▼

Portal de los Mundos, el fanzine

▼

Otros documentos descargables

▼

sábado, 10 de octubre de 2026

Los viajes del Faro Errante (Sesión 13ª)

 Esta sesión la jugamos la última semana de julio. Ya habíamos decidido parar las partidas durante agosto y, de hecho, si llego a ser consciente del calor que haría durante julio, habría ampliado el parón rolero este otro mes. En realidad tuvimos que cancelar en alguna ocasión que coincidía con las olas de calor extremo que nos azotaron aquellos días. Veremos cómo va la cosa el verano próximo, que no creo que vaya a ser más frío que el pasado.

Por esta razón lo único que estuvimos haciendo aquí fue ir atando algunos cabos y dejándolo todo listo para cuando retomáramos la campaña. Se hizo algo de contabilidad, se especificaron algunas actividades a realizar entre aventuras (eso que algunos llaman downtime) y al final todo quedó listo para el momento en que continuáramos con la siguiente sesión. Una sesión muy tranquila.



***

Al registrar a Godra, le encuentran encima una bolsa llena de monedas de oro, pero con una acuñación diferente a la de las monedas kumazoltanas. En el anverso muestran el ya familiar símbolo del tridente formado por los cuellos y cabezas de tres dragones.

Después de ver como su hermano se balanceó al borde de la muerte, Francesco no está como para tomárselo con calma. Propina un fuerte bofetón a Godra que casi le hace caer al suelo. Luego lo sujeta del cuello de la túnica amenazándole con algo mucho peor mientras Glissando comienza a jugar con un cuchillo y el correo real observa, claramente sin intención de poner fin a la violencia contra Godra. Y aunque resulta evidente que el encargado de la casa de visitantes tiene miedo de aquellos a quienes le exigen delatar, pero el temor que le causan los forasteros es más inmediato y urgente. Así que comienza a hablar.

Quienes le están pagando son aurilaxianos. Le ofrecieron grandes cantidades de oro a cambio de realizar algunos trabajos para ellos. Dichos encargos consistirían, en ocasiones en asesinar a ciertos individuos señalados. Otras veces sólo tendría que drogarles para apresarlos. A estos últimos les retendría hasta que algunos aurilaxianos se presentaran para llevárselos consigo, aunque más a menudo era el propio Godra quien los transportaba hasta un punto señalado a dos jornadas de viaje con su carro. No sabe dónde se puede encontrar s los aurilaxianos, pero no deben de estar demasiado lejos del punto de entrega de los secuestrados.

Tras hacer todo lo que está en su mano para asegurarse de que Godra no sabe nada más, Glissando y Francesco registran sus aposentos. Encima de una de las vigas que hay en el techo encuentran que hay otra bolsa con monedas, de menor valor y mucho más pesada que la que contiene el oro aurilaxiano. Pero se la quedan igualmente. Pasan el resto de la noche descansando, mientras se turnan para cuidar de Salvatore y mantenerse alertas por si alguien más llegara buscando problemas. No es el caso, y así llega la mañana.

Después de discutir sobre lo que pueden hacer en su situación, deciden que lo mejor será regresar a Kos-Uru llevando consigo a Salvatore, pues no hay forma de administrarle los cuidados que necesita en la aldea. Además, también llevarán consigo a Godra y su esposa y cómplice Lagaena, además de las dos esclavas de las cocinas, a quienes prometieron la libertad a cambio de su ayuda. Para poder realizar el viaje van a necesitar un medio de transporte. Afortunadamente el encargado tiene un carromato y unos bueyes para tirar del mismo, del que se apoderan. Acomodan a Salvatore lo mejor que pueden y maniatan a los dos prisioneros.

Pero cuando van a salir se encuentran con un problema. En la aldea ha corrido la voz de que los forasteros han apresado a Godra y a su esposa después de robarles, así que una pequeña multitud de vecinos, armados con lo que tienen a mano, se ha reunido en la entrada de la casa de visitantes. El ambiente está muy tenso. Francesco está preocupado por la posibilidad de tener que enfrentarse a esas gentes y lo que podría suceder en tal caso, además de que su hermano estaría en medio de la refriega. Orabella está dispuesta a defender a Salvatore sin importar las consecuencias, pero los demás no están tan dispuestos a recurrir a la violencia.

