primigenia de emborronar hojas con mapas de combate hechos de cualquier manera :D.

    Yo también he jugado con Josemasaga a su partida de Clásicos del Mazmorreo. ¿Puede incluso que jugáramos juntos? Sé que hemos compartido mesa en las LES, pero no recuerdo en qué partida :). Jose es un virtuoso de la escenografía, la verdad es que nos avergüenza a todos con sus despliegues xD.

    De Fat Dragon Games es posible que tenga algunos PDF para imprimir pueblos y mazmorras, comprados hace muuucho tiempo. Es una pena que ya no los comercialicen.

    Una entrada de lo más chula. Yo soy mucho más cutre cuando dirijo; ni miniaturas ni escenografía ni ná, todo hablar y hablar, y pintarrajear en hojas. Pero bueno, lo importante es divertirse, y al fin y al cabo, todos tenemos nuestros estilos particulares :).

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    1. Como menciono al principio, conozco a jugadores que opinan como tú al respecto del empleo de miniaturas, pero también a otros que sienten lo contrario, el uso de minis y escenografía les ayuda a sumergirse más en la historia. Los gustos de cada cual. No estoy seguro de si sencillamente el primer grupo es más numeroso, o si los otros tienen más reparos a la hora de expresar su parecer (que luego llueven piedras, ya se sabe).

      No utilizo miniaturas en todas las partidas que dirijo. También tengo mi taco de hojas para esbozar planos y mapas, y hablar mucho (no es que uno se calle por emplear las miniaturas, pero ya sé a lo que te refieres ;)).

      Coincidimos en una partida de Clásicos del Mazmorreo en las LES, sí, pero no fue esa la partida a la que me refiero, sino a otra anterior. Marineros del Mar sin Estrellas, era, y creo que tú también fuiste uno de los jugadores. Josemasaga me ofreció un puesto en la mesa, aunque yo no estuviese previamente apuntado, pero tuve que declinar su amable oferta porque ya había leído la aventura.

      Fat Dragon Games sigue comercializando sus pdf, lo que no hace es añadir más. Está totalmente volcada en los archivos para impresoras 3D, que para mí no es lo mismo (ni tampoco tengo una impresora de resina, todo sea dicho). Al menos ha dejado una cantidad ingente de material.

      No creo que se trate de establecer una escala en la que no utilizar ninguno de estos elementos resulte "cutre". Mientras todos se encuentren satisfechos con el modo en que se juega, se está haciendo bien, ya sea convirtiendo la mesa en una especie de belén raro o limitándose a eso que algunos llaman "el ojo de la mente". Y todo lo que hay entremedias.

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  5. ¡Qué entrada más maravillosa! No lo digo por interés personal, ¿eh? XD
    Siempre he admitido abiertamente que lo mío con la escenografía y las ayudas de juego es pura enfermedad que raya con el horror vacui, y en mi caso, lo peor de todo es que una vez abrí esa puerta ya no hay manera de cerrarla.
    Yo soy de los que al final se pasó a la impresión 3d, que no solo te permite crear edificios y mazmorras, sino que además supone la posibilidad de imprimir objetos, tokens, etc.
    ¡Un saludo, muchas gracias por el artículo!

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    1. Je, muchas gracias, muy amable de tu parte. En quienes no les gusta esto de la escenografía suele surgir la impresión de que hacer empleo de estos recursos pervierte de algún modo el juego, convirtiéndolo en otra cosa, un wargame de miniaturas o algo así. Pero para aquellos a quienes nos gusta su empleo es una forma de realzar estéticamente el juego. De volverlo más "real" y ayudar en la inmersión. Supongo que al final ya depende de los gustos de cada uno. Es como utilizar música en una partida, algo que también suelo hacer. A algunos les gusta, para otros les es indiferente y habrá quien lo deteste (no entre mis jugadores, por suerte).

      Recuerdo haber jugado alguna partida tuya de Máscaras del Imperio, en la que en la mesa había la reproducción de una daga de la época y, creo recordar, la de una pistola de chispa. Así que no es necesario que insistas en lo mucho que te gusta emplear ayudas de juego y atrezzo :). En cada partida tuya que he visto en las LES me ha impresionado el despliegue realizado.

      Sobre la impresión 3D, hace algunos años me hice con una impresora de filamento, pero no le he dado demasiado uso (y tampoco es la más adecuada para hacer estas cosas), y por lo general prefiero hacer estas cosas por mí mismo. Me fastidia bastante cuando encuentro videotutoriales en los que explican como, por ejemplo, hacer una puerta o lo que sea, y el primer paso es "imprimimos la puerta (o lo que sea) en 3D". Después de eso ya no suelo enterarme de cuál es el segundo paso porque cierro el video. Pero tampoco es que sea contrario a su empleo, creo que resulta útil y permite a un aficionado disponer de muchas cosas que antes no habría sido posible sin un desembolso muy considerable.

      Gracias de nuevo. Un saludo.

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