Finalmente, es gracias a Glissando y el correo real que la situación se resuelve sin derramamiento de sangre. El juglar se encarama en lo alto del carro y desde ahí comienza a hablar en su ya no tan vacilante atalotano a la muchedumbre. Con la ayuda de la autoridad que exhibe el oficial, las palabras de Glissando convencen lo suficiente a los reunidos para que, aunque a regañadientes, se aparten y permitan el paso del carromato. Todos respiran aliviados cuando se encuentran lo bastante lejos de la aldea.

El viaje de regreso es lento, tanto por el carromato como por la necesidad de evitar, en la medida de lo posible, traqueteos innecesarios que pudieran empeorar el estado de Salvatore. De modo que es noche cerrada cuando alcanzan las puertas de la ciudad. Pueden entrar solo gracias a la presencia del oficial, quien les hace dirigirse hasta el palacio real antes de hacer otra cosa. Allí se despide de ellos, aunque está seguro de que serán convocados en breve para hablar con Yescórides. Los dos prisioneros también se quedan allí bajo la custodia de los guardias.

El grupo se pone en marcha hasta el puerto, donde suben a bordo a Salvatore. Sovrana comienza de inmediato a limpiar la herida y al cabo de un rato dice que, aunque chapucero, el trabajo de Glissando sin duda salvó la vida de su amigo. Ahora solo queda aguardar a que sus heridas se recuperen lo suficiente como para poder atenderlas con sus oraciones.

Tal y como esperaban, al día siguiente son convocados a la presencia de Yescórides, Sumo Sacerdote de Atmunra. Para entonces, los Corso y Glissando son ya conscientes de que es él, y no el Rey Sagrado Neudra, quien gobierna realmente en Kos-Uru, dejando a un lado el sometimiento de Kuma Zolta a los aurilaxianos. Reunidos en el mismo lugar en el que les encargó la tarea, Francesco y Glissando explican todo lo sucedido. 

Yescórides les agradece la labor realizada, aunque lamenta que no hubiesen seguido la pista de los aurilaxianos, o al menos que hubiesen sido más discretos con su regreso a Kos-Uru, puesto que la noticia de la captura de Godra no tardará en llegar, si es que no ha ocurrido ya, a quienes le encargaban los secuestros y asesinatos. Y sin duda estos cambiarán de escondite en cuanto se enteren. Francesco calla su respuesta, pues a él nada de eso podría importarle menos, estando en juego la vida de su hermano. Yescórides les despide tras encargar a uno de sus acólitos el pago de una recompensa por lo que han hecho.

De regreso en el Faro Errante, el grupo examina sus alternativas. Deberán descansar un par de semanas, hasta que Salvatore se haya recuperado. ¿Y después qué? El invierno se les echa encima, sería muy imprudente hacerse a la mar antes de la llegada de la primavera. Francesco trata de buscar algún mercader que necesite un barco para mover sus mercancías, pero siendo ya finales de otoño, casi todos los comerciantes han resuelto ya sus negocios de la temporada. La vida se vuelve más lenta durante el invierno. Se resignan a invernar en Kos-Uru, pues al menos han reunido fondos más que suficientes para sufragar los gastos de barco y tripulación durante la estación. 

A las dos mujeres que han "emancipado" (ilegalmente, pues se las considera propiedad estatal y se las han llevado sin permiso) les ofrecen un puesto a bordo del Faro Errante. Ambas trabajaban en las cocinas del Nudo Antiguo, y tienen habilidad en ello, así que se les ofrece ese mismo puesto, remunerado, a bordo del barco. Además, la tripulación agradecerá contar con profesionales a la hora de preparar su rancho. Pero Taideo advierte a los Corso que la inclusión de las dos cocineras en la tripulación acarreará disgustos. Orabella y Larinera dejan claro entre los tripulantes que castrarán personalmente a cualquiera que intente algo con las nuevas tripulantes.

Cuando las heridas de Salvatore se han restablecido lo suficiente, Sovrana termina de restañarlas con sus oraciones a Agior. Está ya recuperado cuando reciben la visita de Goas, quien ha venido para despedirse; por lo visto, desde hace algún tiempo se han venido denunciando desapariciones en la costa suroeste de Kuma Zolta, tanto en pequeños asentamientos costeros como entre las embarcaciones pesqueras que faenan aquellas aguas. Los miembros de la tripulación recuerdan que ya se hablaba de ello cuando navegaron hasta Ombrak, y que incluso se levantaron algunas acusaciones contra ellos. El caso es que el número de desaparecidos ha aumentado, y Goas ha recibido el encargo de navegar hasta allí con su birreme y descubrir lo que está ocurriendo. Es peligroso navegar tan cerca del invierno, pero como no esperan alejarse mucho de la costa kumazoltana el riesgo resulta asumible. Después de hablar un rato compartiendo unas copas de vino con los forasteros, Goas se marcha. Transcurren los días y el otoño deja paso al invierno. 

Salvatore sigue en su empeño de encontrar alguna mercancía cuyo comercio pudiera reportarle grandes beneficios de regreso en Eiralis. Habla con cualquier comerciante y artesano que quiera compartir unas palabras con él, afanado en su objetivo.

La tensión entre Francesco y Larinera finalmente estalla y ambos comienzan una relación romántica que les mantiene ocupados durante la mayor parte del invierno.

Glissando, por su parte, se dedica a visitar todas las tabernas de la ciudad, fabricando una viola de arco, aprendiendo la música kumazoltana y realizando actuaciones entre comida y, sobre todo, mucha bebida. Por las mañanas se suele despertar acompañado, en ocasiones una mujer, en ocasiones con un hombre, a veces con uno de cada.

Y así pasa el tiempo, hasta que el frío comienza a retroceder, y las aguas se muestran menos encrespadas. Como en muchas otras partes, los kumazoltanos celebran el final del año y la llegada del siguiente en el equinoccio. Hay unos días de fiestas religiosas, con procesiones y sacrificios realizados en honor de los dioses. A bordo del Faro Errante, Sovrana oficia los ritos agioritas frente a la mayoría de la tripulación. Quienes practican religiones diferentes, como los dos marineros darcíes, celebran la llegada del nuevo año a su manera.

Comienza entonces el nuevo año, y poco a poco la vida va reactivándose. Comienza la siembra de los campos, y los mercaderes vuelven a su actividad. En el Faro Errante se discute acerca qué hacer a continuación. ¿Explorar el archipiélago, seguir con la búsqueda de mercancías que serían muy valiosas en Altoranova, o algo diferente? No han alcanzado ninguna decisión cuando Canjar les cuenta que no hay noticias del barco de Goas. Parece que llegó hasta Ombrak, y se hizo a la mar de nuevo poco después. No se sabe nada de su paradero posterior.

Preocupados por su amigo, los hermanos Corso y Glissando deciden que zarparán en su busca. Primero navegarán de nuevo hasta Ombrak. Taideo comienza a poner en firme a la tripulación para que pongan a punto al Faro Errante para esta nueva travesía.

***



Y así quedó la cosa hasta septiembre, cuando volvimos con esto. Creo que se quedó en un buen momento, no en un cliffhanger, sino en la promesa de una nueva aventura, que me parece más apropiada para una espera de varias semanas. Por estas fechas más o menos también llegó el final de la campaña de GURPS que estuvimos jugando durante casi dos años, ambientada en Banestorm.

Agosto, por cierto, no estuvo desprovisto de partidas, aunque no mías, que preferí dejar la pantalla hasta que llegase el momento de regresar al Faro Errante. Así que ahí estuve, en el Sartar libre con mi PJ humakti en RuneQuest, y explorando el bosque Dakovar en Symbaroum. Siempre que se pudiese quedar en algún lugar con aire acondicionado, por supuesto.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Monstruos ibéricos, de Javier Prado

 Llevaba tiempo interesado en este libro, pero cuando descubrí su existencia la edición que podía encontrarse parecía no compartir los mismos valores de producción que la original, así que lo fui dejando pasar hasta que, hace unos meses, me enteré de una nueva edición, la cuarta ya, que ahora sí, tenía muy buen aspecto. Y me hice con ella.

Hasta hace muy pocas generaciones resultaba habitual que los padres recurriesen, a modo de herramienta para la educación infantil, a las advertencias y amenazas a los niños. Estas eran relativas a la aparición de ciertos seres que, atraídos por la presencia de niños que no hubiesen respetado las normas impuestas, se los llevarían para castigarlos de las formas más crueles e imaginativas posibles. O simplemente para devorarlos. "Lávate bien las manos, o vendrá el Cortador y te las cortará con su cuchillo de carnicero", "No te acerques a la orilla del río, o el Barquero del Colmillo te atrapará y te chupará la sangre", "Cómetelo todo en Navidad, o la Viejanera vendrá a destriparte con su pincho". En fin, formas de aleccionar a los infantes para que sigan las instrucciones de sus padres, y también para que se mantengan apartados de lugares que pueden ser peligrosos para ellos.

El sevillano Javier Prado, autor de este Monstruos Ibéricos: Ogros y asustaniños españoles (Editorial Maldragón, 2021), comenzó hace años una recopilación de este tipo de criaturas de leyenda que se reparten por toda la geografía española. Al principio parece que lo hacía mediante una serie de presentaciones en alguna red social, pero al cabo las recopiló en forma de libro, el que ocupa estas líneas. No solo explica las criaturas en cuestión -además de algunas variantes de las mismas-, sino que también ilustra cada uno de estos seres de una forma que encuentro absolutamente apropiada, a mitad de camino entre el cuento infantil y el relato de terror.

La exposición de estos monstruos se estructura por su temática antes que por su ámbito geográfico (aunque esto también se indica en cada entrada). Así que tenemos Devoradores y Tragones, Sádicos y Explícitos, Terrores Nocturnos, Chupasangres y Vampiros, Secuestradores, Asustaniños Acuáticos, Gigantes y Elementales, Ensabanados, Asustaniños Festivos, Asustaniños Navideños, Asustaniños Históricos y Animales y Bestias.

Algunos de los seres son de sobra conocidos, como el Hombre del Saco, el Sacamantecas o el Tío Camuñas. Otros quedan más limitados a una región o incluso localidad concreta. En cada entrada se emplea una página para el texto, describiendo las características de la entidad en cuestión, su comportamiento, aspecto y demás, junto con algunas notas sobre el posible origen de algunas de estas leyendas y, como ya mencionaba antes, variaciones de la misma criatura que encontramos en otras partes. Son textos amenos, divulgativos, de toma de contacto con el tema y poco más. Pero muy útiles para comenzar antes de continuar con otros textos que profundicen más en este mundo del folklore sobrenatural.

Adyacente a la página de texto se encuentra la ilustración a página completa. En blanco y negro, aparentemente sencilla, pero muy evocadora. En términos de juegos de rol, son ilustraciones que encontraría de lo más apropiado dentro de algún bestiario de juegos OSR. O al menos es a lo que más me recordó. Desde luego, las aplicaciones que este bestiario puede tener en más de una campaña rolera son indiscutibles (y de paso serviría para introducir cierta variedad en los bichos habituales con los que se encuentran los PJ). Vamos, que puede aportar nuevas criaturas incluso a una campaña de Aquelarre.

Es de lectura breve, poco menos de doscientas páginas que se acaban pronto. Pero muy interesantes por lo que cuentan, y muy agradables de contemplar -bueno, teniendo en cuenta que se trata de monstruos comeniños y eso- con todas esas ilustraciones. Se incluye una útil bibliografía al final con la que poder seguir adelante si así se desea. Y es encomiable el esfuerzo que se realiza en recopilar estas leyendas, muchas de ellas de tradición estrictamente oral, que se están perdiendo -sustituidas por otras, eso sí, provenientes del cine e internet- pero que merecen ser registradas de alguna forma antes de su completa desaparición.

El autor, en colaboración con Clara Dies Valls, tiene otro libro, acaso más ambicioso en su ejecución, Breve viaje por la España de las brujas (Sugaar, 2024), que ahora que he leído este Monstruos Ibéricos, me está tentando. Ya veré.

sábado, 3 de octubre de 2026

Los viajes del Faro Errante (Sesión 12ª)

Esta fue una sesión bastante intensa, en la que se rozó la tragedia en algún momento. Personalmente me gustan bastante las situaciones en las que los jugadores tienen que tirar de ingenio e improvisación para salir con bien de algún apuro, en lugar de buscar la solución con un repaso a su equipo, magia o capacidades especiales. Claro que hay que ser justos a la hora de meterles en estos embrollos, que tengan una oportunidad razonable de hacerse con la victoria. Creo que se las apañaron bastante bien en esta ocasión. Aunque al final la cosa se puso realmente peliaguda. 


***

Poco a poco van despertando, con la cabeza embotada y un espantoso sabor de boca. Están sumidos en una oscuridad casi completa, con solo un leve resplandor asomando más allá del umbral del lugar en el que se encuentran. Que resulta ser algún tipo de caverna, resuelven. Están en el suelo, pegados a las paredes, con unos grilletes sujetando sus muñecas, unidos a unas cadenas que, tras una anilla, se unen a otra cadena mayor que les une a todos. Probablemente una a través de la cual se pueda tirar para alzar los grilletes e inmovilizar a los prisioneros, brazos en alto y pegados a la pared. Por supuesto, han sido desprovistos de todas sus posesiones.

Francesco comienza a dar tirones de las cadenas, y con el ruido que hace consigue llamar la atención de su carcelero, quien se presenta en la entrada, con una lucerna de aceite en una mano y un látigo en la otra. Cuando el capitán del Faro Errante no se amilana ante las amenazas, el carcelero le propina un latigazo. Después lanza una mirada muy desagradable a Orabella y Larimera, pasándose la lengua por los labios de forma repulsiva. Con la promesa de una próxima visita se retira.

No deberíais provocarle, dice una voz. Descubren entonces que no están solos en la caverna. Un hombre se encuentra prisionero junto a ellos. Sospechando su identidad, comienzan a preguntarle si se trata del correo real desaparecido, aunque el hombre se cierra en un mutismo absoluto hasta que Glissando recuerda la clave facilitada por Yescórides. El desconocido reacciona ante la clave y da la respuesta apropiada. Hemos venido a buscarte, le explican entonces. A ver qué te había pasado y por si necesitabas ayuda. Somos la partida de rescate.

El correo explica que estaba recorriendo la zona en busca de la razón de algunas desapariciones ocurridas a lo largo del camino entre Kos-Uru y Zul-Gantu. Desapariciones de individuos que podrían tener implicaciones políticas. No esperaba, sin embargo, que esto ocurriese tan cerca de la ciudad. Reconoce haberse descuidado al estar tan cerca del inicio del camino. Al igual que con los tripulantes del Faro Errante, fue drogado y despertó en esta celda.

Comienzan entonces, entre susurros, a discutir un plan que les permita liberarse. El extremo de la cadena principal está enganchado a un clavo, desde donde el carcelero la podría extraer para tirar e inmovilizarlos a todos contra la pared. Las anillas por las que pasa forman secciones que impiden que puedan sumar fuerzas para tirar todos de la cadena, pero Glissando identifica el punto desde el que es más fácil ejercer fuerza contra los eslabones. Quizá, si alguien tira con fuerza ahí justo cuando el carcelero desenganche el extremo de la cadena, podría arrebatársela de las manos, explica a sus compañeros.

Así que, con algo parecido a un plan, comienzan a llamar a gritos al carcelero, llamándole todo tipo de cosas -los insultos de Orabella y Larinera, además de los de Glissando, son particularmente punzantes-, quien llega furioso y con el látigo en la mano. Cuando se dispone primero a tirar de la cadena para sujetar a los prisioneros y así poder castigarles a placer mientras están totalmente indefensos, Francesco hace su movimiento. Tensando sus músculos -que no son nada pequeños- para enfrentarlos al mecanismo de poleas de la cadena, el capitán tira con todas sus fuerzas, y consigue hacer saltar la cadena de las manos al sorprendido carcelero. De inmediato, todos comienzan a tirar de la cadena para hacerla pasar por las anillas e ir así quedando libre. El carcelero, alarmado, se aleja corriendo de la caverna.

Pronto todos se encuentran libres de la cadena principal, aunque todavía sujetos por los eslabones que unen sus muñecas. Sujetando las cadenas que penden de sus grilletes y dificultan sus movimientos, comienzan a salir por el corto túnel por el que salió su captor. Encuentran una sala casi tan maloliente como la que ellos ocupaban, en la que el carcelero debía de pasar el tiempo. En un clavo en la pared hay un manojo de llaves. Salvatore lo toma y se lo lanza a Orabella, quien comienza a abrir los grilletes de los cautivos, mientras los dos hermanos Corso se mantienen a la cabeza, después de haber hecho pedazos una silla para improvisar unos garrotes.

Resuenan ladridos, entonces. Ensordecedores por el lugar y por el tamaño de los inmensos perros que se les abalanzan encima, por delante del carcelero. Francesco se enzarza con uno, aunque el peso del animal que le salta encima le hace caer al suelo, sangrando por el costado, allá donde las fauces del perro le han mordido, casi partiendo varias costillas. Salvatore tiene más suerte interponiendo su arma improvisada, que casi queda partida por la mitad por las poderosas mandíbulas del animal que le ataca. Mientras, Glissando utiliza uno de sus trucos mágicos para asustar al carcelero, quien queda paralizado por el terror, y después trata de romper los caballetes de la mesa de la sala de guardia para preparar más armas, y Orabella va soltando a los demás prisioneros.

Francesco aferra las fauces babeantes del perro mientras le golpea con su estaca. Consigue quitárselo de encima y ponerse en pie mientras Salvatore se debate con el otro animal. La situación se va poniendo desesperada pero comienza a mejorar cuando Orabella y el correo real se unen a la refriega, armados con más estacas proporcionadas por Glissando. Al fin, a pesar de algunas mordeduras, los dos perros terminan en el suelo con varios huesos rotos a garrotazos. Los rematan con algunos golpes más, para poner fin a su agonía.

El carcelero, aunque libre ya de los efectos de la magia de Glissando, ve a los animales derrotados, así que da media vuelta y comienza a huir, pero Salvatore le alcanza antes de que de más que unos pocos pasos. El piloto del barco salta y derriba a quien esperaba torturarles. El carcelero se rinde acobardado.

Enseguida le llevan a la misma caverna en la que estaban sujetos, y con uno de sus grilletes le encadenan a una anilla. Tras un breve interrogatorio descubren algunas cosas: la caverna se encuentra bajo el establecimiento. Godra es el jefe, y todo el personal del lugar está implicado. Trabaja para otros a quien el carcelero no conoce, pero sabe que pagan en oro y que Godra les tiene miedo. Ellos señalan a quienes deben capturar, pero en otras ocasiones, como con el grupo de forasteros, es el propio encargado el que decide capturarles. A veces alguien viene a recoger a los prisioneros de noche, otras veces es Godra quien se los lleva en un carro, dentro de unos toneles, volviendo solo tras dos ó tres días. Después de oír esto,  Orabella le parte la nariz y le salta varios dientes de un garrotazo, mientras que Glissando, tomando la maza que el carcelero portaba al cinto, la utiliza para romperle una rodilla.  Lo dejan ahí, aullando de dolor.

Al final del túnel en el que se encontraban los perros hay una bodega. Allí hay unas escaleras que suben hasta una trampilla. Salvatore la levanta con cuidado, ocultando la lucerna con la que se iluminan. El olor que recibe a ingredientes le hace pensar, correctamente, que está en la cocina. También oye el sonido de respiración suave de alguien probablemente dormido. Alumbrando con la linterna descubre a las dos esclavas de Godra tendidas en el suelo sobre una manta, durmiendo en el mismo lugar en el que trabajan. Saliendo silenciosamente, Salvatore despierta suavemente a una de las mujeres, tapándole la boca con la mano. Glissando, que es muy hábil tratando a la gente, consigue calmar a la mujer, explicándole que van a liberarlas, pero que antes ella -su compañera sigue dormida- debe responder a algunas preguntas. La mujer asiente con la cabeza.

Poco después ya saben que Godra y su esposa Lagaena duermen en la segunda planta del edificio, a la que se accede por una escalera desde el exterior. Que dos matones montan guardia fuera y otro duerme junto a la puerta de los aposentos del matrimonio.

El grupo complementa su armamento con algunos utensilios de cocina. Salvatore, Glissando y Larinera, más sigilosos, se adelantan. Los dos centinelas no están haciendo un trabajo muy profesional, así que no tienen muchas dificultades en evitar ser detectados y comenzar a subir por las escaleras. Allí encuentran la puerta que da acceso a la segunda planta, cerrada con llave. Glissando mira interrogativamente a Larinera, quien con expresión de fastidio por la intuición del juglar para adivinar sus habilidades, comienza a trabajar en la cerradura con algunos objetos improvisados. Pronto la puerta está abierta.

Dando la señal acordada, Francesco, Orabella y el correo salen a la carrera contra los desprevenidos centinelas, mientras el resto irrumpe en los aposentos, encontrando al último de los matones levantándose con una espada corta en la mano. Salvatore se adelanta con un cuchillo de cocina, ambos intercambian algunos golpes pero entonces el esbirro de Godra logra conectar un tajo en el cuello de Salvatore, quien cae al suelo con la sangre saliendo a enormes chorros que siguen el ritmo de sus latidos. Larinera y Glissando, ninguno de los dos parecen ser combatientes especialmente hábiles, mantienen a raya al esbirro el tiempo suficiente para que Francesco y Orabella, que con la sorpresa no han tenido apenas problemas en reducir a los otros dos guardias, suban a la planta superior. El capitán del Faro Errante derrota con facilidad al hombre que ha herido, acaso mortalmente, a su hermano.

La tez de Salvatore se va poniendo cada vez más pálida mientras la sangre escapa por entre los dedos de Glissando, quien trata de atajar la hemorragia con un hierro candente que ha encontrado en un brasero. Orabella, con los ojos bañados en lágrimas, sujeta y acuna la cabeza de Salvatore, susurrándole con suavidad algunas palabras mientras el juglar hace su trabajo. La sala se llena con el olor de la carne quemada.

Francesco, furioso, abre de una patada la puerta de la habitación de Godra. Encuentra ahí que su captor está intentando escapar por una ventana, descendiendo por una cuerda de nudos por la que su esposa Lagaena ya casi ha bajado. En dos zancadas Francesco alcanza y retiene al posadero, conteniendo el impulso de aplastar su cráneo contra la pared. Larinera, con agilidad felina, salta por la ventana y baja rápidamente por la cuerda. No tarda en regresar, trayendo consigo a la esposa de Godra a punta de cuchillo.

La respiración de Salvatore se va volviendo más débil, la sangre, que cubre el suelo a su alrededor de forma espantosa, mana cada vez con menos fuerza. Usando el tizón candente del brasero de Godra, Glissando termina de cauterizar la herida mientras Orabella no deja de susurrar a su amado para que resista y no se deje ir. 

Finalmente, Salvatore abre los ojos débilmente. Se encuentra muy maltrecho por la pérdida de sangre, pero sigue con vida. Francesco se deja caer de rodillas en el suelo por la emoción, mientras Glissando estalla en carcajadas de alegría, y Orabella baña en lágrimas el rostro de Salvatore. Incluso Larinera, quien normalmente muestra frialdad, parece emocionada por el desenlace.

Después de acomodar a Salvatore, que queda bajo el cuidado de Orabella, el resto de acerca a Godra, a quien mantienen sentado en una silla. Es hora, piensan, de obtener algunas respuestas.

***


Utilizar el efecto de combate Desangrar es una putada para los PJ, sobre todo cuando no tienen acceso inmediato a magia curativa ni sus habilidades como sanadores son muy allá que digamos. Una vez comienza la hemorragia, en estas condiciones la superviviencia del personaje depende de una tirada de dados. No recurro mucho a este tipo de efectos, pero de vez en cuando me gusta recordar que las cosas no tienen por qué ser fáciles. Además, el uso moderado añade bastante emoción.

Glissando tenía algo así como 32% en Primeros Auxilios, a lo que se sumaba el 15% proveniente de la Pasión Amor (Salvatore) de Orabella (basándome en escenas de este tipo que se puede encontrar en algo así como medio millón de películas). De modo que el porcentaje final con el que se determinaría la superviviencia de Salvatore era 47%. No es un porcentaje terrible pero dista de dar tranquilidad al jugador. No quedaba ni un Punto de Suerte en todo el grupo.

Los dados rodaron... y salió un 46.

Júbilo y alborozo en la mesa. Soy consciente, por si alguien está pensando en señalarlo, que la fría estadística dice que es lo mismo que saliese 46 que 12, que el porcentaje es el mismo y no significa nada en sí mismo. Pero si hay algo que mantengo desde hace años sobre los juegos de rol es que la percepción que se tiene del sistema es, como mínimo, tan importante como la realidad de las matemáticas subyacentes del mismo. Es decir, que al salir 46 todos sentimos que el éxito se había conseguido in extremis. Y se celebró en consecuencia. Creo que esta fue una de esas ocasiones que todos los participantes retendrán en la memoria durante mucho tiempo. Una de sus -nuestras- batallitas roleras.